Perú ha tenido dificultades en terminar de declarar presidente electo al ganador de las elecciones, el candidato de izquierda Pedro Castillo. En lo que son peras o son manzanas, a Castillo se le arrancan todas las concesiones posibles, y en este sentido actúa incluso el Grupo de Puebla, de centro izquierda, que no puede desconocer las diferencias que existen con el peruano.
La señora Keiko Fujimori, de derecha, ha hecho todo lo posible por demorar el triunfo de Castillo y revertirlo, alegando fraude electoral, pero además maniobrando para una "intercesión" de la Organización de Estados Americanos (OEA), dirigida por el nefasto Luis Almagro, ex miembro de la izquierda uruguaya hasta ser expulsado de ella (Frente Amplio). La "intercesión" de la OEA en Bolivia en el pasado, contra el boliviano Evo Morales, resultó ser fraudulenta. Lo que Keiko Fujimori pidió del presidente interino peruano Francisco Sagasti fue una auditoría electoral de una "entidad independiente internacional". Digamos entretanto que cierta izquierda debería cuidarse de creer que está "arrasando", puesto que Fujimori no estuvo para nada lejos de conseguir el voto de la mitad de los electores. Tampoco estaría lejos de ir a la cárcel al estar siendo juzgada por lavado de dinero en anteriores campañas electorales. A estas alturas, en las encuestas, la popularidad de Castillo (del 48 %, lo que tampoco es "abrumador") supera a la de Fujimori (30 %). El ex vicepresidente boliviano Alvaro García Linera tiene cierta razón, y nada más, cuando nota la mutación del escritor peruano Mario Vargas Llosa de liberal a noefascista, a lo que habría que agregar que éste no dudó en llamar a la intentona militar para frenar a Castillo. Pero si García Linera cree que el neoliberalismo va "degenerando en un acomplejado neofascismo", no debería inventarse un asalto al Capitolio estadounidense que no fue tal. García Linera da en ocasiones muestra de lo que no es sino el extravío ideológico de una época que optó por deshacerse de la alternativa socialista y que ahora se ha estado encargando -de ahí la poca confianza que inspira el Grupo de Puebla- de orillar al máximo a Castillo al centro.
El problema es más bien otro, aunque el fascismo no estuvo por cierto desligado del bajo mundo. Desde la cárcel, quien estuviera encargado de la Inteligencia del presidente peruano Alberto Fujimori, para acabar como gran traficante de droga, Vladimiro Montesinos, se ha estado permitiendo llamadas -que tiene en principio prohibidas- para sobornar, ayudado de Kenji Fujimori (hermano de Keiko) al Jurado Nacional de Elecciones a cambio de que pierda Castillo y "evitar que la chica vaya a la cárcel". En suma, no se está a la espera del resultado definitivo de las elecciones, sino chantajeando a las autoridades electorales para revertir el resultado, y apelando para el caso a un delincuente, con sus “ vladillamadas”, para que salga en defensa de una presunta delincuente, la misma Keiko Fujimori. No debiera sorprender demasiado esa afición de la derecha por la delincuencia. Sorprende más que se haya estado llevando mientras tanto a Castillo a una posición desde la cual le puede resultar más difícil gobernar, de ser declarado finalmente triunfador. En este proceso se le pudiera estar sacando a Castillo parte de su sustrato popular para orillarlo a una visión de clase media, siendo que no ha sido lo suyo. Puede que la diferencia esté entre "decentes" y "delincuentes", si al modo de George Orwell hay alguna manera de arrebatarle a la derecha su fachada de "decencia" para remitirla a la gente ordinaria y no a un asunto de modales en la mesa, que entre otras cosas consisten en callar los problemas para arreglarlos en algún rincón perdido de la casa. A esperar...(da click en el botón de reproducción mientras tanto).
Por iniciativa "ciudadana", México se prepara para una consulta popular el primero de agosto sobre lo que se entiende que es el actuar de los ex presidentes del país. El asunto puede parecer importante ante el peso del presidencialismo en el mismo México, pero en realidad puede serlo menos que otros, como el de los juicios a la ex secretaria de Desarrollo Social y de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano, Rosario Robles y al ex director de Petróleos Mexicanos (Pemex), Emilio Lozoya, que revelarían tejes y manejes con participaciones amplias, al menos dentro de la burocracia y la clase política, es decir, un problema colectivo. No se puede seguir resolviendo problemas colectivos con linchamientos personales, lo que le está ocurriendo por lo demás con especial fuerza al mandatario Andrés Manuel López Obrador, tal pareciera que por no entender bien de "dinero en circulación". López Obrador ha dicho que no votará en la consulta y que lo suyo no es la venganza, aunque tampoco servir de tapadera. Cabe recordar que estuvo en las costumbres del antiguo partido oficial, el Partido Revolucionario Institucional (PRI), sacrificar a alguna personalidad importante a principios de cada sexenio a modo de legitimación. Al parecer, a toda una parte del hoy oficialista partido Movimiento de Regeneración Nacional (MoReNa) y a más de un "intelectual" de izquierda les interesa seguir en este tipo de fenómenos catárquicos que dicen muy poco sobre formas de participación colectiva en la corrupción en el aparato de Estado, incluyendo el aparato de Justicia. ¿No sería mejor que en vez de repetir circos, suponiendo que sea posible, se pudiera impartir realmente justicia para todos los mexicanos en un país donde la Justicia simplemente no sirve, de tal forma que increíblemente casi el 100 % de los delitos queda impune (la cifra exacta es ni más ni menos que del 92.4 % de delitos que quedan impunes)?¿Es más importante juzgar a uno que otro ex presidente, si se puede, que apoyar los esfuerzos de reforma del sistema judicial impulsados por el senador oficialista Ricardo Monreal y por el magistrado de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), Arturo Zaldívar? La oposición no entendió que la prolongación del mandato de Zaldívar no es asunto de la persona de Zaldívar, sino del proyecto de Zaldívar, de la misma manera en que dentro del mismo MoReNa no se separa el proyecto de Monreal de la persona de Monreal, que ciertamente tiene intereses propios. ¿El problema es, para variar, "quién" y no "qué", casi hasta ahogar lo segundo en lo primero?¿Por qué no se le ha reprochado algo al fiscal general Alejandro Gertz Manero, que no consigue sacar adelante sus casos hasta ahora?
La pregunta de la consulta popular del primero de agosto es como sigue: "¿Estás de acuerdo o no en que se lleven a cabo las acciones pertinentes, con apego al marco institucional y legal, para emprender un proceso de esclarecimiento de las decisiones políticas tomadas en los años pasados por los actores políticos encaminado a garantizar la justicia y los derechos de las posibles víctimas?". Puede que la pregunta sea entendida por activistas y por el poeta Javier Sicilia, pero no por todo el mundo, siendo que por lo demás se requiere de un 40 % del padrón electoral de participación (37 millones de personas) para que el resultado sea vinculante, es decir, que obligue a alguna autoridad a hacer algo, sin que quede claro qué. Ya han tenido lugar sainetes con ex presidentes: por ejemplo, con el que menos tuvo que ver en los sucesos del 2 de octubre de 1968 e incluso en el "Jueves de Corpus" del 10 de junio de 1971, Luis Echeverría Alvarez, detestado al unísono por la ultraizquierda infantil y la derecha empresarial. El ex mandatario Vicente Fox ha pedido que López Obrador sea incluido en la consulta del primero de agosto, lo que indica que a veces un presidente de México puede serlo sin siquiera saber leer (y no, no se trata del actual), puesto que la pregunta dice "en los años pasados" y el presidente actual no va ni a la mitad de su mandato. Ni siquiera debería haber referéndum revocatorio a principios del año entrante sobre una persona, la del presidente, salvo que no se haya votado por un proyecto, por endeble que haya sido el que finalmente presentó para ser electo el mismo López Obrador y que coordinó Alfonso Romo. En todo caso, se debería evaluar no las "mañaneras" del actual mandatario, sino el grado de cumplimiento de lo que ofreció (la erradicación de la corrupción), si es que es lo que interesó y no dar un espectáculo con cabezas en la picota. Habría que probar, cosa que no puede hacer la oposición, desvíos de fondos públicos para el bienestar particular de alguien en el gabinete de López Obrador, más allá de las intentonas engañosas del seudoperiodista Carlos Loret de Mola. En suma, habría que probar que el gobierno de López Obrador repitió los tráficos de grandes sumas de dinero de gobiernos anteriores, tipo "Estafa Maestra" o los "enjuagues" denunciados por Lozoya. La interrogante lanzada al aire por López Obrador es, básicamente, si se puede erradicar la corrupción del Estado, y es el punto sobre el cual la oposición y sus plumíferos no tienen mayor cosa qué decir, porque al menos a nivel de gabinete no parece haber un solo peso desviado.
La gran habilidad del PRI consistió en permitir el enriquecimiento de unos pocos, pero soltando el suficiente "dinero en circulación" para cooptar y mantener contenta a una parte de la población, contando con el aguante de los demás. Como lo señaló alguna vez el líder priísta Manlio Fabio Beltrones, al "gobernar" Acción Nacional, de derecha, hizo lo que hacía el PRI "más lo que creyó que hacía el PRI", aunque nadie en la oposición quiera darse cuenta de lo que representa el caso de Genaro García Luna, ex secretario de Seguridad Pública en manos de la Justicia estadounidense después de haberlo estado con todo entusiasmo de dos cárteles de la droga, el de Sinaloa y el de los Beltrán Leyva. Está por ahora tan en el olvido como el caso de Robles o el de Lozoya, de tal modo que no faltará quien, hablando a nombre de todos y contra lo que dijeron los resultados de las elecciones del 6 de junio, reclamará que no hay "dinero en circulación". De la manera en que lo había antes, no lo hay, porque no se está cooptando, y de seguirse así ya no lo habrá, por lo que los cooptados de siempre, o al menos de las últimas cuatro décadas, se sienten desplazados, por lo que se preguntan: ¿dónde quedó el dinero? Más, si se eliminan lo que eran las formas más novedosas de cooptación: es como si, de repente, una parte de la población ya no supiera moverse, porque ya no hay "movida", ni "jugada", ni "no me pongan donde den, sino donde hay", porque ya no hay. Queda por saber si puede haber el suficiente avance para que la austeridad republicana y el mejoramiento del servicio público permeen a fondo todo el aparato gubernamental y no nada más el gabinete "de altura". Lo demás es accesorio: López Obrador no prometió salir del capitalismo, ni convertir a México en potencia, ni "administrar la abundancia", ni "entrar al Primer Mundo" ni nada por el estilo, por contraste con las promesas siempre incumplidas de gobiernos anteriores.
En la medida de lo anterior, la "didáctica" del presidente mexicano tiene limitaciones y no encuentra siempre eco, ni siquiera en el lópezobradorismo. La oposición no tiene mayor proyecto de nación, y sería erróneo decir que el lópezobradorismo tiene uno firme. Como suele suceder en la izquierda también, más de uno se cree que de lo que se trata es de tener poder, en lo que no hay diferencia con los opositores, que saben muy bien que tienen el de los medios de comunicación masiva. El problema no deja de parecerse al de otros gobiernos progresistas de América Latina, con escaso "material humano" para explorar en el fondo cultural y educativo del problema. Como sea, no es con linchamientos que se resuelven los problemas culturales y educativos que debieran solucionarse con una participación "desde abajo" de la gente, cosa que la oposición tampoco reclama, como no lo hace buena parte del lópezobradorismo. Es hasta cierto punto inesperado que en las elecciones pasadas el oficialismo se haya encontrado con el pueblo y no con la clase media, que desde ya está más interesada por buscar otro recambio a su favor en el 2024, luego de haber brincado de Acción Nacional a MoReNa para regresarse por donde iba, a reserva de lo que pueda sacar de sí el PRI. ¿Cuál es la pena? (da click en el botón de reproducción).
Es probable que el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, alcance a salir de algunos líos en que se mete y lo mete la oposición. Poco antes de las recientes elecciones del 6 de junio, López Obrador, impedido por la veda electoral de cualquier propaganda, tuvo la pésima ocurrencia de declararse "seguidor de Jesucristo", en plena contradicción con el Estado laico y con las ideales juaristas. No queda claro a quién quiere el mandatario ganarse con este tipo de declaraciones, o como lo hizo hace tiempo como candidato, yéndose a subir al cerro religioso del Cubilete. Que no se incline el presidente "donde se hinca el pueblo", siguiendo al Nigromante, pues uno de estos días podrá declararse seguidor de Jesús Malverde o de la Santa Muerte.
Después del 6 de julio y vistos sobre todo los resultados en la Ciudad de México, López Obrador arremetió contra la clase media, acusándola de dejarse manipular por la oposición, aunque es probable que en realidad la clase media se haya dividido, como ha venido sucediendo en distintos países latinoamericanos. Hay quien dijo que la clase media siempre actúa como "media clase", sin una orientación clara. Que una parte de la clase media sea una plaga no es novedad: el escritor chihuahuense Martín Luis Guzmán la acusaba de no darse cuenta de que es la causante de buena parte de los males de México, dada su actitud. A veces puede decirse decente, pero no es seguro que sea muy civilizada. A partir de la época postrevolucionaria, la clase media mexicana encontró en el Estado un vehículo de movilidad social ascendente no siempre muy derecho y sí con frecuencia ligado al supuesto "sentido común" de que "el que no transa no avanza", "el que se mueve no sale en la foto", un "político pobre es un pobre político", etcétera, hasta la vanagloria y la creencia de que "la corrupción somos todos". A esto se agregó un pacto apenas disimulado con el narcotráfico, establecido desde los años '80 por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) pero consagrado en dos sexenios de Acción Nacional: la "brillante idea" era que, así se estuviera cayendo el país, siguiera "circulando dinero", sin importar mucho su origen, ni que con frecuencia los muertos los pusiera la gente de pueblo, al mismo tiempo fascinada con su nuevo "bandidaje". La clase media no quiso ver, pero sí alcanzó en cambio a convertirse en "cliente solvente" en la apertura al "libre comercio" y sobre todo a una enorme influencia cultural estadounidense, que cultiva desde hace rato la creencia de que la clase media es "el alma de Estados Unidos" y debe serlo del planeta entero.
Lo más chistoso, porque realmente lo es, estriba en que son los "antipopulistas" quienes defienden a capa y espada a la clase media. Es chistosísimo por lo siguiente. El régimen del PRI, por décadas, se basó en el populismo para amortiguar cualquier conflicto de clase, sugerir la gran unidad nacional, unir desde empresarios hasta campesinos, obreros y "organizaciones populares" de tal modo que se escondiera la polarización que cualquier sistema capitalista tiende a provocar. No había nada mejor que la clase media para significar ese "amortiguamiento del conflicto". Dicha clase, no siempre muy proba, fue con frecuencia la mimada de un régimen que concebía al Ejecutivo como un árbitro entre intereses en en el fondo contradictorios, pero capaz de dejar en apariencia contentos a todos ("la solución somos todos", lanzaba al aire por ejemplo José López Portillo en su campaña presidencial). Esta idea del país era inexacta y se sabía. Por ésto se prohibía por ejemplo que se revelara la crudeza de la pobreza en libros como los del antropólogo Oscar Lewis. El discurso contra la polarización no es más que el discurso populista clásico de la conciliación de clases, que se remonta por lo menos a un héroe de López Obrador: Lázaro Cárdenas, en la segunda mitad de los años '40, después de hacer concesiones a los sectores populares no dudó en congraciarse con el empresariado descontento para "mantener la unidad" y de ahí surgió la candidatura de Manuel Avila Camacho.
Para el estadounidense, las clases no existen ni se habla de ellas, lo que puede permitirse un imperio que "amortigua" succionando el dinero de otros en el mundo gracias al dólar. El problema con México es que, a diferencia de Estados Unidos, no es el imperio y no tiene el sartén por el mango, sino que está frito, como se ha dicho por ahí. El 54 % de la población mexicana vive en la pobreza, es decir que está frita. A grandes rasgos, podría pensarse que López Obrador tiene razón y que la clase media podría pensar menos en sí misma y en lo que cree ser y merecer y ser más solidaria. Pero esto no es un análisis de lo que ocurrió, en particular en la capital mexicana. La política anticorrupción de López Obrador, si terminara de cuajar, pondría fin a las formas tradicionales ya descritas de movilidad ascendente de la clase media mexicana, a partir de un generoso reparto de fondos públicos. ¿Sintió esta clase "menos dinero circulando"?¿Menos cargos públicos a disposición para ascender a costa del erario? Puede ser. El problema se complica por la falta de oportunidades en un mercado nacional ahorcado por el "libre comercio". ¿O esperaba la clase media la Gran Noche Revolucionaria de juicio al Antiguo Régimen (hasta donde lo es), contra la opinión de López Obrador, y pese a que el asunto va a ser relanzado? Vaya contradicción: esperar más y mejor reparto (tal vez porque la gente del seductor de la patria había llegado al acaparamiento), y al mismo tiempo el Gran Juicio al régimen que "robaba, pero dejaba robar".
Cuando se quiebran los populismos, se acaba la conciliación de clases y aparece su conflicto, lo que no tiene por qué dirimirse forzosamente por la violencia. Resulta igualmente chistoso que sectores acomodados de la sociedad mexicana, que nunca se han tocado el corazón para humillar a lo que Emilio Azcárraga llamaba un "país de jodidos" o a lo que a muchos les parece un mundo de "mediocres que no quieren superarse", acusen de "odiador" y "confrontador" a quien no tiene la suficiencia de despreciar al país al grado de correr a vacunarse en Estados Unidos y a disfrutar de propiedades en Miami (desde Alejandra Barrales hasta Genaro García Luna, pasando por Carlos Loret de Mola). Simplemente, como a buenos populistas, no les gusta el tú a tú entre clases que les otorgue a los de abajo sentido de igualdad. Es aún más gracioso: hay gente que cree mantener a quien la mantiene con su trabajo. Es de lo más estadounidense decir que el problema con los pobres es que "no quieren superarse". La mayoría de la población mexicana, ya se sabe, no avanza por floja, fiestera, gastalona, llena de hijos y otros problemas que, también es sabido, no ocurren, no qué va, entre los ricos, verdaderos emprendedores, puritanos, ahorrativos, ajenos al influyentismo y el amiguismo, sin hijos (tipo nórdico)...Ni a esta gente ni a la clase media, está claro, nadie tiene por qué darle clases de moral, porque las cosas se resuelven no con moral (y ciertamente el tonito del "seguidor de Jesucristo" no arreglará mucho), sino con dinero.
Se vale ser clasista, racista, etcétera, pero no se vale no poner la otra mejilla y resulta que el pueblerino de Tepetitán salió respondón. Sea, es imperdonable. Tanto como el hecho de que ni los ricos ni las clases medias se hayan ocupado jamás de educar en serio a los sectores populares (y al conjunto de la población), una de las vías recordadas recientemente por el senador Ricardo Monreal para salir del atraso. López Obrador, desafortunadamente, no es lo más formal ni cortés que haya. Pero quien crea que tener educación y transmitirla es poseer propiedades en Miami, ir a esquiar a Vail, darse la escapada a las Vegas, triunfar en Hollywood y pasear en Nueva York por la Quinta Avenida, seguramente se confunde. No tiene educación ni mayores modales, porque no se estila entre estadounidenses, y ya se siente en periodistas, locutores, etcétera: en nombre de "detonar las inversiones" y las "derramas", ¿qué no era "por el bien de todos, primero los ricos"? No se puede crear tales desigualdades y extrañarse de que algunos no aguanten más. Pero no habría mucho de qué preocuparse: la Ciudad de México, sede de los poderes federales, siempre ocupó, con todo y su muy brillante clase media, el lugar 32 en el listado de la corrupción por entidades federativas en México (siendo así el lugar más corrupto). No es que los haya que se dejen manipular: están en la situación de manipular, o de ser manipulados, pero por cuestiones de intereses y cultura y no porque gente sin representatividad les haya lavado el coco. Grado de análisis en el lópezobradorismo: cero, para variar. !A tener éxito, supérense como todos los que "sí saben hacerla" y salgamos de la mediocridad tropical! (Que lo siguiente no se vuelva el himno lópezobradorista, esperemos...da click por si acaso en el botón de reproducción, no vaya a ser).
En la actualidad no pare claro cuál es el papel que deben jugar los medios de comunicación masiva.
En principio, quienes trabajan en estos medios no están exentos de tener opiniones propias y su subjetividad. Pero, de acuerdo con la periodista francesa de derecha Charlotte d'Ornellas, si se trata de debatir se debe partir de un mínimo de honestidad . En el debate debería tratarse de buscar entre todos una verdad objetiva exterior (exterior a la subjetividad de cada quien), de tal modo que, agreguemos, se pueda llegar a un mínimo de imparcialidad o de objetividad.
Otra cosa es cuando se parte de entrada de la descalificación del otro. A decir verdad, en la actualidad muchos periodistas y comunicadores ni siquiera conocen el significado de las palabras que emplean, y descalificar al otro es una buena manera de ahorrarse la búsqueda de la verdad. En última instancia, no faltan quienes sostienen que a fin de cuentas "cada quien" tiene "su" verdad (que puede ser la que le resulte desde luego la más conveniente), y que no hay modo de llegar, ni de aproximarse, a "la" verdad, porque no existe de manera objetiva. Si así fuera, al tener cada quien su verdad no habría forma de dilucidar el error o la falsedad de las cosas, y no es difícil entender que a este ritmo se pierde la facultad para el discernimiento. Tal pareciera que muchos periodistas y comunicadores no la tienen, para no prestarles que la quieren extraviar adrede.
Si alguien empieza diciendo por ejemplo del gobierno actual de Nicaragua que es una dictadura, que el presidente Daniel Ortega es un autócrata, un tirano, un populista, un totalitario, un autoritario y hasta un fascista, no queda claro si se está haciendo otra cosa que adjetivar. En el límite, se pudiera estar diciendo que el señor "no se vende" (es decir, que no puede "estar vendible" y por ende "presentable") porque todas las etiquetas sobre el producto son malas (en algún momento, Gilles Bataillon agregó las suyas), y Ortega no tiene sello certificado de "marca democrática", que es sin duda lo que más vende, y no por la pura palabra, desde luego, sino porque atrae con su promesa de reparto e inclusión, así se trate de ilusión para muchos.
Curiosamente, quienes se la pasan adjetivando nunca reconstituyen los argumentos del otro, ni contexto ninguno. Pongamos por ejemplo lo que es cierto, simplemente según organismos internacionales: Nicaragua es casi autosuficiente en alimentos (al 90%), el 99 % de la población tiene acceso a la electricidad, generada por lo demás con "energía verde", tiene uno de los mejores sistemas de salud de América Latina, una de las más bajas tasas de Covid 19 en el mundo, tasas de pobreza y extrema pobreza a la mitad y muy bajas desde la llegada de Ortega al gobierno en 2006, es el quinto país en igualdad de género en el mundo después de países nórdicos, y el país del mundo con el mayor número de mujeres en la política y en cargos ministeriales. ¿Es el equivalente de la perfección? Para nada, y ni siquiera obliga a rendirle pleitesía a Ortega, que no cae demasiado bien, como tampoco su señora. ¿Pero no hay ninguna relación entre estos logros, si es que alguien los quiere considerar como tales, y la popularidad de un Ortega que considerando lo anterior no parece haber gobernado para sí mismo, y que tiene una alta intención de voto en un país donde por lo demás el 95 % de la población tiene credencial para votar?
Tomemos otro caso: Nicaragua se dotó después de lo ocurrido en 2018 de una Ley de Agentes Extranjeros según la cual las organizaciones que reciben dinero del exterior deben dar cuenta del mismo y de su uso ante las autoridades locales. Estados Unidos tiene exactamente la misma ley desde 1938 (US Foreign Agents Act). ¿Estados Unidos se debe proteger de intervenciones foráneas en sus elecciones, pero Nicaragua en cambio debe permitirlo todo? (por cierto, mientras dinero de la Fundación Chamorro apareció al cerrar en tres cuentas personales de su directora, Cristiana Chamorro). Una pregunta, dejando de lado lo que se gasta el magnate húngaro-estadounidense George Soros contra el gobierno de Ortega: ¿es normal que el dinero de los impuestos de los estadounidenses vayan a parar a cuentas personales de Cristiana Chamorro?
Se ha criticado el nepotismo de la familia Ortega. Supongamos entonces que son costumbres oligárquicas no desaparecidas. ¿Se debe entonces pasar por alto que la familia Chamorro (Carlos Fernando, Cristiana, Edgar, Jaime, Juan Sebastián, antes Xavier...) esté en mucho de la oposición, viniendo de un apellido que le ha dado varios presidentes a Nicaragua?
¿Nicaragua se compara con qué, con Honduras con una familia presidencial metida en el narcotráfico -de acuerdo con fiscales estadounidenses- y ganadora de elecciones con fraude, al grado que la muy pro-estadounidense Organización de Estados Americanos (OEA) sugirió repetir el sufragio?
Puede que hay quien sugiera que Ortega es abominable por haber "traicionado" al sandinismo, lo cual da para demostrar que no vale la pena defender causas que se presentan como "populares" o incluso, porque es el caso de Nicaragua, como de "socialismo cristiano". El problema es que el presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, no se presentó como narcopolítico, ni presentó como tal a su familia, en especial a su hermana Hilda, ni pidió permiso para robarse el voto, ni para violar la Constitución para reelegirse, ni para recibir dinero de alguien llamado Joaquín Guzmán Loera, ni para incumplir de tal modo sus promesas de campaña que hoy es El Salvador el que en más de una ocasión tiene que acudir en apoyo de los pobres de Honduras.
Ni siquiera es que todo dependa del cristal con que se mire. Tampoco hay mayor honestidad en toda la izquierda que enfiló desde hace rato contra el gobierno de Ortega para salvar el pellejo y no ser acusada de "antidemocrática" Lo que se puede pensar de muchos periodistas y comunicadores es que, muy lejos de la objetividad, escriben para hacerse de amigos, para quedar bien y ganarse favores y para usar sus nombres para "la renta", resultado de "cotizarse". Todo lo enumerado les parece, por "sentido común", más normal que buscar en colectivo alguna verdad, y quieren hacerse de poder, a veces sin darse mucha cuenta de que tienen menos del que creen tener. Como suelen ser montoneros y carecer de criterio individual (lo que no impide ademanes de supuesta "originalidad"), al grado de no buscarse enemigos más que los públicamente designados, son en el fondo los cobardes que nos explicarán que Ortega tiene miedo. Nada de lo descrito tiene que ver con algún oficio, porque no lo hay más allá de entrenamiento para la escritura, y ni siquiera con alguna ideología abiertamente defendida y explicitada. Dejando de lado asuntos de ética, no se trata más que del arte de saber "venderse" buscando la mejor "marca" (la "Democrata", incluso más que la democrática) y viéndolo como lo más natural, lo que no indica más que una forma de proletarización en los medios de comunicación masiva, así no aparezca como tal entre las ínfulas y el ruido. Estando en medios privados, es de suponer que se dan cuenta de que están vendiendo su fuerza de trabajo, bien pagada, y deben conocer la regla más elemental: la patronal espera que le dejen un "plus", alguna ganancia. Quien debe saber del asunto es el escritor mexicano Enrique Serna, en detrimento suyo y porque no se aguantó de anacoreta. Quienes oyen a los infantes entonando esta canción -clásico ganador del concurso OTI en 1977-son Rosario Murillo y Daniel Ortega (da click en el botón de reproducción).
El latinoamericanismo y más de un latinoamericano tienen con frecuencia una "idea" extraña de la política francesa, lejos del laicismo, el republicanismo y las conquistas sociales. La moda, ahora, es hacerle como Isabel Turrent, Jean Meyer y otros en México: pegarse del presidente Emmanuel Macron, colocado en el puesto por la alta finanza, para contrarrestar lo que es presentado erróneamente como el "fascismo" y la "extrema derecha" de Marine Le Pen, del Reagrupamiento Nacional (RN). Decir que fue puesto en el cargo no es ningún complotismo. Ya se ha probado que Francois Fillon, rival de centro-derecha, (Los Republicanos), escéptico ante la Unión Europea (UE) y contrario al multiculturalismo, fue sacado de la carrera presidencial con escándalos judiciales no muy claros y una Justicia corrompida, según lo denunció en un libro el abogado Regis de Castelneau, con pruebas. Por lo general, se tiene la "idea" de que un país desarrollado no puede ser corrupto, como si los negocios fueran garantía de limpieza. Los Demócratas en Estados Unidos muestran lo contrario, al grado de llegar a la estafa completa, pero que el mandatario estadounidense Joseph Biden lo sea no cabe en una cabeza del Sur.
De esta manera, un diario de mala fe permanente y torcido como el argentino Página 12 se entristece de que Macron haya sido recientemente abofeteado en público cuando el presidente francés hace rato que no tiene mayor idea de su investidura. ¿Alguien le conoce a Macron alguna política, en el sentido amplio del término? Ni siquiera se trata de éso, sino de hacer maniobras para estar en el "centro" inventándose extremos, uno de ellos Le Pen. Otra manera de hacerlo es pegarse de Jean-Luc Mélenchon, de la Francia Insumisa y ex socialista, o de lo que pueda quedar del Partido Socialista (PS), con añoranza de una personalidad tan hipócrita como la del mandatario Francois Mitterrand. A éste se le debe la ingeniosa maniobra de haber colado al entonces Frente Nacional para, a cada ocasión, blandir la amenaza del "fascismo" para recorrer el voto al centro. Ninguno de los provincianos que juegan así a la política, convertida en politiquería, como en Página 12, sabría en realidad argumentar por qué Francia debe estar o no estar en la UE. Para lo que está es para "maniobrar al centro" y acoger inmigrantes, sin reparar siquiera en cómo ésto último es el deseo de la patronal, no de los trabajadores presionados por este ejército industrial de reserva. Hay cosas todavía más lastimosas, como la atribución por Página 12 de un intento de asesinato contra el líder francés Charles De Gaulle a la Organización del Ejército Secreto (OAS, por sus siglas en francés), siendo que la intentona provino de la Central de Inteligencia Americana (CIA). Hasta ahora, estos provincianos, recogiendo el discurso libertario y antiautoritario sin preguntarse por su origen, no parecen haber reparado en que fue el gaullismo el que se opuso a Estados Unidos y le tendió con frecuencia la mano al Tercer Mundo. En cambio, los socialistas se han destacado por su afición a Washington, capital estadounidense, y tienen en su pasado más de una mancha colonial (como en Madagascar o Indochina, por ejemplo con Paul Ramadier). Los socialistas no resistieron contra la ocupación nazi, sino que algunos colaboraron, como el mismísimo Mitterrand, pero en realidad no es Francia la que cuenta, más allá de algunos estereotipos (La Piaf, "Charlot la Sensualité", los paraguas de Cherburgo y el amor en Pigalle, o Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir), sino "la maniobra al centro".
Después de todo, para más de uno el modelo pudo haber sido el periódico de izquierda Libération. No falta quien vea en la Comuna de París, de 1871, "los orígenes del totalitarismo" comunista, apoyándose para bibliografía, con elecciones siempre tan provincianas, en alguien como Jacques Attali. Después de todo, Attali, gran asesor de Mitterrand, fue mentor de Macron. Es Attali quien le recomendó a Mitterrand dejarse de izquierdas. Attali es el propagandista de lo que algunos llaman "neoliberalismo" y un europeísta al grado, como Macron, de estar dispuesto a pasarle encima a Francia. Pero desde luego que aparece como el campeón de la maniobra, sobreviviente de muchos virajes. Es todo lo que cuenta, y en particular la trayectoria de Francia como enésimo asunto de poder. He aquí a Attali (foto) cuando no está de simpático. Hay que saber estar al centro, incluso cuando el centro se ha recorrido. A la derecha, por ejemplo.
El estadounidense es un ser muy cuidadoso con su dinero y el destino que le da. Vigila hasta el último centavo de sus impuestos.
Vamos por pasos. La oposición nicaraguense no pasa de un dígito en las elecciones, salvo que se una y se acerque a un 20 %, mientras que el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, con el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), tiene un núcleo duro invariable de votantes del 40 % e intención de voto de hasta 60 %. No importa, debe ser la "impunidad de rebaño", como la llaman algunos. Nos debe tener igualmente sin cuidado que esta popularidad pueda deberse a que el gobierno de Ortega abatió de manera muy significativa la pobreza y la pobreza extrema. No nos incumbe, probablemente porque pobres siempre habrá, o algún “argumento”por el estilo.
Ortega ha estado en los últimos tiempos arrestando a varios líderes opositores, incluyendo, para gran escándalo del periódico mexicano de izquierda La Jornada, a dos comandantes sandinistas históricos, Hugo Torres y Dora María Téllez. Que estos hechos hayan tenido lugar al amparo de la Ley de Agentes Extranjeros tampoco importa. De seguro Ortega se hizo leyes a modo para perseguir a sus opositores.
Ya que al unísono con Estados Unidos hay que estar en la hipérbole y el superlativo permanentes, Ortega es el "hijo de Somoza", en referencia al dictador nicaraguense Anastasio Somoza, o "el nuevo Somoza", o ¿por qué no? "peor que Somoza". Es dictador, tirano, déspota y, a juicio de la ex ministra argentina de Seguridad, Patricia Bullrich, fascista. Bullrich es una referencia segura: alguna vez peronista y hasta montonera, terminó admirando abiertamente a la Central de Inteligencia Americana (CIA) y permitiendo la operación en Argentina de la DEA estadounidense (Administración para el Control de Drogas, por sus siglas en inglés). No es algo que importe: se está en un sistema capitalista y cada quien es libre de vender su fuerza de trabajo a quien mejor le parezca o le pague. Nada fuera de lo normal, salvo Ortega y su alucinante mujer, Rosario Murillo, vicepresidenta de Nicaragua y admiradora de Sai Baba ( bueno).
Como todo es asunto de dinero, nos podemos comprar Nicaragua si nos place, que al fin y al cabo la "soberanía" es cosa pasada de moda. Es así que la USAID (Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional) y en menor medida el Fondo Nacional para la Democracia (NED, por sus siglas en inglés) invirtieron en una causa tan noble como la de instruir en democracia y antiautoritarismo a organizaciones no gubernamentales y medios de comunicación masiva en Nicaragua. De hecho, Estados Unidos siempre está en causas buenas, como lo estuvo con el patrocinador de la Contra nicaraguense, Edgar Chamorro (de la gran familia Chamorro) en los '80, hasta que este señor declaró que ni los rebeldes ni la CIA que los apoyaba podían lograr mucho.
Carlos Fernando Chamorro ha recibido grandes cantidades de dinero para su emporio mediático, que incluye Confidencial, con apoyo del NED, a través de las empresas Invermedia y Promedia. Este otro miembro de la familia Chamorro no dudó en 2018 en instigar al golpe de Estado contra Ortega. Carlos Fernando Chamorro dirige también el Centro de Investigaciones de la Comunicación (CINCO), financiado desde España y con ayuda de la activista opositora Sofía Montenegro, quien junto con líderes del Movimiento de Renovación Sandinista (MRS) no han dudado en reunirse con la embajada, la de Estados Unidos, se entiende. Ahora el MRS es la Unión Democrática Renovadora (UNAMOS), y seguramente se puede entrevistar con la embajada de su preferencia, puesto que la democracia es para "los derechos y las libertades". Montenegro ha recibido generosa ayuda de la USAID para trabajo mediático contra el gobierno de Ortega. Por lo demás, otro periódico opositor, La Prensa, está en manos de Jaime Chamorro, tío de Cristiana Chamorro, hija, como Carlos F., de Violeta Barrios de Chamorro, quien fuera presidenta de Nicaragua luego de la caída de Ortega en 1990. El gobierno de la viuda de Pedro Joaquín Chamorro, doña Violeta, fue el de una gran regresión social en Nicaragua, incluyendo la caída del país en las redes del crimen organizado (con todo y narcotráfico), hasta tener una de las tasas de homicidios más altas del mundo. No hay nada de lo anterior con Ortega, pero en este punto es donde, como acostumbrado, ya no importa mucho reparar en quién se escoge de aliado.
En efecto, Cristiana Chamorro, recientemente detenida en Nicaragua bajo la acusación de lavado de dinero, ha presidido la Fundación Violeta Barrios de Chamorro para la Reconciliación y la Democracia, o simplemente, Fundación Chamorro. Seguramente hay gente a quien no le importe que medios opositores, como 100% Noticias, hayan tenido en 2018 a periodistas en los "tranques" (barricadas) llamando abiertamente al levantamiento armado contra Ortega, como ocurrió con Lucía Pineda, entrenada por cierto en Estados Unidos en el Comando Sur. Esta empresa fue financiada por la USAID a través de la Fundación Chamorro. Todo limpio, al parecer: se financian por igual movimientos LGBTTTIQ+, de indígenas y feministas. Y derrumbar a Ortega suena de lo más noble. Es el bien contra el mal, así de sencillo, sin que se necesite demostrar nada.
El problema es que parte del dineral de Washington, capital estadounidense, para la Fundación Chamorro ni siquiera fue a parar a la instigación callejera al levantamiento, sino a los bolsillos de Cristiana Chamorro. La Oficina del Inspector de la USAID admitió en un memorando interno que no hubo una revisión externa por pares de la auditoría hecha a la Fundación y no se cumplieron con las normas de Auditoría Gubernamental Generalmente Aceptadas (GAGAS) que emplean los estadounidenses. Unos 30 millones de dólares se fueron en pagar a delincuentes para el fallido golpe blando de 2018, pero hay más dinero que no se sabe en qué paró. Tuvo que entrar el Departamento de Justicia de Estados Unidos, donde creció Cristiana Chamorro, para tratar de salvarle la cara argumentando que nada fue a parar a sus bolsillos, pese a las dudas de la propia USAID. Dicho sea de paso, Cristiana Chamorro es vicepresidenta de La Prensa. USAID estuvo ayudando a este periódico. Lo que estuvo haciendo Cristiana Chamorro fue usar dinero estadounidense no para fines tan nobles, sino para enriquecerse ella y su familia. Todo sin ningún "conflicto de interés". Tal vez no sería del agrado de los contribuyentes estadounidenses conocer de las tendencias al robo de la gran familia Chamorro. Hace poco, Juan Chamorro García estuvo pidiendo más sanciones de Estados Unidos contra Nicaragua, y más dinero del que recibe, entre otros canales por la Fundación Chamorro, de su prima.
Para el resto, la USAID instruyó directamente a "grupos de la sociedad civil" nicaraguense en técnicas para derrocar al gobierno, incluyendo el programa Dexis/Chemonics (empresa con fines de lucro especializada en operaciones de desestabilización e inteligencia). De paso (y otra vez para el dinero de los contribuyentes estadounidenses), se compraron boletos aéreos a Estados Unidos para consultores y personal de toda esta maraña de "grupos de la sociedad civil" . También se utilizó la "causa de las mujeres": la Fundación Chamorro apoyó a "mujeres líderes de la oposición" con donaciones de grandes corporaciones como CitiBank. El programa Vital Voices llegó a promover el avance de la mujer "como un objetivo de la política exterior de Estados Unidos". USAID se asocia con grupos como Chevron, Coca-Cola, Goldman Sachs, IBM y Walmart.
Es de esperar que todo lo enumerado se haya tratado de una compra y no de un soborno, porque no es exactamente lo mismo. Como consejo, los estadounidenses deberían volver a su tradición de ahorro y no despilfarrar su dinero para llenar los bolsillos de oligarcas poco probos y adictos al fomento de la delincuencia. El empresario opositor Arturo Cruz fue aprehendido el 5 de junio por llegar a Estados Unidos con una gran cantidad de divisas no declaradas. El 8 de junio le pasó lo mismo al opositor Félix Maradiaga, Aspen Fellow educado en Harvard y receptor de dinero del NED, además de haber sido grabado en 2018 con manifestantes armados. Por cierto: la ley de Agentes Extranjeros existe en una forma parecida desde hace 83 años en Estados Unidos. El Consejo Supremo Electoral nicaraguense incluyó reformas electorales sugeridas por la Organización de Estados Americanos (OEA) y un tercio de sus miembros son ajenos al FSLN. El organismo es de mayoría femenina e incluye a indígenas y negros. La que sigue es una clásica nicaraguense (da click en el botón de reproducción):
El surgimiento de un presidente como Nayib Bukele en El Salvador se debe en parte al hecho de que la oligarquía no tuvo tiempo de convertirse en verdadera burguesía, así que prefirió aliarse con el capital transnacional que, en el caso salvadoreño, para colmo suele ser colombiano (por lo demás, la moneda salvadoreña es el dólar). En el país centroamericano, el capital colombiano está metido por ejemplo en la telefonía (grupo Del Sur), los fondos de pensiones (AFP Protección), los seguros (grupo Sura), o la banca (banco Agrícola, banco de América Central). La oligarquía local se acantonó en la construcción de vivienda, centros comerciales y hoteles, luego de deshacerse de activos importantes en líneas aéreas (TACA), la cementera CESSA, la empresa La Constancia (cervezas, gaseosas, jugos, agua, etcétera...) y otras. Curiosamente, el grupo Simán, ligado al periódico digital El Faro, está metido en la construcción de viviendas, centros comerciales (La Gran Vía y Galerías), almacenes y maquiladoras, Estados Unidos decidió apostarle a esta oligarquía reconvertida a la alianza/fusión con capital transnacional, en un país que ya no es el del café y el algodón.
La burguesía emergente que enfiló con Bukele se encuentra en otros sectores: comida rápida, agencias de publicidad, procesamiento de basura, cultivo y exportación de azúcar, turismo.... La emigración masiva a Estados Unidos ha acompañado la crisis del café. Los sectores populares tienden a encontrarse ligados al comercio, el sector informal, y la industria maquiladora. Hace tiempo, desde que terminaba el conflicto armado de los años '80, el líder del Partido Comunista Salvadoreño (PCS), Shafick Jorge Handal, había afirmado que El Salvador se había convertido en un país de servicios. La informalidad podría alcanzar hasta casi el 75 % de la población económicamente activa. La clase media no representaría más que el 20 % de la población. En todas estas condiciones, y más a falta de aportes teóricos nuevos, es muy difícil ubicar a los grupos interesados en alternativas a la oligarquía, aunque finalmente logró abrirse paso la burguesía emergente con Bukele, llegando a estar dispuesta a roces con Estados Unidos, a mandar a volar a la Organización de Estados Americanos (OEA) y a tender puentes con China. No está de más señalar que Bukele ha asumido cierto liderazgo regional, al menos en el triángulo norte de Centroamérica (El Salvador, Guatemala y Honduras), llevando ayuda a Honduras, incluyendo vacunas contra la Covid 19. Bukele es mucho más popular en Honduras que el presidente de este país, aunque al mismo tiempo el presidente salvadoreño no ha hecho buenas migas con Venezuela ni con Nicaragua.
Al parecer, entre los defensores de "los derechos y las libertades", los "pesos y contrapesos" y La Gran Democracia no hay mayor preocupación por los vínculos de la oligarquía con negocios turbios: la ex primera dama Ana Ligia de Saca, por ejemplo, acaba de ser condenada a 10 años de prisión por lavado de dinero, durante la gestión de Elías Antonio Saca (de la ultraderechista Alianza Republicana Nacionalista, ARENA), precedida del malversador de donativos de Taiwán (Formosa), Francisco Flores (también de ARENA). La ultraderecha tenía hasta hace poco pactos con las pandillas ("maras") que no levantaron ninguna indignación internacional. Norman Quijano, ex asambleísta, ex candidato presidencial y ex alcalde de San Salvador, capital salvadoreña, está hoy prófugo y acusado de fraude electoral, pero también de agrupación ilícita, con pandilleros. Quienes les hurgan a funcionarios del actual gobierno el menor nexo con las pandillas -como a Mario Durán, actual alcalde de San Salvador, por asuntos de 2015- no parecen tan incómodos con las acusaciones formales contra Quijano. A juzgar por otro ex alcalde de ARENA en San Salvador, Ernesto Muyshondt, quien recientemente buscó la reelección, parecía la regla de la oligarquía pactar con la delincuencia, aunque también lo haya hecho a su modo, en la presidencia de Mauricio Funes, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, con "La Tregua". En todos esos tiempos, los actuales grandes críticos no tuvieron mayor incomodidad en ser gobernados por delincuentes. Dejemos de lado los fraudes: como lo han demostrado quienes apoyan en México a Acción Nacional, es cosa que no les importa demasiado, "haiga sido como haiga sido", y aunque lo haya reconocido alguien como el ex gobernador de Tabasco y acérrimo enemigo del presidente actual, Andrés Manuel López Obrador, el señor Roberto Madrazo Pintado. Que López Obrador sea legítimo y que Felipe Calderón sea ilegítimo no interesó, aunque desembocara en un claro narcoestado, algo que no es el caso del gobierno mexicano actual, salvo que alguien tenga pruebas de lo contrario. En fin, que se le ha estado hurgando a Bukele, desde un periodismo financiado y apoyado entre la oligarquía y el capital transnacional (George Soros y otros), lo que no molestó en ARENA. Primero delincuentes que soltar el poder, el micrófono o la pluma (o la cuenta de Twitter). En fin, como se estila decir en México, hay gente a la que le gusta ser amante de lo ajeno, o que en todo caso no lo nota cuando pudiera hacerlo.
Dicho ésto, la izquierda no tiene qué proponer por lo pronto más allá de los derechos LGBTTTIQ+, para estar a la par de El Faro conmovido por los trans y la homosexualidad entre maras, mientras está con el clan Simán y tocando a las puertas de Estados Unidos. Quien lo hubiera dicho que algunos sacarían del clóset al señorito -o tiburona d'Aubuisson- que llevan dentro, dicho sea en el sentido del oligarca y sus modos. Entretanto, Bukele ha seguido innovando, ya se sabrá si con riesgos o no, al introducir una criptomoneda con curso legal en El Salvador, para favorecer el envío de remesas (evitando intermediarios), y para la la inclusión financiera del enorme sector informal (70 % de la población salvadoreña no tiene cuenta bancaria). Iniciativas no faltan. Como Bukele tiene un 90 % de aprobación, está a decidir entre algo así como Norcorea, que es lo que debe creer cierta imaginación muy fértil, o delincuencia de cuello blanco+de marginales, dada la estructura social de El Salvador. Algo de folklore a la antigua de El Salvador (da click en el botón de reproducción y declárate prófugo en nombre de "las libertades").