Robert Kennedy Jr., autor de un libro sobre Anthony Fauci, el "zar" (!) antivirus en Estados Unidos durante la crisis de la Covid 19, será secretario de Salud y Servicios Humanos del presidente estadounidense electo Donald J. Trump- Kennedy Jr. no gusta a muchos, aunque hay líneas para mostrar que lo suyo no es la "teoría de la conspiración".
Fauci estuvo ligado a la aprobación y difusión del AZT, un medicamento brutal para pacientes con HIV (Síndrome de Inmunodeficiencia adquirida). Ahora es distinto, ya que existen otros medicamentos. Pero nunca fue un secreto que el AZT era algo muy duro, como suelen ser tratamientos para el cáncer, que debilitan el sistema inmunológico. Es por ello que, contra el mismo cáncer, la medicina cubana, internacionalmente reconocida en varias enfermedades, busca como complemento proteger el sistema inmunológico, y suele funcionar. Lo que ocurrió con el AZT, colocado en el mercado a partir de 1987, para pacientes con HIV, con frecuencia antes mismo de que desarrollaran el SIDA (Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida), es lo que, sin ser secreto tampoco, pasa a pacientes con ciertos cánceres: mueren debilitados por el tratamiento mismo. En la investigación ardua de Kennedy Jr., es citado un hombre clave, el científico francés Luc Montagnier, premio Nobel en 1984 justamente por haber descubierto el virus HIV. En una conferencia internacional en San Francisco en 1990, Montagnier afirmó que el HIV era un "virus benigno". Otra cosa estaba causando el SIDA, o en todo caso las enfermedades asociadas, como el Síndrome de Kaposi: el uso de drogas, la proverbial promiscuidad sexual y, tal vez, algún debilitamiento proveniente del uso reiterado de antibióticos. Montagnier estuvo lejos de ser el único en sugerir que el VIH no era la causa del SIDA y, como ya se dijo, en todo caso de las enfermedades asociadas: varios de los más distinguidos virólogos e inmunólogos del mundo llegaron a conclusiones similares. Fauci empujó en la dirección contraria, en medio de la multiplicación de casos de HIV sin SIDA o de SIDA sin HIV. Se trataba de seguir recibiendo dinero para investigación que pusiera en el mercado medicamentos de riesgo, como el AZT, de precio muy elevado. Para lo anterior se presentó como "evidencia" lo que según Montagnier y muchos otros no lo era, que "el HIV causa SIDA", de paso dejando en el mundo subterráneo, submundo, las prácticas de una parte de la comunidad homosexual con la extrema promiscuidad de antros y la droga de los poppers. Suficiente para tirar abajo el sistema inmunológico, sin que sea secreto que es algo que facilita enfermedades. Era necesario que la investigación estadounidense siguiera recibiendo fondos, incluidos para los investigadores, y se relegó así la idea de que no hay relación directa de causa a efecto entre el HIV y el SIDA, silenciándose de paso lo nocivo de ciertas prácticas sexuales. Fauci estaba a la cabeza de quienes "jalaban" subsidios para "la causa" que, desde luego, aparecía como la del bien. Como parte de otras investigaciones, independientes, se demostró por ejemplo que había mujeres que podían vivir décadas con HIV (por ejemplo, en algunas zonas rurales estadounidenses) sin enfermarse de SIDA. Como lo prueba el portal unz, se trata cuando menos de un asunto que, como la mayoría de los de la ciencia, no es muy "evidente" y sí en cambio controvertido.
El problema a estas alturas fuera secundario si...Fauci no fuera la misma persona que encabezó en Estados Unidos el combate contra la Covid 19 del SARS-Cov-2. No termina aquí, puesto que el mismo descubridor del HIV, Luc Montagnier, hoy fallecido, investigó el nuevo coronavirus (el SARS-Cov-2): como conocedor del tema que era, Montagnier afirmó haber encontrado HIV en la secuencia del virus. A juicio del premio Nobel, esto no era algo que pudiera salir de la naturaleza, por lo que Montagnier concluyó que era un virus creado en laboratorio. Y cayó en el relegamiento con todo y su investigación, aunque, que se sepa, nadie la desmintió. Fauci tenía otros intereses. Pero quedó que, en realidad, no se terminó de esclarecer el origen del coronavirus: porque, si acaso se hubiera escapado, así fuera por error (no se trata justamente de "conspiraciones": no es el punto), de un laboratorio en Wuhan, China, el laboratorio era compartido por chinos y estadounidenses...gente de Fauci. Como no se trata de "conspiración", tampoco de promoción de las curas con hierbas del sudafricano Thabo Mbeki contra el SIDA, sino de entender por lo menos que muchas cosas quedaron a oscuras con la Covid 19, y como "evidencias"" algunas vacunas con riesgos ya probados, aunque no se difunda mucho lo que ocurre. Flaco favor suele hacerle el sistema a quienes creen que es "el único" y en el síndrome TINA (there is no alternative). Tampoco es "conspiración" afirmar que es un sistema al que le gusta mucho el negocio, y que por lo demás, lo pregona a los cuatro vientos; simplemente sucede que no se ve por qué algunos médicos no tuvieran también pasión por el negocio, que siempre se hará pasar por un "bien": si no hubiera recursos, no se habría utilizado el AZT o no se habría recurrido a las vacunas Pfizer, Moderna y Astra Zeneca. Cuestión del bien entendido como "intereses": interés en curar y en ser curado, así no quede más que un "ni modo" cínico cuando lo que es experimento (del AZT a las vacunas ARNm) termina mal para quien no se informa o no tiene cómo informarse. (da click en el botón de reproducción)
Si hubiera debate en lo que algunos han llamado "la conversación pública", se contrastarían argumentos incluso contradictorios, en vez de esa "tolerancia" en la que cada uno se evita la menor confrontación porque se prefiere la "operación relaciones públicas"". De este modo, por ejemplo, se debe "tolerar" la homosexualidad "porque así debe ser", y el menor "pero" es "represión", con el agravante del servicio que brinda la psicología: el represor seguramente tiene "algo en el clóset" y no "lo saca". La psicología y el psicoanálisis sirven, casi sin excepción, para vulgarizar la "proyección" y volver sospechosa la menor discrepancia, puesto que el que expresa un desacuerdo es susceptible de "ser como todos", es decir, tener un "inconsciente" en el que cualquiera puede depositar lo que se le antoje o mejor le convenga. Digamos de entrada que, ciertamente, la homosexualidad no es nueva, y que no debe ser perseguida, sobre todo cuando lo es por el machismo, por lo demás no exento de bisexualidad. Lo que no puede tolerarse es la homosexualidad -lo que puede incluir el lesbianismo- como forma de corromper. Que se vea si no lo que hacen algunos señores ya entrados en años en busca de jovencitos mexicas -en la Zona Rosa, por ejemplo- que se meten en asuntos para los cuales dudosamente tienen realmente madurez. La seducción existe. Si tanto se apreciara a los homosexuales, se dejaría de hacer con ellos negocio. Y que puede ser mortal porque, era de intuir, el HIV (Virus de Inmunodeficiencia Humana) no mata y no crea forzosamente un cuadro de SIDA (Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida). Lo acaba de demostrar Robert Kennedy Jr. en Estados Unidos con una abundancia de fuentes. Lo que mata es el negocio farmaceútico de los coctéles contra el HIV.
La corrupción en cuestión data del arranque de los años '60 y una "libertad"" que llevó a la "liberación sexual", que se tradujo entre homosexuales en dos prácticas autodestructivas: los back rooms, lugares de antros para tener una cantidad considerable de relaciones en una noche, lo que para más señas se llama promiscuidad, y lleva a contraer enfermedades se sea o no homosexual, con bastantes probabilidades. Fue parte del ambiente de "fiesta" que se fue instalando en los '70, llevando a convertir por lo menos viernes y sábados en "noches de fiesta" y luego, algo un poco menos ligero que John Travolta y Olivia Newton John, y más tendiente a lo popularizado hoy: "meterse" algo para pasar al o a los acostones, una vez superada la "represión" y lograda la "liberación", y con frecuencia multiplicando los encuentros "casuales", porque ahora resulta que nada es causal y todo es "casual". Así que, más allá de los antibióticos contra las infecciones, entre homosexuales se popularizaron los poppers todavía a veces de venta libre: es que no sólo provocan euforia, sino que relajan los músculos de los esfínteres. Una noche en algún antro de San Francisco en un back room y metiéndose poppers era soñada, aunque los homosexuales empezaron a contraer el Sarcoma de Kaposi. A ver, por pasos: no era nueva por ejemplo la bisexualidad, o la misma homosexualidad, pero se volvió "tema", como se dice simpáticamente hoy, porque "la libertad" se volvió la de ser promiscuo y encima excitarse con "sensaciones fuertes", del tipo de las que producen las drogas. Así que no que todo fuera nuevo: lo innovador fue lo descrito y, una vez debidamente tirado el sistema inmunológico, el contraer una autodestrucción más franca en nombre de la "libertad". Pese a pronósticos sombríos, el SIDA no se propagó como se anticipaba, y lo que sí aumentó fue el número de muertes por tratamientos brutales. La medicina cubana lo supo temprano, al encontrar la manera de evitar alguna epidemia de SIDA gracias al refuerzo del sistema inmunológico. Para ponerlo de otro modo, y dejando constancia de que no eran los únicos: el "tema" de la homosexualidad es que se dió no tanto de manera dizque natural, sino porque empujó el discurso "libertario" de privilegiar el placer, la sensación fuerte, y el "atreverse" como muestra de ser open minded. No es de extrañar que en el mundo del espectáculo o el de ciertas artes la homosexualidad sea una forma de "atreverse", es decir, de "experimentar", provocando, claro está, que es lo que muestran las marchas del Orgullo. No debía pasar mucho hasta que esta "contracultura" fuera recuperada como negocio, algo de lo que se han quejado por lo demás homosexuales. No fue secreto cómo las drogas fueron una manera de tener a la juventud "entretenida", como parte de la eterna fiesta, "fiebre de cuando caiga por la noche". Hoy no hay nada más común que el saber del antro donde circula lo necesario para desinhibirse, y que no es un ron Bacardí. Cosa del "prohibido prohibir", lema del 68. La tolerancia con los homosexuales se volvió parte de la tolerancia con los antros, el alcohol y la droga, sobre todo para jóvenes lógicamente sin madurez plena, y para sugar daddies dispuestos a mantener mexicas medio hambrientos y confundidos entre la necesidad y el amor.
El problema de la madurez y lo que significa pasa hoy desapercibido, tal vez porque es contrario a la "libertad sin límites". Con todo, enseñar la "ideología de género"" es, si se hace antes de los 18 o 21 años, una forma de corromper, con el anzuelo o "gancho" del sexo y su "misterio", porque debe dejarse que sea una persona adulta la que decida, ya que antes no está forzosamente definida y puede ser, justamente, torcida. Aunque no deba perseguirse al homosexual o la lesbiana, mucho menos desde una moral que suele ser la de la "proyección" (la familia no es garantía de nada, salvo con frecuencia de apariencias y códigos ocultos), o desde el machismo que no está "libre de toda culpa", no debiera tampoco considerarse que desgreñarse y soltarse el pelo o el chongo es un objetivo de vida, o que un popper al año no hace daño -y tienen presentaciones de fantasía-, como tampoco un back room ""de cuando en cuando". Como la alianza es conservadora-libertaria, es, a nombre de "quiero ser libre", librar a más de uno a que Big Pharma lo remate. Desde que el lema es "todo con exceso, nada con medida", empezando por el Infinitum de Velocidad....(da click en el botón de reproducción).
Ah, claro, la "derrota de Occidente", sin que quede claro a qué título existe Israel: en todo caso, como uno de los aliados favoritos de Estados Unidos. Ningún país árabe movió un dedo por Gaza, mucho menos en unidad entre árabes. El depuesto presidente sirio, Bashar al Asad, alguna vez se ría del libio Muamar el Qadafi cuando éste se quejaba de que entre árabes no hay manera de ponerse de acuerdo (como tampoco entre latinoamericanos). Como sea, pese a lo hecho por Israel en Gaza, Palestina, tampoco es justificable Hamas - un grupo para colmo financiado por Israel para debilitar a la OLP (Organización para la Liberación de Palestina)- ni muy fácil de defender la causa palestina, aunque se quiera creer que "el tiempo está a favor de los pequeños". Bueno, Israel no es muy grande que se diga. Sin que estorbara nadie, Israel aprovechó una provocación de Hamas no sólo para convertir Gaza en polvo, sino para incursionar en Líbano, en particular para debilitar al grupo pro-iraní Hezbollah y cortar comunicaciones entre Líbano y Siria. Y al rato, es una pena decirlo, la izquierda como la del programa de Inna Afinogenova y Marco Teruggi no tuvieron ningún problema, como tampoco el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, en volver a decir como loros "la dictadura de Bashar". ¿Mañana también dirán "la autocracia de Putin", luego del "carnicero de los Balcanes", "Satán Huseín", "Qadafi con viagra" o Noriega "con vudú y calzoncillos rojos"? El "régimen de Bashar" fue sometido durante años a un constante hostigamiento terrorista, sádico tratándose del Estado Islámico (EIIL). Ahora, se cambió de fachada y los "rebeldes" son "moderadamente fanáticos", aunque se trata, entre otros, de Al Qaeda y el Frente al Nusra con nombres distintos. Y, además, de la derrota de un régimen más bien moderado y progresista y del avance religioso, que se suma a la caída anterior de Irak. Israel aprovechó la caída de al Asad para retomar un pedazo de las alturas del Golán. La "derrota de Occidente" no existió: junto a los palestinos, Irán acaba de llevarse una paliza de Israel, hasta donde al Asad era cercano a los iraníes. Y no estalló la Tercera Guerra Mundial. Irán no disparó nada y Bibi Netanyahu, primer ministro israelí, hizo lo que quiso. Pero el problema era "la dictadura de Bashar", tan cruenta que se vino abajo como castillo de naipes. Algunos árabes muy religiosos festejan al unísono con Netanyahu, quien no dudó en hablar de "día histórico para Medio Oriente". Naciones Unidas habla en el aire, porque no explica la injerencia turca en el norte de Siria, como tampoco que hayan permanecido en la región unos 900 soldados estadounidenses, parte de un apoyo a kurdos de izqiera, otro servicio de "la libertad", con la "administración autónoma de Rojava". La "libertad" consiste en liberarse de un líder que se va sin disparar un tiro, y en dar entrada a yihadistas, como los de Hayat Tahrir al-Sham (Organización para la Liberación del Levante), catalogados como terroristas en...Estados Unidos. Abu Mohammed al-Golani, el líder, designado terrorista desde 2013 por los estadounidenses (y por Naciones Unidas, sin que al parecer lo sepa Guterres), creó con al-Nusra una fachada de al-Qaeda en Siria, hasta presentarse como alguien "moderadamente fanático"" y pluralista, amigo de todos los del mosaico religioso y "étnico", incluyendo a drusos y kurdos. Es tan "amigable" que Estados Unidos en ningún momento alegó alguna preocupación por el hecho de que un terrorista se haya alzado con Damasco, capital siria. La civilización no importa mucho: la soldadesca israelí la agarró contra las ruinas de Baalbek (el que llegara a ser el mayor santuario del imperio romano) en Líbano, cuando ya los yihadistas destruyeron en el pasado el sitio arqueológico de Palmira.
Lo mejor es que la Unión Europea (UE) no sabe lo que hace, y salió también a festejar el "fin de Bashar", "un evento positivo y largamente esperado", según la encargada de la política exterior de la UE, Kaja Kallas. Todo es presentado como un combate de "la libertad" contra "el autoritarismo", y la izquierda tiene temor de aparecer como "autoritaria" y defender ciertos valores. Lo que es muy "tierno" es la hora de occidentales que, más allá de la colita de pelo K-pop sudcoreano, se dejan la barba estilo islámico, mezclada con estilo Malibú, sin darse cuenta de lo que es un terrorista (eso sí, paseando al perro): son los "perros guardianes" de algunos países occidentales. Por lo demás, los "expertos" pueden seguir en la "geopolítica" de "movidas", "jugadas" y "maniobras": Israel acaba de ganar e Irán ni chistó, porque el régimen iraní tiene hoy a la cabeza a una burguesía interesada ante todo en "occidentalizarse", por lo que lo último que cabe pensar es que quede algo de "revolucionario" en Irán, que tampoco dice gran cosa por ejemplo sobre el conflicto entre Ucrania y Rusia, pese a que Teherán, capital iraní, es parte del grupo BRICS (originalmente Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). Nada pueden frente a la alianza conservadora-libertaria.
El muy "derrotado" Occidente logró, con ayuda del terrorismo, avanzar en el proyecto de "Gran Medio Oriente", lo más fragmentado posible para "control del caos" por Estados Unidos e Israel. Parte de la "gran idea" es, según lo explicara hace tiempo Robert Kagan, que la "nueva ruta de la seda" china a través de Pakistán e Irán caiga en el "no pasarán" a través de Medio Oriente, de tal modo que se corte de antemano un posible tránsito China-UE por este medio. Parte del entrometimiento en Ucrania fue para cortarle a la UE sus vínculos energéticos con Rusia. Así que el "evento largamente esperado" es cuando menos el tercer balazo que se da la UE en el pié, y un recadito para China que, para variar, se las está "nomás milando", como se dice coloquialmente del chinito en México.
Por al-Golani, Estados Unidos ofrecía 10 millones de los verdes como recompensa, pero ahora resulta, con la llegada de "la libertad", que el terrorista dice haber hecho "una revolución", que es "del pueblo" y que busca crear "instituciones", suficiente para robarle todo el vocabulario a la izquierda y ponerla de ventrílocua contra "la dictadura de Bashar". El primer ministro sirio, de "Bashar", Mohammed al-Jalali, se dijo dispuesto a cooperar con "cualquier líder elegido por el pueblo sirio". Y colorín colorado, hace mucho que la soberanía de Siria se ha acabado. ¿No hay por cierto quien recuerde el mensaje de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) a la embajada china en Belgrado, capital serbia, en 1999? La bronca es con Rusia, pero por si acaso. Ah, Kagan es el marido de la enviada estadounidense a Ucrania, Victoria Nuland, la del famoso "fuck the European Union"(da click en el botón de reproducción).
Si alguien habla de "derrota de Occidente"", sin duda puede encontrar eco entre quienes se creen la "hora del Sur global", o la de China. Emmanuel Todd, un muy buen estudioso francés, encontró, a pesar de un muy acucioso trabajo, la manera de llegar a varias conclusiones erradas a partir del conflicto entre Rusia y Ucrania. Los "del Sur" tal vez crean que es el momento de sacar sus propias taras -las del precapitalismo- para deducir además que con "la derrota del capitalismo", identificada con la de "Occidente", llega la de las relaciones supuestamente "impersonales" y el "modito" de tener lo mejor de todos los mundos y ningún inconveniente. En este sentido, es para algunos la justificación de "los valores tradicionales", sin que los supuestamente rusos sean entendidos. Esos valores no son los de la familia y su degeneración mafiosa, pero eso sí, personalísima. Rusia y China son países capitalistas. China se mantiene unida por el nacionalismo y Rusia, por el cerco de la que es objeto. China se abre a "Occidente" con mucha mayor facilidad que Japón en el pasado, y Rusia intentó lo propio, creyendo "unirse a la civilización" y teniendo ahora a una horda a sus puertas, sin tener del todo claro por qué.
Para abonar en un sentido distinto de lo pregonado, no está de más agregar hasta qué punto "Occidente" -cuando se trata en realidad de la Tríada y algunos "socios y aliados", tan poco occidentales como Corea del Sur-, además de lo ya expuesto antes aquí, se trata de tragarse a Ucrania, previa nueva provocación, que consistiría en sacar a Volodimir Zelenski del gobierno ucraniano y mandarlo al exilio, convocar a elecciones para dar una fachada democrática, "congelar" el asunto de la entrada a la OTAN pero no a la UE, y "colar" una ""fuerza de paz" en las narices de Rusia, haciendo ademán de ceder y moviendo las fichas otra vez más hacia el Este, dando encima apariencia de "neutralidad" y de "europeización", lo que no es seguro que sea del agrado ruso, a reserva de que la desnazificación ha avanzado, pero no lo suficiente la desmilitarización de Ucrania y su posible neutralidad. Entretanto, el "plan de reconstrucción de Ucrania" de BlackRock planea hacerse en gran medida de la agricultura local, una gran riqueza (Ucrania es "el granero de Europa"), a través de varias transnacionales, dado que Zelenski aprobó la venta de tierras ucranianas a extranjeros (Cargill, Bunge, Oaktree, etcétera, algunas bien conocidas en América Latina).
"Occidente" tiene en sus manos el futuro de Ucrania. Contra lo que dice Todd, este país no mostró mayor resistencia, al menos no por sí mismo, sino en la medida en que fue armado y apoyado por "Occidente" desde hace mucho, incluyendo un tropel de mercenarios, con frecuencia no desligados de los grupos neonazis. Todd afirma de manera errónea que estalló "por primera vez" un conflicto grave en Europa, olvidando el de Yugoslavia.. Ya aquí hubo un enfrentamiento indirecto entre Rusia y Estados Unidos, sólo que en un momento de debilidad rusa por la presencia en la presidencia de Boris Yeltsin. Hay que hacer el esfuerzo de no mirar un mapa para no darse cuenta de que "Occidente" avanzó. Al mismo tiempo, contra lo que dice Todd, no ha habido enfrentamiento directo entre Rusia y Ucrania, porque hoy no es la misma situación que cuando, parece olvidarlo Todd, hubo un riesgoso incidente en el aeropuerto de Pristina. La apuesta de ""Occidente" no ha cambiado, y, pese a su capacidad para "elevar el costo" de los planes occidentales, Rusia sigue teniendo el reto de no dividirse, sin que le falten problemas internos y externos. Aunque Rusia tenga superioridad nuclear, compensa la inferioridad en materia de tropas, por lo que se encuentra en la posición delicada de tener que dar golpes -hasta llegar potencialmente a uno nuclear, eventualmente táctico- por estar a la defensiva, es decir, para tratar de quitarle a "Occidente" -¿ya se olvidaron los sistemas antimisiles en Japón y Corea del Sur- la idea de la cabeza de que la destrucción del Estado ruso es parte de lo que es posible "barajar". Tampoco hay tanta "falta de cohesión" entre los "occidentales", a reserva de lo que pueda suceder con el presidente estadounidense electo Donald J. Trump: las diferencias son sobre el modo y el alcance del negocio. Es igualmente erróneo que "Occidente" se haya echado para atrás en su "pivote a Asia": en lo fundamental ,desde que lo anunció el presidente Barack Obama no se ha dado nada parecido, entre otras cosas por las grandiosas facilidades que da China a los negocios occidentales, lo que tampoco habla de "derrota de Occidente". El "desmoronamiento de la voluntad europea" es un error más: en plena década de los '90, luego de firmado el Tratado de Maastricht para consolidar a la Unión Europea (UE), y en medio de una connivencia con Alemania similar a la mostrada ante Ucrania, Estados Unidos le impuso a la UE no sólo el arreglo de Dayton, Ohio, sino el bombardeo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y la liquidación de la UEO (Unión de Europa Occidental), que como fuerza europea intentó en vano un despliegue en la antigua Yugoslavia..
Lo más simpático es la "soledad ideológica de Occidente"", cuando el credo "neoliberal" está un poco por doquier, al igual que lo que se llama erróneamente "individualismo", pero es un egoísmo desatado en nombre de la "libertad", y que no es ajeno a una parte de la juventud rusa atontada o la china, bajo fuerte influencia no de la Horda de Oro, sino de la Horda de negocios y al mismo tiempo libertaria, pese a algunas divergencias en otras franjas de edad. Como de todos modos en algo no yerra Todd, y es en la crisis interna de Occidente, parte del problema está en que está arrastrando, en más de un aspecto, a una porción no desdeñable del resto del mundo, también afectado, por ejemplo, de extravío ideológico completo, para lo que basta ver lo que hacen en este terreno Rusia o China, con la salvedad de que no pueden darse el lujo de la división, porque sucumben al "globalismo".
"Occidente" es una noción vaga, sin olvidar que incluye a África y América Latina, llamada por algunos "Extremo Occidente". Esa noción data de la Guerra Fría, para oponerla a un supuesto "asiatismo" soviético, bárbaro: después de todo, en los años '30 Alemania, que decía ser baluarte de la "civilización" (lo escribía Hitler), e Italia, se pavoneaban rescatando el mundo helénico griego o las glorias del imperio romano. Como se ha dicho, suele hablarse de "Occidente" incluyendo a Japón. Más bien parece tratarse de un problema de imperios de algunos países europeos, de Estados Unidos y de resabios de Japón en Asia, y, además, de sometimiento al gran capital transnacional, que por fuerza tiende a creerse de poderío ilimitado. Como basta ver un mapa geopolítico para darse cuenta del acorralamiento a Rusia, tal vez quede dudar de a qué puede llegar el globalismo - hoy dedicado a chantajear a Trump- con el gran capital transnacional si, en un error de cálculo. cree: "Rusia no se va a atrever" (a dar el primer golpe). Lo sucedido con el Oreshnik luego de la provocación con misiles contra territorio ruso significa que, de ver en peligro su existencia, Rusia se atreverá. "Con la pena", como se dice coloquialmente en México, y pese a decir en todos los tonos que se busca evitar dañar a quien se asoma por la ventana para robar. (da click en el botón de reproducción).
En una reciente reunión del parlamento alemán, alguien preguntó si Alemania "participaría en una fuerza de paz para Ucrania". Podría creerse en una ocurrencia si no fuera el guión sistemáticamente seguido desde los años '90, para ganar en poderío: tener un grupo de "socios y aliados" para "cooperar" en grandes despliegues militares, aunque con apariencia de otra cosa, y sin excluir -como sucedió en Libia, por ejemplo- a mercenarios de distintos países, destacándose los colombianos. Alemania no parece tener tanta prisa, pero la muy maltrecha Francia y el Reino Unido han estado preparándose para mandar contingentes a Ucrania, sin que quede claro bajo qué forma, y si sucederá o no. Es difícil escalar el conflicto en Ucrania involucrando a la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte). Como quiera, lo dicho en el parlamento alemán supone que el guión está entre lo que se baraja cuando se insiste en que "no se descarta ninguna opción", como si fuera partida de póker. No parece entenderse muy bien en Occidente y Japón la doctrina José Alfredo: "Ahí traes la baraja, yo tengo los ases". Occidente y Japón "juegan" no como si hubiera partida, sino como quien se adelanta sin ver a recoger lo que se pueda en el centro de la mesa. Y además, a sabiendas de que no tiene los ases. Por lo pronto, se trata de complicarle la vida al presidente estadounidense electo, Donald J. Trump, para "forzar" lo más posible contra Rusia cualquier eventual negociación, que incluiría qué hacer en la línea divisoria del frente.
Justo en este contexto, el portal Rebelión ha dado a conocer los planes para "ayudar" a Ucrania, más allá de la parte no muy grande en proporción que ya es territorio ruso. La costa del mar Negro -hacia Odesa- debería estar supervisada por Rumanía. el centro ucraniano, por Alemania; Kíev, la capital, y el norte ucraniano, para el Reino Unido. El plan de "reconstrucción" de Ucrania existe, bajo supervisión de BlackRock. Parte del interés, más allá de seguir acercándose a Rusia, está en los recursos naturales de Ucrania: la existencia de 117 de los 120 minerales más codiciados hoy por la industria, incluyendo riqueza de carbón, petróleo y gas, aunque una parte quedó del lado ruso. Ucrania es uno de los 10 principales proveedores mundiales de recursos minerales. Para algunos, como el senador estadounidense Lindsey Graham (republicano), es "un socio comercial ni soñado". Con la ventaja de tener una plataforma desde la cual "maniobrarle" a la Unión Europea (UE). El carbón ha vuelto a contar para algunos países de la UE a falta de energéticos rusos. Es probable que Trump prefiera cerrar el trato, en términos de negocios, a una guerra perdida, es decir, un gran beneficio antes que sabrá Dios qué costo. Hasta algo así como make Ukraine great again. Para ello habría que sacar al presidente ucraniano Volodímir Zelenski, aunque éste difícilmente ignora lo que está haciendo, pese a dejarse llevar por su manera de detestar a Rusia: no se está ayudando gratis a Ucrania, sino por motivos geopolíticos, los que quiere parar Rusia, y económicos, con los que Rusia no se mete, puesto que de otro modo se habría metido a Odesa, puerto ucraniano de exportación. Como no ha sido así, pese incluso a que Odesa es un lugar bastante ruso, tampoco se sostiene mucho que la guerra en Ucrania esté afectando a la economía internacional. Hay más: Ucrania tiene la mayor reserva de litio de Europa, una de las mayores reservas de galio del mundo (para semiconductores), suministrada a Estados Unidos; berilio, crucial para las industrias nuclear, aeroespacial, militar y electrónica; uranio, cobre, plomo, zinc y plata, de entre las mayores reservas de Europa. Son la carta de pago a los créditos estadounidenses. Las grandes empresas ucranianos están en su mayoría en Kíev, y con frecuencia en un muy rico sector agrícola. Como no es nuevo, la ceguera neo-nazi le impide al actual régimen dejar de servir de punta de lanza del "globalismo", a riesgo de que Ucrania quede hecha polvo. Parte de la incógnita es qué prefiere Trump al busca negociar, más allá de una clara opción por los negocios, y en términos de demarcación, mientras, salvo la contradictoria Alemania, Francia y Gran Bretaña apuntan más a la geopolítica "globalista" con la expectativa de lo ilimitado, la riqueza rusa y otros objetivos de gran codicia, para lo cual arriesgarse con el mismo guión, que Rusia difícilmente puede aceptar. La experiencia con fuerzas de paz suele ser de manipulación, desde Haití hasta Afganistán, pasando por Kosovo. Así, son dos maneras de ver el negocio, con los "globalistas" más proclives a la ruleta de casino y a desconocer qué es la "ruleta rusa", un juego potencialmente mortal. Lo más penoso es quien se cree que el presidente ruso, Vladimir Putin, está también en un póker, pero además, blofeando. Tratar de volver a colar una "fuerza" en Ucrania no es el mejor camino para parar un conflicto en el que, por lo demás, más de un líder del "Sur global" está a la expectativa y como China, "nomás milando". Trump, si acaso, sea un paréntesis, dado lo corto de su mandato, el hecho de que de hecho tiene prácticamente dos años para actuar, y con una jauría en contra en la que, cuando menos, cabe decir lo siguiente: es de esperar que no está en la situación de que "no entiende que no entiende", como toda la población occidental y otra, sea japonesa o sudcoreana, que se creen "libre de elegir" cuando no puede decidir nada, y entonces se pasa a no querer saber de lo que de todos modos le incumbe, pero que sortea con "mientras a mí no me afecte". Claro: "que pague el ruso". (da click en el botón de reproducción).
No queda claro, con las posibilidades de ganancia abiertas con Ucrania, en qué "Occidente"" está en declive. Prácticamente tiene la "arquitectura de seguridad" deseada por el "halcón" Demócrata Zbigniew Brzezinski desde 1997, más cuando el gobierno ruso ha dado todas las muestras de no querer ir mucho más allá del Donbass y Crimea, ni siquiera en otras regiones de Ucrania de antigua y fuerte influencia rusa, de Odesa a Dniepropetrovsk o Jharkov. Tampoco es seguro que la población ucraniana esté por completo ""nazificada". La posibilidad de que Ucrania se mantenga al margen de la OTAN existe con Trump, de quien no sirve decir nada más que representa a "otros monopolios" (Musk, Mellon, Murdoch, bastante secundarios en relación con los "globalistas"). Si la Unión Soviética siempre temió complicaciones con Ucrania, ya no hay Unión Soviética y Ucrania está en la órbita occidental, con Rusia en un movimiento defensivo frente al avance de la OTAN, lo que ocurre en el Caúcaso, la presencia china en Asia Central y la ocasional molestia japonesa. Hace bastante tiempo que Ucrania, con la población más bien pobre y nadando en corrupción, es lugar de una fuerte presencia estadounidense, y con parte de la población que no quiere saber de Rusia, sino amarrarse a la UE; es igualmente notorio que una parte de la población de Ucrania, con tal de creerse "salvada", está dispuesta a hundir a su propia gente y a complacer al exterior despotricando contra "la pobreza en Rusia" o la "gente de Donetsk", desde antes del Euromaidán de 2014. No está naciendo ningún "nuevo orden", y Rusia debe prevenir sus dificultades internas, porque no puede volver una "potencia" que nunca ha sido, a diferencia de la Unión Soviética, pese a que más de uno en Rusia está también como si la pastilla azul le hubiera llegado a las neuronas: el ex presidente Dmitri Medvedev o la televisión, por ejemplo. "Nuevo orden" y cosas sensacionales, con potencias grandiosas que están "de vuelta", que no piensan irse o que quieren "volver a ser grandes", hablan mucho del gusto por "lo espectacular": y Hollywood es Demócrata. Desde los años '70, con la fiebre del sábado por la noche, es fiesta: como el carnaval, suele tenerse un alegre principio y un triste final. Cuidado. Sobre todo con los que saben perder (da click en el botón de reproducción).
El supuesto del cerco contra Rusia es que no trae consecuencias para Occidente, como, después de todo, el conflicto en Ucrania, que no explica la inflación en distintos países del mundo. Esta creencia en la falta de consecuencias proviene del famoso "Estado de Bienestar", del que se cree que está para asumir y socializar las pérdidas, y para operar como en 2008. Así, se puede ir en busca de ganancias sin preocuparse mucho por las pérdidas ni por la consecuencia de los actos, si hay cómo ""recargarse". Si asoma algún costo, las cosas cambian. Es por ello que, simplemente, sin que sea siempre entendido, Rusia ha venido diciendo que lo que hace Occidente -a la par con Japón- sí tiene un costo.
Desde 1989-1991, la izquierda no dijo nada sobre cómo se fue montando el cerco contra Rusia y cómo tuvieron lugar, como parte de lo mismo, distintas guerras. La de Irak fue naturalizada y la atención se centró en "Sadam", el villano favorito de turno, mientras se le destruía el país con sanciones que, como hiciera notar en su momento el periodista mexicano Jorge Armendáriz, fueron peores que las impuestas a Alemania en 1919; no hubo nadie para defender a Huseín, pero sí para contribuir, desde la izquierda, a ir resquebrajando Irak a través de los kurdos. visitados por Danielle Mitterrand, la misma que se apersonó con el EZLN mexicano. El guión fue sanciones y fuerza multinacional para terminar de destruir Irak en 2003. Algo parecido se montó en Yugoslavia: destrucción económica paulatina y fuerza multinacional en Bosnia-Herzegovina y luego en Kosovo, con Slobodan Milosevic como villano favorito, el "carnicero de los Balcanes"", y una campaña contra Serbia, presentando al agredido como agresor, puesto que, lejos de la supuesta "Gran Serbia", la población serbia fue objeto de "limpieza étnica" en Croacia (Krajina) y luego en Kosovo. Nada de la izquierda: ausente, como lo señalara el italiano Domenico Losurdo, y como si el problema de la guerra y la paz no fuera de incumbencia de la izquierda. Era posible saber que la destrucción de Yugoslavia buscaba, entre otras cosas, resquebrajar al ejército yugoslavo, el más fuerte de los Balcanes. De paso, Serbia, un aliado de Rusia, terminó de quedarse sin salida al mar con la separación de Montenegro. Las autoridades yugoslavas sabían que el asunto no era nada más Yugoslavia, sino el cerco contra Rusia. Tampoco fue del todo inocente el envío de otra fuerza multinacional a Afganistán, a partir de un 11/S no aclarado, y con la fabricación del espantajo de Osama Bin Laden, para tener una plataforma de entrada al Asia Central ex soviética, o incluso hasta Kazajistán, como ocurrió muy poco antes del comienzo del conflicto en Ucrania. En medio de lo anterior, era necesario hacerse del Mediterráneo: nadie para defender a Libia -mismo guión- y Siria, con villanos favoritos desde El Gadafi hasta "el régimen de Bashar", y encima como si nada tuviera que ver con nada. No debe faltar quien crea que la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN)) fue a plantarse hasta la frontera con Rusia porque el presidente Vladimir Putin es el villano favorito, y además, con un botón nuclear. Era igual de extravagante que preguntar por qué el cerco de la OTAN si ya no hay "amenaza roja", como si la hubiera antes. El presidente estadounidense William Clinton decidió desde los '90 que la Federación Rusa debía "implosionar" como la Unión Soviética. Y para que no se crea que es asunto de "conspiración revelada", simple y sencillamente Zbigniew Brzezinski, viejo asesor de seguridad de los Demócratas, escribió en El gran tablero mundial, en 1997, un libro de amplia divulgación, y traducido al español, que Rusia debía ser dividida en tres. Para lo mismo sirvieron algunas "revoluciones de color" en la periferia ex soviética, y agresiones graves como la de Chechenia, al interior mismo de la Federación Rusa. Siempre se pensó que todo sucedía y sucedería -"que pague el ruso"- sin consecuencias, a tal punto que se cree que Putin blofea y que "amenaza" cuando se defiende. De paso, nada dijo la izquierda de los escudos antimisiles en Polonia y Rumanía, que preparaban una agresión contra Rusia y mentían diciendo incluso cosas ilógicas sobre Irán o Corea del Norte. Nadie pidió tampoco que se rindiera cuentas de lo que estuvo haciendo la OTAN.
Como es el mismo guión una y otra vez, es posible pensar que Occidente y Japón calcularon, como lo querían Clinton o Brzezinski, una implosión de la Federación Rusa que no tuvo lugar. A partir de lo que se conoce como "a confesión de parte, relevo de pruebas", dado lo escrito y divulgado por Brzezinski, es perfectamente posible completar el cuadro: un villano favorito, Putin, sanciones, una eventual "implosión"" ¿y? La experiencia muestra el paso siguiente, considerando la ingente cantidad de tropas de distintos países de la OTAN en la frontera con Rusia. Alguna vez, el imperio zarista en descomposición, en medio de una guerra civil, antes del nacimiento de la Unión Soviética, vivió la intervención de 14 potencias extranjeras a la vez. El paso contemplado por los "socios y aliados" no es muy difícil de imaginar, seguramente por motivos humanitarios y para salvar al mundo del villano con el botón nuclear. Algo completamente falso: que dicho botón estuviera en los '90 en manos de un borrachín, el presidente ruso Boris Yeltsin, tuvo sin cuidado a Occidente y Japón.
Para más señas, y puesto que no se trata de ninguna "conspiración", Brzezinski, el mismo que asesoró en 1979 al presidente estadounidense James Carter para "entrampar"" a los soviéticos en Afganistán y que propuso dividir en tres a Rusia, escribió en el texto ya mencionado que la UE y Estados Unidos debían llevar la "seguridad europea" hasta Ucrania: ya está hecho, puesto que sólo una pequeña parte de Ucrania pasó a manos rusas. Lo que resta es saber si se sigue apostando a la "implosión" de Rusia. Para el caso, hay un "adelanto", a reserva de saber a qué punto llegue: la idea de la UE de enviar tropas a Ucrania o la duda sobre una eventual línea de demarcación entre Ucrania y Rusia. Sería un paso en el mismo sentido de la expansión de la OTAN, aunque ésta no sea la que lo dé directamente. Importa un rábano, un pepino o un cacahuate, según se prefiera, en Occidente, mientras se siga con que "el ruso paga". Desde la idea del escudo antimisiles, se trata de "decapitar" la fuerza nuclear de Rusia, y, si es posible, entrar a un mercado inmensamente rico en recursos naturales, el más vasto de la Tierra, para la búsqueda de salida a la crisis capitalista: entrar en mercados exteriores para compensar la tendencia -de ya larga data- a la caída de la tasa de ganancia. La otra opción sería un cambio de régimen en Rusia que asegure lo mismo. No es ningún asunto de Putin o no Putin o de la Rusia milenaria o cosas por el estilo. Es asegurarse mercados y expandirse porque está en la naturaleza capitalista. A estas alturas, el capitalismo ruso estorba: quiere para sí lo que otros también quieren para sí mismos, en particular los ""globalistas". Sucede empero que el capitalismo ruso no quiere desligarse de un Estado con el que está bastante entrelazado y de un gran espacio nacional.
Occidente y Japón han ganado muchísimo. No es un problema "occidental"" o "japonés", sino de necesidad del gran capital transnacional, aunque la idea "globalista" o "globalizadora" ya se ha topado con dos escollos: fracasó en el escudo antimisiles, y ha fracasado militarmente en el Este ucraniano. No hay criterio de "suficiencia", aunque sí de no arriesgarse si los costos superan a los beneficios, es decir, si Rusia, para decirlo en los términos estadounidenses, está dispuesta a hacer pagar "un precio" o a "elevar el costo" del cerco y lo que busca. Nadie invierte donde hay poca ganancia y riesgos de fuertes pérdidas, aunque al mismo tiempo las expectativas de "reventar" a Rusia sean tentadoras. Lo que algunos en Occidente y Japón no parecen tener claro, como tampoco el presidente ucraniano Volodímir Zelenski, es que la situación militar actual hace de Rusia una gran potencia capaz de asestar golpes de tal modo que, en vez de "que pague el ruso", puede que pague quien la está haciendo, en circunstancias delicadas. No parece que una parte de Occidente y Japón tenga una idea clara de que la creencia en la omnipotencia, pese a la impresión de impunidad, suele terminar no con la victoria del enemigo, sino con las tendencias de la realidad. Una de ellas apunta, ahora, a una muy neta superioridad rusa, capaz de frustrar planes que la izquierda no ha querido tomar en cuenta, pese a los riesgos que entrañan para la paz. No son cosas de "la vida", ni de algún "fin de la Historia", ni de "teleología", sino de tendencias hoy encontradas entre el "globalismo" y lo que éste cree obsoleto, el Estado-nación, una conquista en buena medida capitalista, desde los Tratados de Westfalia en el siglo XVII (1648), que en el mismo Occidente no se entiende y tiende a ser remplazada por el puro y simple negocio (la nación se diluye en el cosmopolitismo y el Estado en la mercantilización).
El nuevo secretario general de la OTAN, Mark Rutte, pareciera haber leído muy bien a Brzezinski, quien definió hace rato cómo mantener a Europa y a Asia divididas. Rutte consideró que el presidente electo estadounidense, Donald J. Trump, no debe "mandar un mensaje" que fortalezca una supuesta alianza entre Rusia, China, Irán y Corea del Norte. En la visión que diera a conocer Brzezinski, se trata de que Eurasia permanezca cuando menos dividida, para lo que el "corazón euroasiático" es Rusia, no China. En este marco se inscribe la tensión en la península coreana y el plan del "gran Medio Oriente" a través de la acción israelí. Como se trata de dividir para reinar, Occidente y Japón no van a abrir dos frentes a la vez. No hay por lo demás ninguna "amenaza" porque los países mencionados no forman ningún bloque, e Irán y Corea del Norte no cuentan más que a nivel regional. Nadie ha apostado a golpear al Estado chino mientras sea tan abierto como siempre a los grandes negocios con las empresas transnacionales, lo que continúa, ampliándose ahora a los servicios, finanzas incluidas, además de que el partido comunista chino es garantía de estabilidad en un frente. Irán no se ha metido mayormente con Israel. En el Pacífico asiático, si acaso se trata de una que otra disuasión no contra China, sin para que China se mantenga como hasta ahora, que no representa por lo demás ningún problema militar. A lo que está invitada China es a mantenerse dependiente y a no ir muy lejos en la competencia económica internacional, en la que el capitalismo chino tiende a meterse, aún sin ser propiamente imperial. Hace rato que con Rusia los planes han ido más allá de la disuasión. Si Occidente se detiene en Ucrania, mientras persista el "globalismo" es poco probable que haya renuncia a destruir a la misma Federación Rusa, a riesgo de un error de cálculo. No está de más hacer notar que se está en una forma de tosudez propia de una patología y que en ningún momento se muestra con China "comunista" (!) o su líder "marxista" (!), Xi Jinping (da click en el botón de reproducción).
Estados Unidos es un país en decadencia, algo que se menciona desde los '70, a raíz de la derrota en Vietnam, pero se trata de una decadencia relativa, y además, no muy rápida. Estados Unidos sigue siendo una potencia monetaria, financiera, tecnológica, agrícola e incluso petrolera, aunque al mismo tiempo se basa, desde la supresión del patrón oro-dólar en 1971, en la succión de excedentes de otros países, lo que le permite a los estadounidenses no "apretarse el cinturón", es decir, vivir por encima de sus medios, lo que se refleja en que se trata de un país volcado al consumo (a diferencia de China, donde los hogares ahorran,), incluso con gran parte de la población viviendo al día. Mantener esta situación supone bastante inercia, y que no surjan competidores de peligro: Estados Unidos paró a Japón en los '80, trata de hacerlo ahora con China, al menos en la perspectiva del presidente electo Donald J. Trump, y llega a hacerlo en parte con la UE, a la que se le impide como sea aliarse con Rusia, que es la pesadilla Demócrata, por lo que el conflicto en Ucrania ha estado dirigido también, en cierta medida, contra Alemania. Después de todo, en la decadencia relativa del dólar, el lugar lo ha tomado el euro. Un país que busca salirse de la órbita del dólar para entrar en la del euro corre riesgos, como le ocurrió al Irak de Sadam Huseín. Y al Panamá de Manuel Antonio Noriega le costó una invasión acercarse mucho a Japón. Así, pese a la unidad de fondo en la Tríada (Estados Unidos, UE, Japón), llegan a existir rivalidades, aún con un entrelazamiento económico muy fuerte que hace de Estados Unidos el primer receptor de inversiones extranjeras en el mundo. Al mismo tiempo, Estados Unidos conserva cierto aparato económico endógeno y no es tan dependiente del comercio exterior, que representa un 25 % del producto interno bruto. El problema del aparato productivo estadounidense, sobre todo industrial, está, además de en la competencia de la UE y Japón, en la deslocalización de empresas hacia el exterior, que es en parte lo que quiere frenar Trump. Contradictoriamente, Estados Unidos guarda un aparato económico interno, con algunos puntos fuertes (la pugna con China es en gran medida por la tecnología), pero sostenido al mismo tiempo en la estafa del dólar. A juicio de alguien como Nikolai Pátrushev, persona de seguridad clave en el gobierno ruso de Vladimir Putin, lo dicho hace de Estados Unidos un ""imperio parasitario".- Parte de la estafa está en sostener en Estados Unidos una gigantesca deuda nacional imprimiendo dinero propio, entiéndase que haciendo pasar lo propio por "mundial". En cierto modo, es un callejón sin salida que se presta a la putrefacción: no pocos se mantienen amarrados a Estados Unidos porque no quieren que se caiga el "comprador de última instancia", porque se caerían con él, y estrepitosamente. No es muy fácil saber qué puede derivar de una situación así, salvo en lo que toca a los rasgos de una larga descomposición social. Más allá de ésto, Pátrushev (""El colapso de los imperios parásitos") cree en lo "nacional-popular", deriva del sovietismo.
China es mucho más dependiente del exterior que Estados Unidos (37 % del PIB), y el segundo receptor de inversión extranjera directa en el mundo. En China, el sector privado aporta 60 % del PIB, 70 % de la inversión tecnológica y 80 % del empleo urbano, además del 90 % de la creación de nuevos empleos. En la manufactura, las empresas privadas representan 96 % del total, y el 94 % en investigación científica-tecnológica. El número de compañías privadas (dejando de lado los "negocios autónomos") es alto. Una importante diferencia con Estados Unidos es que la economía china no está financierizada ni es consumista. Sin embargo, parte del interés por "la nación comercial más grande del mundo" consiste en el atractivo para la inversión extranjera y de millones de potenciales consumidores: ¿China conquista el mundo, o está siendo económicamente conquistada? El problema está en saber si China tiene realmente un aparato económico propio, más allá de dos supuestos: la ayuda estatal al sector privado y el hecho de que China se haya vuelto el segundo inversor directo en el mundo. Lo que algunos estudios -cubanos, por ejemplo- han establecido es que hay una fuerte relación entre inversión extranjera directa y crecimiento del PIB, al mismo tiempo que entre dicha inversión y un mar de problemas internos, como los medioambientales y culturales. Además del sector manufacturero, dichas inversioners están en el inmobiliario, y detrás, en el comercio y las tecnologías de información y software. En la manufactura, la inversión extranjera está muy metida en los textiles, los juguetes y el calzado. Cierto es que también hay grandes empresas chinas presentes a nivel internacional: Tik Tok, Lenovo (el mayor fabricante internacional de computadoras), Xiaomi (sólo después de Samsung y Apple en la venta de smartphones), Tencent (el mayor fabricante de videojuegos en el mundo), Huawei (segundo mayor fabricante de teléfonos inteligentes, detrás de Samsung), y algunos más. Antes que socialista, la economía china es mixta, pero, si estudios como algunos hechos en Cuba son correctos, el aparato económico interno-endógeno chino es limitado: lo que sirve de locomotora son las inversiones extranjeras y las exportaciones, no desligadas de aquéllas, incluso con una llamativa falsificación de cuentas a través de paraísos fiscales. Las mayores empresas chinas, más allá de las mencionadas, son las típicas de un país #en vías de": están en la electricidad, el petróleo, la construcción y la banca. Algo más que apunta en el sentido de la ausencia de un aparato económico nacional fuerte e integrado es la renuencia a reorientar la economía hacia el interior, pese a la glorificación de la "clase media", y la válvula de escape a la sobreacumulación a través del exterior, si acaso funciona ((tipo "nuevas rutas de la seda", etcétera). Pese a la dependencia estadounidense del dólar, Estados Unidos tiene una economía más "autocentrada" que la de China, más allá de la subordinación Demócrata al gran capital estadounidense y de la Tríada internacionalizado. ¿El modelo para el "Sur global" es el chino de apertura desbocada al exterior y limitando el sustento propio, pedro con un Estado de gran ayuda al sector privado? Porque, si hay parasitismo, ¿dónde está el huésped? Lo peor es cierta manera del huésped de acomodarse al parásito, o si no, que se pregunte en México. Que China meta la pata "en grande" no quiere decir que haya que celebrar "lo grande".
Rusia, hoy cuarta potencia mundial, andaba en los '90 rondando la catástrofe y la desintegración, al grado que algunas provincias ya ni pasaban por Moscú, la capital, para hacer negocios con el extranjero, y que el sector petrolero clave podía caer en manos estadounidenses. La Tríada, fiel a la geopolítica de Halford McKinder, británica, de principios del siglo XX, cometió el error de fiarse a ese despunte de resquebrajamiento de la Federación Rusa, y optó por cercarla, a la espera de su "implosión" para intervenir, después de la aplicación repetida del mismo guión, fuera Irak, Yugoslavia u otros, incluyendo Libia y Afganistán, y apretando a la economía rusa con sanciones desde 2014. Desde antes, el gobierno ruso vió venir, y las sanciones no funcionaron, sino que llevaron a Rusia por un camino insospechado, pese a su persistente dependencia de los hidrocarburos. Rusia logró la autosuficiencia alimentaria, y convertirse incluso en gran exportador de algunos productos agrícolas. Salvo en la dependencia de algunos componentes y en el sector automotriz, la industria rusa se fue recuperando gracias a una vieja tradición soviética, industrial-militar y de ciencia y tecnología. >Las ventas al exterior en relación con el PIB son bajas en Rusia (21,1%). Existe además un proceso de sustitución de importaciones, y la tasa de cobertura (importaciones que pueden pagarse con lo que se exporta) es de 139 %.. Rusia está en el lugar 30 en importaciones en el mundo, no depende del dólar, tiene una de las deudas públicas más bajas del orbe, buenas reservas internacionales, y una "clase" media de tamaño parecida a la de China y superior a las de países subdesarrollados. Como el esfuerzo de defensa se lleva un 40 % del presupuesto, el reto está en utilizarlo como en Estados Unidos, para que tenga efectos positivos en la economía civil, por desarrollo científico-tecnológico. Gracias a la sustitución de importaciones, las compras al exterior representan cerca de un 15 % del PIB, puesto 19 a nivel internacional y, en volumen, lugar 171. Fuera de cierta presencia específica china (automotriz y electrónica), la economía rusa está en capacidad de tener un fuerte aparato económico interno-endógeno, no dependiente del mercado internacional, mucho menos de la Tríada, y sólo en parte, de China. Queda por resolver cierta dependencia industrial (en maquinaria, transporte y química), e ir reduciendo la dependencia de los energéticos. Rusia es así la potencia mejor posicionada para tener soberanía económica y mostrar que, para salir adelante, no es indispensable ir liquidando el país: como Rusia no compite mayormente en el mundo, no inquieta a gente como Trump, mientras sí lo hace a los Demócratas que no entienden lo que no sea atarse al "globalismo", es decir, a la libertad y el derecho del gran capital, así sea estadounidense, de desentenderse del Estado y la nación. No es que Rusia sea el "nuevo faro": pero sí es que hay que considerar si se quiere tener nación y Estado, o si se prefiere -como se suele hacer en gran parte del "Sur global", de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica) y en parte en China- hablar de soberanía "como un decir", hoy que mucho pues "es un decir" (da click en el botón de reproducción).