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lunes, 28 de noviembre de 2022

AQUÍ SE VALE DE TODO

 El tirano mexicano Porfirio Díaz (era más propiamente un tirano que un dictador) utilizó el pretexto de "injurias contra el presidente" para encarcelar en su momento al opositor Francisco I. Madero. Esto lo recordaba hace poco la señora de López Obrador, actual mandatario de México. Señora intocable, por cierto, para la oposición.

     López Obrador lo dijo en su más reciente celebración, otra vez como activista y no considerando mayormente su investidura, y es cierto: México es un "país de libertades" y entre ellas está garantizada la de "disentir". Vamos, hay libertad de casi cualquier cosa, hasta para la transgresión. Tan es así que la señora declaró a través de un tuit que "las ofensas al presidente son parte de la tolerancia y la pluralidad gubernamental".

     En la actualidad son tales las libertades que se puede decir cualquier cosa sin siquiera responder por lo dicho, que está hecho para "impactar" y no para ser respaldado por hechos o para asumir consecuencias. Es uno de los grandísimos logros de los medios de comunicación masiva. Una ofensa es algo fuerte: tiene una connotación de insulto, injuria, daño y, lo que es más, humillación. Pero ahora "perdonamos a quienes nos ofenden", en un país donde la gente con dinero y poder no duda de nuevo en humillar al que es considerado inferior, lo que antes se manejaba con cierto cuidado para "no despertar al México bronco". Gracias a que éste despertó hace rato, al parecer se vale ofender y se debe tolerar, aunque la señora habló por su espíritu sesentaiochero y no por su esposo, quien alguna vez en el sexenio salió a defenderla de una de las raras ofensas de las que fue objeto. Por lo demás, en la ofensa se descalifica, lo que cierra la puerta a cualquier debate. En suma: la señora escritora e investigadora desconoce el significado de lo que dice, puesto que implica que al ofender se cancele el debate que en principio es propio de una democracia, al menos que no sea más que una "conversación pública", es de esperar que no al estilo del programa radial "La corneta". Lo que quiso hacer la señora es darse aires de gran demócrata, sin importar el contenido de lo dicho. La cosa es impresionar, crear impresión.

     Y es que impresionar es lo que predomina cuando mandan los medios de comunicación masiva. No se escapa López Obrador: el AIFA (Aeropuerto Internacional Felipe Angeles) es "el mejor aeropuerto del mundo" , el Tren Maya es "el tren más largo del mundo" y el programa "Sembrando Vida" es el proyecto contra la desforestación "más grande del mundo". Cosa del "humanismo mexicano" -que no se tratará de entender-, ahora se habla como gringo: todo es "mega", "súper" y friki, un asunto "monstruo", de la misma manera en que la oposición y sus medios tratan de demostrar que México está "peor que nunca" y ante una corrupción si no igual, entonces "peor que antes": López Obrador es un mega-súper-friki-autoritario, un sediento "monstruo de poder", adornado como "seráfico doberman" o como "sicofante". El contenido es lo de menos: hay que "impresionar". Algunos hablan de tal manera que parecen ya no poder salir de la fuerte impresión que tienen de sí mismos: Carlos Loret de Mola sin reparar en que casi da chillidos, o Jorge Ramos arrastrado por su ritmo de AK-47 verbal, al grado que las palabras se enciman unas con otras hasta irse tropezando; Fernando del Rincón es el típico que cree que en los ojos claros está inscrita una licencia para la prepotencia y hablar desde el Olimpo. !Qué impresionante! Se vale difamar, calumniar, etcétera, sin responder por nada: al fin y al cabo, como lo quiere la señora, se está en la tolerancia. Hace tiempo, el marido entendía cierta diferencia: tolerar puede ser válido si está incluido el respeto, pero ya se olvidó que "la forma es fondo", y se envidia al gringo en su aspecto desvergonzado. Defenderse de un sinverguenza es "ser autoritario".

     Como de lo que va es de estilo de Estado Libre Asociado, a la desverguenza se suma algo más bien asimilado del exterior: la "negligencia benigna", parte curiosa del nuevo estilo del "humanismo mexicano" en algunas dependencias. "Di lo que quieras, no puedes hacer nada", así que, en serio, sigue discurriendo, más en una sociedad que, así esté americanizada, sigue creyendo en el carácter mágico de la verborrea. "Di lo que quieras, los medios de comunicación están conmigo", así que "!no pasarás !"; o dí lo que quieras, "el pueblo está conmigo y !no pasarás!". Tolerarte es verte la cara. No es la actitud presidencial, que es frontal y respeta si reconoce en el otro a un interlocutor, así sea en conflicto. Es algo muy distinto de afirmar que se permite ofender, es decir, que se tolera la transgresión del mínimo respeto debido (Loretito es el rey de la transgresión). Todo montado sobre añejo (da click en el botón de reproducción). !Me ofenden porque me envidian!



sábado, 26 de noviembre de 2022

AHORA, EL BREVE ESPACIO EN EL QUE ESTÁN

 El camino de las armas puede parecer al mismo tiempo el más difícil y fructífero, porque es semillero de héroes y mártires. En estas fechas, por diversos motivos, cubanos y gente cercana a ellos no ha dejado de vanagloriarse de lo logrado pese, se entiende, a que "los dogmas" y "la ortodoxia" (del Partido Socialista Popular -comunista) indicaban un cambio pacífico. Seguramente más de un comunista podía estarse equivocando antes de 1959, año del triunfo de la Revolución Cubana, al creer en una "alianza con la burguesía" cuando América Latina, por decirlo de alguna manera, estaba más atrasada que éso, no habiendo tales "burguesías".

     Al mismo tiempo, salvo en el caso de Nicaragua en 1979, y en una experiencia distinta de la cubana, no hubo triunfo de las armas en América Latina después de 1959. No lo hubo a pesar de que hasta ahora se recuerde con bien a quien promovió guerrillas un poco por doquier en la región, Manuel Piñeiro. Las visiones distanciadas existen, pero no por parte de los cubanos, que nunca supieron explicar a cabalidad tanto fracaso en las intentonas armadas, ni los muertos que provocaron, a la izquierda. En vez de un mínimo de crítica, lo que se distingue es el espíritu sesentaiochero y la costumbre de reiterar en el anticomunismo. Publicado en el portal de Alainet, el artículo "Fidel y el marxismo de la Revolución cubana: rebelión contra los dogmas", entronca muy en el estilo del 68 al concluir que Fidel dejó "como lección eterna de incalculable valor que para una revolución lo más sensato y recomendable , es decir, lo mejor, será siempre luchar por lo imposible".

     Ser héroe se convierte en fuero: no se puede pedir explicación del fracaso de tantos movimientos armados en América Latina. Tampoco se puede pedir explicación de que en algún momento alrededor de los '80 Fidel prometiera la llegada de un comunismo que no se produjo. Nadie le señaló al héroe su incansable quijotismo, al grado de retratar a la América Latina como un lugar de "volcanes en erupción" frente a la deuda externa que acabó pagándose varias veces. Tampoco se entienden las fallas reiteradas del "profeta" de los No Alineados que pronosticó lo que nunca llegó para el Tercer Mundo. Como lo muestra el artículo citado, de Marx y Lenin, Fidel no conocía demasiado. Es así que, hay que recordarlo, Fidel Castro terminó por decir que se hablaba de "socialismo" sin que nadie entendiera de qué se hablaba, según las propias palabras del héroe. Viene a cuento porque, pese a la voluntad mayoritaria de los cubanos, de socialismo no se habla casi entre intelectuales e incluso dirigentes políticos de la isla. De lo que se habla más es del levantamiento del bloqueo (que es un embargo), arma de dos filos. Y, claro está, de José Martí. Nunca se dice lo que dijo Martí de Marx al morir éste, acusándolo de propagar "el odio". Algunos autores poco tomados en cuenta para discutir han hecho notar las diferencias entre Marx y Martí, y lo que podría llamarse la manía del "suplemento de moral": alguna frase edificante del apóstol como sustituto regular del análisis. Vamos: pueden existir frases, pero no hay pensamiento de Fidel Castro porque era un hombre de acción -y de mucha palabra- poco dado a la teoría. Para ser más concretos, a diferencia de Stalin, que dejó así fuera de manera didáctica varios libros, Fidel no dejó más que discursos y frases hechas para la Historia. Ni siquiera algo como el "pequeño libro rojo" de Mao en China. Seguramente no sea fácil teorizar cuando en la práctica, junto a logros indudables, se tienen también errores que no se quiere abordar y no se hace más que reclamar adhesión incondicional. Lo que hace Cuba con Fidel y Martí llama la atención entre gente que, por antisoviética, anticomunista o las dos cosas, seguramente jura detestar el "culto a la personalidad".

     Pero aquí viene un viejo asunto que más de un intelectual cubano no puede dejar de sacar hasta hoy, que no ha pasado el anticomunismo. Decía de los comunistas de su tiempo el Che Guevara: "son capaces de crear cuadros que se dejen despedazar en la oscuridad de un calabozo, sin decir una palabra, pero no de formar cuadros que tomen por asalto un nido de ametralladora". Bueno, Stalin afirmaba: "es más fácil fusilar que poner a trabajar", y Raúl Castro se despidió del secretariado general del Partido Comunista de Cuba diciendo que, al parecer, la isla es "el único lugar del mundo donde la gente piensa que puede vivir sin trabajar". Llegará el momento de que los "rebeldes" tengan que rendir cuentas sin tener a la mano comunismo al que culpar. Porque son décadas de los mismos problemas que no se resuelven en Cuba y que se tapan con "ideología", cuando no es pura fraseología. La fama latinoamericana de la promesa que se queda en puras palabras es algo que ha logrado trascender a la región. Primero tomar un nido de ametralladora que trabajar, salvo que sean tiempos que se están yendo. Por cierto, ¿cómo ha podido haber tanto oportunista con la muerte de Pablo Milanés, "Pablito" para los de la isla y allegados, encontrándose al lado de los homenajes de The Washington Post y The New York Times, sin tapujos?¿O es que sigue escondido que algunos en la isla no piensan diferente de lo que Milanés decía abiertamente, al punto de declarar que el sistema cubano había fracasado? Es muy gracioso hacer el balance de los comunistas: falta todavía un poco para hacer el de los "nacional-populares", hoy en el extremo centro y en la frecuente deshonestidad (como el presidente venezolano Nicolás Maduro hablando de socialismo en su país), y haciendo lo que los "demócratas liberales", descalificar al menor desacuerdo, impidiendo todo debate. Queda el "poeta de lo cotidiano" (da click en el botón de reproducción).



miércoles, 23 de noviembre de 2022

A LA QUE FALTA

No es tan difícil entender la repercusión internacional por el reciente fallecimiento del cantante cubano Pablo Milanés, de la Nueva Trova. Ante todo, la izquierda no se aleja de las costumbres de otros, que declaran a sus amigos y preferidos "indispensables", así que Eugenia León, cantante mexicana, decidió que Milanés es un "imprescindible".
      Milanés se había alejado de la Revolución Cubana, a la que criticaba con argumentos más bien simplones, entre otras cosas despotricando contra "la ortodoxia" y la "generación histórica". No es que no se deba criticar, pero el también trovador Silvio Rodríguez, por ejemplo, suele ser menos trivial: recientemente pidió que a los jóvenes se les bombardee menos de "tanta ideología", asunto éste en el que el oficialismo cubano es insoportable, repitiendo a diestra y siniestra lo mismo. "Cuando oigo hablar de cultura, saco a Martí y a Fidel", podría ser el lema.
      Milanés dijo haber estado en "campos de concentración" (las UMAPS, Unidades Militarizadas de Ayuda a la Producción), pero no lo eran, sino que se trataba de campos de trabajo forzado: no es agradable, pero no es lo mismo. Lo que siempre fue ocultado es por qué Milanés fue a parar allí, porque no se trataba de selección al azar. ¿Por qué nunca se dice todo?
     En gustos se rompen géneros y hubo, hasta cierto punto, varios Pablo Milanés, desde el comprometido de "Yo pisaré las calles nuevamente" hasta el que supo recrear con gran gusto la música cubana tradicional en Filin y álbumes hermosos como los de Años. Había en ésto raigambre popular.
     Al mismo tiempo, en los años '80, Milanés acompañó con su música el reflujo de la izquierda y el retiro a "la vida cotidiana", de lo más clasemediero y desde luego que opuesto, diríase posmodernamente, a los "grandes relatos". Ahí sí, el señor se volvió grande, opacando al resto de la Nueva Trova, incluido Silvio Rodríguez. Ya no había que ocuparse de transformar el mundo, sino del hecho de que "todavía quedan restos de humedad/sus olores llenan ya mi soledad". No era necesario ser de izquierda para "El breve espacio en que no estás", ni para "Yolanda", así que hasta Margarita Zavala le pudo dedicar a Felipe Calderón, el ex presidente mexicano de derecha (Acción Nacional), unas palabras de Milanés, de la canción "Amor". Milanés terminó siendo, así, básicamente patrimonio de las clases medias latinoamericanas y sus lugares comunes sentimentales, hasta con el grupo Maná (Querido Pablo). Nunca se ha hecho un álbum intitulado Querido Silvio, porque era seguir con el "gran relato", por ejemplo en "El necio". Si acaso quepa lamentarse de que Silvio Rodríguez haya decidido llevar la fiesta en paz con su hijo disidente en Estados Unidos, Silvito El Libre, pero no mucho más. Por quedarse en la isla, Silvio Rodríguez ha dejado en claro que no es "Silvio El Preso". Ni está tan preso, ni Silvito es tan libre.
     Milanés debutó después de todo con el soporte de la Revolución, pero no le fue leal, y no es "miserable" recordarlo. Lo que sí lo es consiste en encumbrar a Milanés no nada más por ser "víctima" de una Revolución y criticarla, sino por encarnar, a fin de cuentas, una "libertad de escoger" muy "neoliberal", sesentera y clasemediera. "No ha sido fácil", cantó alguna vez Milanés. Pero no está de más preguntarse de nuevo por qué no hubo nunca un Querido Silvio. No era la Revolución Cubana, que lo enalteció, lo que atraía en Milanés, si es que es posible discrepar, en vez de ponerse a comulgar en la supuesta evidencia de un "imprescindible", otra imposición, y por ende de ideología (da click en el botón de reproducción, de la serie cubana "Algo más que soñar").


lunes, 21 de noviembre de 2022

PERMITIDO TRANSGREDIR

 El movimiento feminista y el de la reivindicación de la homosexualidad tienen una manera de plantarse que no permite el menor debate ni razonamiento. Quien no esté de acuerdo con estas prácticas se vuelve automáticamente misógino u homófobo, cuando no "incitador al odio", como si por lo demás hubiera derecho de gobierno sobre los sentimientos de los demás (prohibición de detestar, en este caso). Lo bochornoso es que la izquierda, supuesta heredera de la razón, asuma esta manera de plantear las cosas. Dejemos en claro que no se trata de perseguir a nadie, a diferencia, hay que hacerlo notar, de quienes están dedicados a hostigar al varón blanco heterosexual.

      Como en su momento lo señalara el simpatizante comunista Michel Clouscard, el "comunitarismo" homosexual (y lésbico) es una negación de la mujer, la mitad de la Humanidad: está remplazada por "el otro" en la relación homosexual y por su "doble" en la lésbica. Lástima, sobre todo que el paquete viene envuelto en "derecho a la diferencia" que, nótese bien, en ambos casos se le niega a la mujer.

     El asunto de la homosexualidad es algo complejo, no simple cuestión de preferencia. ONUSIDA mostraba hace algunos años lo siguiente sobre la relación sexual entre varones: "la identidad sexual difiere del comportamiento sexual. Muchos hombres que mantienen relaciones con otros hombres no se consideran homosexuales. En varias sociedades, la forma en que esos hombres consideran su identidad sexual viene determinada por su papel en el coito anal, es decir, si son el penetrador o el receptor. En esas sociedades, muchos VSV (varones con relaciones con varones) se consideran completamente heterosexuales si su papel es exclusivamente de penetración en el coito anal". Es una buena manera de poner en riesgo de infección a la mujer si se está casado, por ejemplo, y se es en realidad bisexual. La visión descrita es frecuente, según ONUSIDA, en América Latina y Africa (septentrional). En México existe la expresión "macho calado, macho probado": si no le gustó al varón ser penetrado, está listo para entablar una relación con una mujer. Dado que se asocia varón con "activo" y mujer con "pasivo", el segundo caso es el de un objeto, sea mujer u hombre. Así se inicia más de uno a la homosexualidad. No se ignora en lo absoluto el ingrediente de humillación para el "pasivo", pero no se difunde nada en el feminismo o en la reivindicación de la homosexualidad que rechace esta connotación de violencia, que un varón rara vez desconoce. El asunto es muy poco amoroso. Está ligado al machismo, y tampoco es ignorado que homosexualidad y machismo son las dos caras de una misma moneda, con frecuencia. Sin embargo, no es algo que se discuta, de la misma manera en que, nótese bien, no existen campañas de erradicación del machismo, dejando de lado unos cuantos perdidos "talleres de masculinidad", ni siquiera en regiones tan violentas como América Latina. Si está de por medio una relación de poder, no es difícil pensar en homosexualidades y lesbianismos resultado de relaciones familiares en las cuales ha primado este tipo de violencia y de roles, incluso socialmente admitidos, aunque sean después de todo más disfuncionales que un divorcio o una madre soltera. Seguimos en todo lo que es tabú al mismo tiempo que se permite la liberalización de las costumbres. Se puede transgredir, está negociado, pero no cambiar.

     Curiosamente, los homosexuales no pueden ser responsables de la propagación del SIDA (Síndrome de Inmunodeficiencia Humana), que ahora es de prevalencia mayoritaria en Africa. Los grandes iniciadores son dignos del Imperio Romano en decadencia, pero en Nueva York y San Francisco: si el sistema inmunológico se cae, es por dos motivos, por las fiestas (back rooms) en donde se puede ser sodomizado hasta por un centenar de hombres en una noche y, también, por las fiestas en las cuales los homosexuales se pasan horas en pistas de baile inhalando poppers, una droga euforizante y conocida como "la droga de los gays". Es esta droga, no el SIDA, con el que se puede vivir, la que puede provocar el sarcoma de Kaposi. No existe ninguna campaña que llame a no tirarse el sistema inmunológico en la promiscuidad más desenfrenada, ni a no mezclar sodomía con drogas. Lo que se hace es más bien entrar en lo que se conoce como "negocio de la caridad" (charity business), para ayudar a los enfermos de SIDA. No es que se deba obligar, pero se ha abandonado la educación frente a la "libertad" de cada uno de ser sodomizado cien veces la noche y de bailar con poppers, si le gusta: el espacio privado de cada uno es libre de recibir educación o de no recibirla, sin que se entiendan las finalidades mismas de la educación. En otros términos, se es libre de transgredir porque todo debe estar permitido, si se amplía el consumo: los límites educativos no pueden aparecer entonces sino como "coactivos" y no quedan más que los que fije una ley cada vez más laxa. Permitir en el otro, entiéndase bien, es darse licencia para sí mismo. A lo sumo, saldrá el que alegue que debe ser así "mientras no se dañe a terceros", pésimo lenguaje de leguleyos que quiere decir que "no se dañe a otro" u "otros", para lo que, establecidos los tabús, se crea el mito del gran consentimiento (y su contrapartida, la ley punitiva contra el "acoso"). Consentimiento a la dominación, salvo que se explique de otra manera que el sado-masoquismo haya dejado de ser considerado una patología. No lo aguantan ni las 50 sombras de Grey. ¿No hay nada que decir sobre el consentimiento al sadismo? Vaya.

     Desde luego, de la misma manera en que no hay campañas contra el machismo, tampoco existen contra la conversión de la mujer en objeto, lo que por el contrario se fomenta para vender. Quien haya asistido a una Marcha del Orgullo puede comprobar el resultado: una visión tanto de la mujer como del hombre como objetos y la fiesta de lo grotesco. El tema tampoco se puede abordar (la manera de representarse al hombre y a la mujer en estos "comunitarismos"). Pero no está de más insistir en uno que otro punto: ¿por qué la negación de la mujer?¿y la exhibición de pre-fascismo conductual del hombre?


 

    




sábado, 19 de noviembre de 2022

LA NETA DEL PLANETA

 Una de las cosas mejor logradas por los medios de comunicación masiva predominantes es vender la creencia en "evidencias" científicas, cuando en realidad la ciencia suele ser un lugar más bien alejado de los "consensos", aunque puede establecer verdades incuestionables (claro que si alguien quiere decir que la ley de la gravedad es una narrativa, es libre de hacerlo...). Así las cosas, no cabe mucho espacio para negar el cambio climático, pero la discusión sobre su origen exclusivamente humano  dista mucho de lograr el "consenso": son admitidas las ideas del científico yugoslavo Milutin Milankovic, en el sentido de que las modificaciones climáticas guardan relación con cambios en la órbita terrestre y la inclinación del planeta. Probablemente no haya lugar para escandalizar con el "fin de la especie", lo que no impide buscar racionalizar el uso de los recursos naturales y el hábitat. Lo falso está en que todo es asunto de "descarbonizar" el mundo.

     Cabe señalar que no faltan en el mundo actual ideas extravagantes: que se esté en un "capitalismo cognitivo", según algunos, y por ende dependiente de algo intangible (no se puede "tocar" la mente) no quiere decir que los teléfonos móviles y las computadoras no hayan sido fabricadas por manos muuy concretas y determinados materiales. En este orden de cosas, las energías renovables, por "limpias" que se presuman, deberían al menos evitar competencias algo "sucias" (como ha venido ocurriendo en Bolivia) por el litio, el coltán, el cobre, el cobalto, el silicio o las llamas "tierras raras", salvo que se crea que los vehículos eléctricos o los paneles solares y las turbinas de viento son "intangibles" (!). La jefe de gobierno de la capital de México, Claudia Sheinbaum, puede creer en las energías renovables y los coches eléctricos, sin encontrar ni buscar mayormente la menor solución a los problemas graves de tráfico. Son las delicias de la "felicidad individual que crea la felicidad del mayor número" a las que está pasmosamente reducida la izquierda: que cada uno tenga feliz su coche particular puede resultar en que la felicidad se acaba en embotellamientos de horas, sin que el Estado pueda hacer nada contra los negocios y una clase media "feliz" de ostentar sus carruajes del siglo XXI.

      En este orden de cosas, la "transición energética", algo en realidad más complicado que ponerse a gozar de la tierra, el sol y la mar, está en malas manos y sin planificación de envergadura. El cambio climático como negocio nació en 1988 con Margaret Thatcher, primera ministra británica, a la cabeza, para impulsar la creación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, ligado al Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA): los sindicatos mineros y otros industriales le estorbaban a la "Dama de Hierro". Dicho grupo no es de científicos, sino de "políticos del clima", de la misma manera en que acaba de haber "políticos de las vacunas" negando las controversias sobre algunas de las inyecciones contra la Covid-19. Y las Conferencias sobre las Partes (COP) para el clima no logran aterrizar, salvo para tratar de vender (coches eléctricos, por ejemplo). Estados Unidos se apoderó del Grupo en los años '90 e impuso el Protocolo de Kioto, con Albert Gore al frente y sus "derechos de emisión de CO2" para las industrias. Luego, ya fuera del gobierno, Gore, de la mano con Goldman Sachs y BlackRock, buscó crear la Bolsa del Clima de Chicago. No fue muy lejos, pero Gore se puso a percibir una remuneración por cada intercambio de derechos de emisión de CO2, llenándose los bolsillos a un ritmo muy superior a las transformaciones reales. Redactó los estatutos de dicha Bolsa un jurista: Barack Obama. Por lo visto, los advenedizos Demócratas no supieron perderse ni un negocio. Lo que no queda claro no es el cambio climático ni la necesidad de depredar menos el medio ambiente, para lo que el propio capitalismo encontró la fórmula del "desarrollo sustentable": es la imperiosa necesidad de que ciertos asuntos pintados como de extrema gravedad, suponiendo que en realidad lo sean, queden en manos de grandes negocios, al igual que políticos y dizque expertos puestos a repetir  y ejecutar cin ineptitud, pero además, a la mala. En lo que se intenta una nueva desestabilización de Bolivia (da click en el botón de reproducción).




jueves, 17 de noviembre de 2022

¿HASTA TOPAR CON PARED?

 Ya está anunciada para 2023 una nueva y difícil recesión capitalista, que por cierto no excluye dificultades en China. No es cosa de apocalipsis, sino de tratar de saber cuánto tiempo puede durar un sistema casi único con promesas que no puede cumplir. No se avizoran grandes hambrunas en el horizonte, las pocas guerras que hay son finalmente muy localizadas (como lo es la del Este de Ucrania), las capacidades para tratar con enfermedades avanzan, pese a los intereses de las grandes farmacéuticas (como ocurrió con el negocio de las vacunas en Occidente contra la Covid 19) y tal vez haya que relativizar un poco la creencia del habitante de la Ciudad de México en la existencia de catástrofes climáticas cada vez que el termómetro se desvía de los queridos 20 grados centígrados.

     No es que no haya que avanzar en cuidados del medio ambiente, pero otra cosa es lanzarse a querer resolverle el problema ecológico a quienes han sido históricamente los encargados de dañar el entorno, para volverlos "sustentables" y "limpios", de tan "limpio" que suena frente a la "suciedad" de los combustibles fósiles, que en realidad están para quedarse algunas décadas más. La "urgencia" del cambio a energías renovables es del gran capital financiero, que encarna en gigantescos fondos como BlackRock, seguido de algunos otros (Vanguard, State Street, etcétera). ¿Qué es lo que está sucediendo? Que estos fondos buscan "cambiar la apuesta" recompensando las "energías renovables", pero también castigando y hundiendo la producción de petróleo, carbón y gas, lo que incumbe por lo demás a Rusia, que ofreció otra cosa, sobre todo con el gas, que no es "sucio". No es nada más lo anterior: es también hundir a la industria que depende de estas materias primas, pareciera ser que sin reparar demasiado en las consecuencias sociales. Habría que saber si un asunto tan delicado puede ser guiado por la alta finanza, dispuesta a mover el dinero de "los mercados" y "la confianza" de los combustibles fósiles, castigados, a las nuevas energías, que hasta ahora se han mostrado hasta cierto puno ineficaces, salvo para hacer ciertos negocios.

     La "reconversión" fue planeada desde antes de la crisis sanitaria por la Covid 19, asociando a BlackRock, Naciones Unidas (Agenda 2030) y el Foro Económico Mundial, que trabaja curiosamente mano con mano con el organismo internacional en la Agenda (Cero carbono). El acuerdo está firmado desde junio de 2019.

     El presidente estadounidense, Joseph Biden, se puso de acuerdo desde 2019 con BlackRock para la "transición". El gran asesor económico de Biden, Brian Deese, no es sólo gente de BlackRock: es quien ayudó al mandatario estadounidense Barack Obama a lograr el Acuerdo de París de 2015. Dicho sea de paso, la presidente de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, estaba antes de asumir el cargo en el equipo del Foro Económico Mundial.

     La inflación y la crisis energética no son el resultado de la guerra entre Rusia y Ucrania, sino de decisiones pensadas desde antes para encarecer cierto tipo de energía como preludio para difundir y vender lo que hasta ahora no termina de demostrar su eficiencia. Como no hay en lo descrito conspiración ninguna, sino intereses en juego, confundiendo la "solución" para la alta finanza con la solución para todos, tampoco es seguro que la última receta de unos cuantos sea la panacea, nada más por ser "novedad". Estados Unidos, por lo demás, no se está inclinando por el Green New Deal de manera realmente clara. Si hay Iglesia, ¿qué se gana con ponerla en manos de Lutero? Apocalipsis es el último grito de la moda de ciertos intereses cuyo lema es: "yo, o el diluvio" Lo que viene, por lo pronto, es una nueva prolongación de una crisis económica que data de finales de los años '60, y que quienes contribuyeron a crearla, sacando al mismo tiempo su parte de beneficio, no han conseguido resolver. Suponiendo que sea de su interés y no más bien eternizarse en la "gestión de la crisis" misma. Biden al frente (da click en el botón de reproducción).



martes, 15 de noviembre de 2022

RUSIA EN TROCITOS

 El presidente estadounidense Joseph Biden y su homólogo chino Xi Jinping aprovecharon la reunión Cumbre del G20 en Balí, Indonesia, para reunirse y acordar seguir llevando la fiesta en santa paz. Biden aprovechó para mandar el mensaje de que Estados Unidos "seguirá comprometido en todo el planeta". Nada nuevo.

     Al mismo tiempo, debe saberse que se han ido conociendo mejor algunos de los planes de Occidente contra Rusia. Lo nuevo es que, a la sombra de la Central de Inteligencia Americana (CIA), algunos consideran que podría intentarse la "descolonización" de la Federación Rusa, fragmentándola a partir de la creencia de que los rusos se han impuesto para someter a la miríada de nacionalidades que viven en el inmenso territorio euroasiático. Si antes el halcón Demócrata Zbigniew Brzezinski pugnaba por sacar a Ucrania de la órbita rusa (lo que está en gran medida logrado) y dividir a Rusia en tres partes, ahora la emoción es mucho mayor y no falta quien quiera la completa implosión de la Federación, como lo muestran algunos mapas.


Aquí arriba están dos propuestas. Las comparten líderes occidentales que le han dicho abiertamente al mandatario ruso Vladimir Putin que no hay razón para que exista un país tan grande en el planeta. Al parecer, sería mejor que Rusia hiciera "implosión" con varias esperanzas, a partir del debilitamiento económico y militar: un cambio de régimen, para volver a lo más parecido a los años '90, y la conversión completa de la Federación en una estación de gasolina occidental. Alguna vez el líder bolchevique Lenin quiso prohibir la diplomacia secreta con la idea de que arrastraba a los pueblos a catástrofes que no habían escogido. Lo que se sabe es que el cerco contra Rusia no es inocuo y, si la "implosión" se produjera -lo que es muy improbable-, los sueños de Hitler se quedarían muy cortitos, él que nada más quería llegar al Caúcaso y a lo sumo a los Urales. Pese a que los mapas del desmembramiento de Rusia están y algunos guiones previos también -de Irak a Yugoslavia-, la atención se concentra en Putin y sus supuestas "locuras" e "irracionalidades", seguramente con la creencia de más de uno, no sin raigambre sesentaiochera, de que efectivamente el presidente ruso no es "racional" ("es que uno no puede oponerse al sistema", etcétera). A esto se suma una imagen primitiva de Rusia, expresada por más de un presidente Demócrata estadounidense.
     Los planes para Rusia, pues, son varios para debilitarla al máximo, sacar el mejor provecho del debilitamiento e impedirle convertirse en un polo euroasiático, para lo que bien vale la pena ir a los mimos con Xi Jinping, lo que contradice todas las conjeturas sobre el futuro luminoso chino que supuestamente pondrá en jaque a Estados Unidos.
     En medio de la confusión, Rusia le ha cerrado por ahora al capitalismo en crisis dos posibilidades: la de una Tercera Guerra Mundial, habida cuenta de la superioridad en armamento rusa, y la de un mercado gigantesco de recursos naturales, en particular hidrocarburos y minerales, pero también alimentos como el trigo. Con China, en cambio, ciertas "salidas de mercado" están garantizadas. En las condiciones descritas, el mundo euro-atlántico y su periferia pueden encontrarse ante una profundización de la crisis que mine la creencia en que se trata del "único modelo" de todo y para todo. Las sociedades occidentales están gravemente divididas. No es de descartar que se siga buscando el "trofeo" ruso a manera de "salida" -para la crisis propia, no por el bien de los rusos-, pero no hay nada escrito, aunque unos y otros se declaren dueños de un futuro que no pueden delinear, en rigor, ni en la diferencia esbozada entre "globalistas" o "cosmopolitas" y "soberanistas" o "nacionalistas". No es más que una de las caras de una crisis más honda. Por cierto, ésta es la imagen que más de uno tiene de Rusia en Estados Unidos (da click en el botón de reproducción):


AQUÍ NO HA PASADO NADA

 Hablar de la caída de la Unión Soviética, en 1991, es un asunto tabú en lo que se conoce como "Occidente", y se reduce a reaccion...