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sábado, 31 de diciembre de 2022

NO QUEMA, PERO TIZNA

 No es raro que en los medios de comunicación masiva y entre sus comentaristas se aliente la creencia de que la política no es más que algo inmundo: conspiraciones, intrigas, traiciones, manipulaciones, servilismos, etcétera, de seres que no tienen más motivo que la ambición de poder, por el poder mismo, si acaso -el psicoanálisis ayuda- por algún resentimiento, como si por lo demás este resorte no existiera más que en las más altas esferas. Es de esperar que no sea la manera que tienen los "liberales-libertarios" de proyectarse. El caso es que en política no hay nada ya no se diga noble, sino ni siquiera el menor principio o convicción, y tampoco el resorte de la razón de Estado. En este sentido, no existen los estadistas, más allá, claro está, de lo que se le atribuye al primer ministro británico Winston Churchill.

       En este orden de cosas, Televisa, con el hijo de un reconocido cineasta mexicano, puede sacar a 50 años de 1968 una serie, "Un extraño enemigo", apta para desdibujar las fronteras entre realidad y ficción, problema al que no son ajenas las jóvenes generaciones. La primera temporada de la serie (2018) colecciona las pifias de antología, pero sin mayor inocencia, puesto que el principal culpable de los sucesos del 2 de octubre, el regente de la Ciudad de México, Alfonso Corona del Rosal, pudo quedar impune y el empresariado y la ultraizquierda prefirieron linchar al mandatario Luis Echeverría, secretario de Gobernación en 1968.

     Lo interesante de la serie no es el tratamiento de Echeverría, sino el de Fernando Gutiérrez Barrios, en 1968 al frente de la Dirección Federal de Seguridad y responsable del Batallón Olimpia encargado el 2 de octubre de capturar a los principales líderes estudiantiles en la capitalina Plaza de las Tres Culturas. La serie termina inculpando a Gutiérrez Barrios de lo ocurrido en Tlatelolco, con uno que otro recurso de ficción (Gutiérrez Barrios apostado dando órdenes desde la torre de la secretaría de Relaciones Exteriores). No nada más Corona del Rosal queda limpio; también el militar Luis Gutiérrez Oropeza, del que en la serie no hay ni las luces. Quienes rodearon la Plaza de francotiradores que dispararon contra la multitud y el ejército se pueden quedar tranquilos.

     Lo que aparece de Gutiérrez Barrios es algo que llega hasta la caricatura. El jefe de la policía secreta mexicana no se mueve más que por la pura ambición, suponiendo que sea la suya y no la que se retrata como la de su mujer, para no hablar de una amante que es retratada como lo más cercano a Elena Garro. Además de matar y torturar, lo único que sabe hacer Gutiérrez Barrios, impulsado por su señora, es ambicionar el poder, sin el menor escrúpulo. Las carambolas pueden hacer que tenga éxito o que le vaya mal. Es todo. La verdad no está en los hechos, sino en la creencia de que todo el que tiene poder no hace más que usarlo en beneficio propio, por ambición y para compensar aunque sea no haber sido más que el hijo del dueño de una paletería veracruzana. Suficiente para ser capitán del ejército, jefe de la policía secreta, subsecretario y secretario de Gobernación, senador de la República y gobernador del estado de  Veracruz.

     La serie le presta a Gutiérrez Barrios desde lo que sí hizo hasta mucho que no hizo. La segunda temporada, más reciente (2022), le carga todavía más la mano. El hilo "libertario" está en la creencia de que basta con ser policía (ni se diga "policía secreto") para ser "malo", es decir, que un jefe de la policía no puede ser más que un villano, y que además, no tendría por qué reprimir. Capturados en el piso 3 del edificio Chihuahua en Tlatelolco, el 2 de octubre de 1968, los líderes estudiantiles jamás hablaron de haber sido torturados, por ejemplo, aunque las circunstancias en las que fueron hechos presos no fueran de lo más amables, gracias al infiernito desatado por Corona del Rosal y Gutiérrez Oropeza. No es que se justifiquen torturas o desapariciones: es que, contra lo que muestra "Un extraño enemigo", no son la especialidad de Gutiérrez Barrios.

      La gracia está en seguir con el negocio de un empresariado y una súperpotencia que nunca vieron con buenos ojos a Echeverría, el linchado. Rinde más insistir en lo mismo que dar a conocer una verdad que no interesa. No incomoda un sexenio como el de José López Portillo (1976-1982), ni un policía como Arturo Durazo, ni una película como La cuarta compañía, que retrata la escandalosa corrupción del mismo Durazo. Tampoco otro policía, Genaro García Luna. No: el guión dice que se transita del autoritarismo a la democracia, y con el menor estatismo posible. Lo que se haya hecho por razones de Estado no cuenta, o ni siquiera existe: los jóvenes "libertarios", junto al empresariado, están entonces autorizados a lo que sea, sin límites. Ni siquiera se sabe qué piden, salvo "libertad", como la de un líder estudiantil de ser homosexual.

     Si el mundo de los políticos es de caricatura y un jefe de la policía secreta es un villano por el solo hecho de tener tal función, los estudiantes son buenazos por el solo hecho de ser jóvenes, a juzgar por el retrato que se hace del rector Javier Barros Sierra. A fin de cuentas, lo que cuenta es lo que sea negocio, y se identifica con el bien. Es negocio puesto que es lo propio del empresariado que detestó a Echeverría. Y donde está el negocio está el bien y la verdad. Es un poco inexplicable que actores como Daniel Giménez Cacho o Karina Gidi se presten a una visión tan simplona y al margen de las pruebas que se han dado a conocer con el correr de los años, y dan una visión distinta del pasado. Todo pasado fue peor y un error de décadas; sobre el futuro no cabe hacer preguntas y no queda más que "vivir el momento": el 2 de octubre de 1968, luego de haber sido la renta para muchos, es ahora el entretenimiento que se les ofrece a los jóvenes para convencerlos de que los líderes estudiantiles y los muertos -a granel, si es posible- "nos dieron la libertad", incluida la de creernos una estafa que no quema, pero tizna.

     En el año 1997, Gutiérrez Barrios fue secuestrado.. Existió la grabación de una conversación entre el banquero Roberto Hernández y el subsecretario de Relaciones Exteriores, Juan Rebolledo Gout, y éste afirmó: "A Gutiérrez Barrios con el susto que le preparó el doctor Córdoba hace un mes basta". "Usted sabe que con el doctor Córdoba no se juega". Giménez Cacho y Karina Gidi, protagonistas de "Colosio. El asesinato" (2012) tal vez podrían atar algunos cabos. La liquidación del régimen priísta, en efecto, nunca fue una broma, mucho menos para los estadounidenses que le apostaron a la desestabilización en 1968, para empujar a un golpe militar. México mostró no ser una república bananera ni una dictadura, mucho menos "perfecta", pese a lo que quiera ahora aducir cierta ala del lópezobradorismo y la obediencia  a las "Comisiones de la Verdad". No van a lograr quemar: pero tiznar, sí. En éso están. Llegó la felicidad (da click en el botón de reproducción).



jueves, 29 de diciembre de 2022

OTRO NEGOCIO

 Se cumplió este año un aniversario más de la creación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y de la derrota crucial del nazi-fascismo en Stalingrado (1942). Es algo que pasó casi desapercibido, salvo para seguir con la criminalización de la experiencia soviética. No es tanto ésta la que cuenta, sino el mensaje del sistema capitalista imperante, que es en el fondo chantaje o extorsión: o las cosas como están, o la escasez y el terror. Cualquiera es libre de creer que el sistema capitalista puede cumplir con la inclusión para todos. Dicho sea de paso, no era el propósito del socialismo, que era para los trabajadores -no para "el pueblo", ni para "la gente", ni para "las masas"-, y no para todos, ya que no recompensaba la explotación ni el parasitismo.

       La criminalización no se sostiene a la luz de las investigaciones serias más recientes. Hacer una historia de la Unión Soviética como si no hubiera existido un cerco -el "cordón sanitario"-, y, sobre todo, como si las conspiraciones desde el exterior y con connivencias locales no hubieran sido una realidad, es falsear las cosas. También es falsearlas seguir a estas alturas inventando cifras, cuando el capítulo ya se ha cerrado. Es probable que la realidad sea lo de menos: más de uno debe seguir para justificarse a sí mismo, cuando no, incluso, para desviar la mirada. En la izquierda, mientras lo que queda de las fuerzas comunistas está muy maltrecho, dado que suele creerse en la versión dominante sobre la experiencia socialista, ya no hay mayor cosa que reivindicar de alternativo y radical, y no suele quedar, salvo en muy contadas excepciones, más que la promesa de inclusión "para todos", en algunos casos de corte medianamente "progresista" o "nacional-popular". Impera el miedo a la exclusión -ciertamente real- infundido por los medios de comunicación masiva. Y es innegable que el sistema socialista también ha tenido sus exclusiones.

       Los que rematan creen en historias que no lo son, porque no son modos serios de historiografiar. Lo curioso es que se trata de réplicas en  "demócrata liberal" del ultraizquierdismo infantil de antaño. El asunto del terror se explica de la manera más simplista: los "buenos pueblos" víctimas de tiranos, dictadores o autócratas sedientos de poder y de sangre, o de autoritarismo y "totalitarismo". En este orden de cosas, se explica tal o cual historia por un solo hombre, como si se tratara de monarquías o regímenes parecidos, como el del zarismo. Esta manera de escribir la Historia es muy antigua y llega a caer en errores gruesos, entre otras cosas porque no se trata más que de "buenos" y "malos". Es lo que ocurre cuando no se va más allá de la caricatura, y lo que queda de visión del pasado soviético es cada vez más caricatura. No hay pues rigor de historiador, sino trazo de caricaturista, a tal grado que la apariencia de "empatía" no es más que éso, apariencia: la experiencia del otro no está recogida en sus propios términos, sino que se reduce a trazos simplones para "encajarla" mejor en el mensaje actual. El agregado de testimonios no suele hacer más que dar verosimilitud, para quien quiera confundir lo verdadero con lo verosímil.

     La Unión Soviética se fundó hace un siglo. La batalla de Stalingrado tuvo lugar apenas 20 años después, y han pasado 80 años. No hay mayor motivo para que los "demócratas liberales" y los "libertarios" respondan de actos que no fueron los suyos. Lo que tienen que explicar es si la "democracia sin adjetivos" y el "libre mercado" pueden cumplir con sus promesas, atención, suponiendo que las haya, salvo que deban tomarse por tales la Agenda 2030 de Naciones Unidas y objetivos por el estilo, los Derechos Humanos (los de la Declaración de 1948 están lejísimos de existir en la práctica) o que la "libertad de elegir" no sea, como cierto tipo de democracia, más que una formalidad, al igual que "los derechos y libertades", a falta, para empezar, de libertad sustantiva. Los "demócratas liberales" y los "libertarios" deben responder por sus propios actos, y en sus propios términos. Justificarse descalificando al otro no es responsable.

     Y es que tampoco interesa ser responsable, sino hacer negocio con la experiencia soviética. Despotricar contra ella sigue siendo una posibilidad de llevarse un "plus" y desbancar a un rival, sin que cuente en lo más mínimo la experiencia aludida, en el fondo. El testimonio agregado es algo ya algo viejo: tiene más de medio siglo, considerando los inicios del escritor Alexandr Solzhenitsyn, alguien dado a las cifras más disparatadas sobre las represiones soviéticas, pero digno de elogio para el actual gobierno ruso, que no es ajeno a los negocios. A estas alturas, salvo excepciones, hablar de la Unión Soviética, la escasez y el terror es tan negocio que las cifras deben manejarse por millones, así sean irreales: se trata de "vender la idea" y buscar quien quiera "comprársela", desde luego que por algún interés, y al parecer sin temor a la estafa. Como toda del tipo, necesita de grandilocuencia. La pregunta como quiera es errónea: es otra, ¿creen los "demócratas liberales" y los "libertarios" poder responder por el estado actual del mundo, o es que están convencidos de que con dinero se sale impune de lo que sea?. Dejemos las cosas con el actual himno ruso (da click en el botón de reproducción).



martes, 27 de diciembre de 2022

SER SUSPICACES

 Es probable que si lo que hoy le ocurre al ex presidente estadounidense Donald Trump le ocurriera a un líder progresista, la izquierda estaría poniendo el grito en el cielo por lawfare.

      Demócratas y buena parte de los Republicanos están buscando inhabilitar a Trump como candidato para las elecciones de 2024, acusándolo de mil y un cosas, desde delitos fiscales hasta incitación a la rebelión por lo ocurrido en el Capitolio de Washington, capital estadounidense, poco antes de la asunción del actual mandatario Joseph Biden.

      Trump ha sugerido que deberían emprenderse de inmediato negociaciones para poner fin al conflicto en Ucrania, en vez de seguir en la escalada. Lejos de esta posición, el Congreso de Estados Unidos y el partido de la guerra, el partido Demócrata, recibieron como héroe al presidente ucraniano Volodímir Zelenski, para prometerle más ayuda militar, misiles Patriot incluidos. Biden volvió a cerrar toda puerta a una posible negociación, sugerida también por el presidente ruso Vladimir Putin.

     Se puede buscar acusar a Trump de muchas cosas, como de "fascismo", pero una reconstitución minuciosa de lo sucedido en el Capitolio no lo señala como culpable, ni quedó realmente claro el modo de Biden de ganar las elecciones. Como Trump es un outsider, contra él se fueron desde los Demócratas hasta alguien como el ex presidente republicano George W. Bush, de quien la izquierda progresista dijo en su momento que era un "fascista". Algunos han recordado que Trump fue en Estados Unidos uno de los pocos en atreverse a contradecir la versión oficial de los "atentados" del 11 de septiembre de 2001. Durante su presidencia, Trump no libró ninguna guerra y se distanció del llamado "Estado profundo". Trump quiso por lo demás que se investigaran los siniestros negocios de Hunter, hijo de Joseph Biden, en Ucrania. Del tema no se ha vuelto a hablar. Tampoco se ha señalado quién es la Victoria Nuland, funcionaria del gobierno de Biden, que fue a asegurarse de las "buenas migas" con el actual presidente colombiano Gustavo Petro. Nuland, casada con un ideólogo "neocon" estadounidense (Robert Kagan), estuvo entre las instigadoras del Euromaidán ucraniano de 2014 que llevó al neonazismo al poder. Nuland fue representante permanente de Estados Unidos ante la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), portavoz del Departamento de Estado estadounidense y es subsecretaria de Estado para Asuntos Políticos.

     Trump no sobresalió por algún imperialismo, lo que asustó al "Estado profundo" y a los "socios y aliados". La política exterior de Biden ha sido imperialista, pero se trata de una palabra que la izquierda progresista ha dejado de usar. Gente como el presidente entrante de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, no ha dudado en celebrar a Biden contra Trump. Buena parte de la izquierda progresista, en el Grupo de Puebla y en la Internacional Progresista, se ha estado deslizando hacia la deshonestidad y la coincidencia en más de un punto con los "demócratas liberales". No se trata de defender a Trump a ultranza, pero tampoco de etiquetarlo como lo quieren los grandes medios de comunicación masiva ni de caer en brazos de Biden. Cuestión de suspicacia (da click en el botón de reproducción).



domingo, 25 de diciembre de 2022

¿QUIÉN MANDA?

Los elementos disponibles hasta ahora hacen pensar que el depuesto presidente peruano, Pedro Castillo, cayó en una trampa y cometió un error garrafal. Al parecer, Castillo llegó a creer que el Congreso del Perú declararía la vacancia, aunque mucho parecía indicar que no sería así. la hoy ex primera ministra Betssy Chávez y el ex primer ministro Aníbal Torres habrían jugado un papel en la decisión errónea de Castillo.  Queda por dilucidar el papel del ministro del Interior y de el de Defensa, Gustavo Bobbio, quien, recién nombrado, había corrido ya a entrevistarse con la embajada de Estados Unidos en Lima, capital peruana.

     Todo lo anterior no es motivo para exhibir una constitucionalidad que parece bastante dudosa. Puede tomarse como ejemplo lo ocurrido cuando fue destituido el presidente Martín Vizcarra: para ese momento, en 2020, 68 congresistas estaban siendo investigados por el Ministerio público debido a diversos delitos, sin contar a otros 13 cuyos casos acababan de ser archivados. Para noviembre de 2022, poco antes de que cayera Castillo, más de 27 congresistas peruanos estaban siendo investigados, condenados o prófugos de la Justicia, pero sin ser tocados y "trabajando" -es un decir.  Ya existía el antecedente de los llamados "Mamanivideos", cuando Kenji Fujimori, hijo de Alberto Fujimori, y congresistas de Fuerza Popular (fujimorista) buscaron comprar a otros congresistas al tratarse la vacancia del presidente Pedro Pablo Kuczynski. En estas circunstancias, habida cuenta del silencio sobre esta problemática, el Congreso peruano no tiene gran credibilidad que digamos, y no queda claro lo que se entiende por "establecimiento de la legalidad" si una parte del Legislativo se encuentra tranquilamente al margen de ella.

     No es la primera vez que en líder de origen popular cae en una trampa. Ya le había sucedido al mandatario boliviano Evo Morales al persistir en la voluntad de reelección: por referéndum en 2016, ciertamente apretado y en el cual los medios de comunicación jugaron un papel nefasto, Morales quedó impedido de volver a un mandato más y debía terminar en 2020. No era necesario ir a buscar una resolución del Tribunal Constitucional que le permitiera al líder boliviano presentarse de nuevo "para no atentar contra sus derechos políticos". Lo dicho no quita que Morales no hizo trampa cuando le fue robado el triunfo en 2019, algo de lo que hay pruebas contundentes aportadas, para más señas, desde Estados Unidos e instancias no especialmente izquierdistas.

     El problema llega más lejos, puesto que el líder brasileño Luiz Inácio Lula da Silva criticó a Morales por haber buscado la reelección a toda costa. Esta visión de las cosas no le impidió a Lula lanzarse otra vez  como el "hombre imprescindible" a ganar las más recientes elecciones de Brasil, de manera muy apretada, algo que sus partidarios no habían previsto.

     Esta colección de errores no significa que la derecha juegue limpio, hasta donde aprovecha su posición predominante en los medios de comunicación masiva para fabricar lo que sea, como le venía ocurriendo a Castillo, como le ocurrió a Morales en el referéndum mencionado y como trató de hacérsele a Lula.

     Son, entonces, dos ingredientes que se encuentran por ejemplo en México: no le faltan errores y recurrentes caídas en trampas al presidente Andrés Manuel López Obrador, el más reciente con la candidatura de la ministra Yasmin Esquivel, por lo demás esposa de un empresario favorito del actual gobierno, José María Rioboó. Es igualmente cierto que López Obrador dista de estar bien rodeado: no hubo prácticamente ni un alma para recoger su idea de hacer germinar un humanismo mexicano. Cero. Pero tampoco se puede desconocer que el grueso de los medios de comunicación masiva se encuentra en el límite entre el engaño -de graves repercusiones- y la estafa. Como lo decía palabras más, palabras menos recientemente Pedro Miguel, periodista de vez en cuando atinado en su apoyo al lópezobradorismo, el pedido de los medios al presidente es el siguiente: "permítanos que lo difamemos, lo calumniemos y lo insultemos, y permanezca con la boca callada". Los medios, en todos los casos mencionados, han estando ocupando el espacio en principio público de tal modo que no hay debate posible de programas, ni sobre el Estado nación que se quiere a futuro, ni sobre los problemas sociales. Se trata más bien de entretener a la gente en dimes y diretes -sin negar los múltiples errores mencionados- hasta "marear el punto", como se dice en México, de tal modo que el punto en cuestión quede desplazado hacia donde lo quieren colocar los medios en cuestión, y los intereses que representan. Es un riesgo si no hay cómo contrarrestar esta privatización del espacio público. Como atinadamente lo señaló hace poco en México la escritora Sabina Berman, toca a la ley y no a la horda decidir sobre determinados casos: los linchamientos están de más, incluso cuando lo hace por ejemplo la izquierda contra un presidente como el brasileño saliente Jair Bolsonaro, por no decir que contra el mandatario salvadoreño Nayib Bukele, quien encontró un resquicio dudoso para reelegirse, por mucho que tenga a su favor, por lo demás. También serían las cosas más diáfanas si no hubiera un uso de la Ley tan endeble en América Latina, al grado que en más de un caso parezca que son los medios mencionados los que se han tomado la atribución de "hacer la ley", entiéndase que "su ley". Como sea: del Perú (da click en el botón de reproducción).



























































































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jueves, 22 de diciembre de 2022

¿QUIÉN ES MÁS GRANDILOCUENTE?

 Argentina tiene cierto don...

      Argentino, el Papa Francisco declaró hace poco que la guerra en Ucrania es "una derrota para la Humanidad", sin que quede claro por qué. La idea de una Humanidad compartida desapareció en los años '80 y '90, con la creencia en la superioridad de un país sobre los demás. Más que de una derrota para la Humanidad, hasta ahora parece tratarse de una derrota para Ucrania y de un conflicto limitado, de los poquísimos que quedan en el mundo.

     Pero el don, compartido por otros latinoamericanos, parece ser el de la grandilocuencia. Más de un presidente y ex presidente "progresista" festejó el triunfo de Argentina en la reciente Copa Mundial futbolera de Catar. Lo hizo el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador (¿está realmente en sus funciones?) en un arranque verbal sobre el "compromiso social" de Diego Armando Maradona. Rafael Correa, ex mandatario del Ecuador con ciertas dificultades ocasionales para salir del "club de amigos", encontró el "lado humano" del astro argentino Lionel Messi. Todo lo anterior, sin importar mucho la forma en que Argentina llegó a la final de la Copa (quede para los "especialistas" el entender algunos penaltis o la manera argentina, muy poco deportiva, de humillar a los holandeses). Después de todo, se vale la maña: que lo diga si no la mano de Maradona.

      El lado humano de Messi consistiría en haberse mostrado contrario a la desigualdad social. Hay distintas formas de entender el asunto: se puede querer "hacer más ricos a los pobres", pero también "más pobres a los ricos" si la riqueza es insultante y debiera ser distribuida de otro modo que con promesas de inclusión. Y es que en el mundo actual es raro que indigne la riqueza extrema, o que parezca incluso inhumana. Es simpática esa costumbre de hablar del "lado humano" de tal o cual; es de suponer que hay otro lado "inhumano". Y es que con Messi lo hay.

      Vamos, lo anterior viene a cuento porque Lionel Messi gana 10,5 millones de dólares al mes y un salario semanal de 2,4 millones de dólares. ¿En qué parte alguien explotado, como lo es Messi, gana 14 mil dólares la hora? Esto es lo que está dispuesto a pagar un sistema como el capitalista no por amor al deporte, sino para servirse de éste para enajenar o alienar a la gente.

     Cuando el equipo argentino volvió desde Catar a su país, fue recibido por una cifra difícil de calcular de argentinos: cientos de miles, por lo bajo. Es el tipo de movilización que no puede ocurrir por una condena injusta contra la ex presidente Cristina Fernández de Kirchner, por apoyo al presidente Alberto Fernández (de popularidad por los suelos) o para protestar por las condiciones del Fondo Monetario Internacional. Se puede decir de otro modo, sin descartar los coches de lujo, las residencias de la misma índole desde España hasta Miami, en Estados Unidos, el jet privado y negocios adicionales que redondean el sueldo (porque no se trata de ganancias): las masas argentinas únicamente se vuelcan en grande a la calle para compartir un sueño de grandeza e idolatrar a quien gana 14 mil dólares la hora. No es muy entendible que la izquierda comulgue, salvo que crea que, por ser de masas y en algunos aspectos popular, la enajenación es también algo loable. Si el presidente colombiano Gustavo Petro no tuviera mayores resultados, tal vez las masas de Colombia puedan volcarse a las calles en actos multitudinarios para festejar a Shakira. No faltará quien salga con una perorata sobre la universalidad de la Patria Grande, cuando no es más que cierta universalidad de la enajenación capitalista.

     Que alguien le muestre al otro rock star - Francisco- la nueva bandera de Ucrania, al menos a juzgar por el representante de este país ante Naciones Unidas:




martes, 20 de diciembre de 2022

SALUDA A TUS AMIGOS

 La presidente de Honduras, Xiomara Castro, de centro-izquierda, no deja de ser un caso curioso, puesto que se ha declarado partidaria del socialismo, en este caso, del "socialismo democrático".  Es parte de la "banda" del progresismo latinoamericano. Castro cuenta actualmente con una popularidad muy alta, de las mayores de America Latina: cerca del 70 por ciento de la población la apoya.

     El hecho es que Castro decidió lanzar una fuerte operación contra el pandillerismo en Honduras, y en particular contra la extorsión. Habrá que ver si la izquierda se escandaliza como con el presidente salvadoreño Nayib Bukele, aunque lo cierto es que, en el país centroamericano, los organismos de Derechos Humanos y las organizaciones no gubernamentales (ONGs) ya están "muy vigilantes", sin que parezcan haberlo estado antes.

     Cabe señalar que 200 mil familias en Honduras se han visto obligadas a dejar sus casas y eventualmente a emigrar antes las extorsiones en años recientes. Hay más, porque afecta directamente al mundo del trabajo: la friolera de tres mil chóferes de autobús ha muerto a manos de pandilleros, sin protesta de Derechos Humanos ni de ONGs. Este es el mundo lumpen del capitalismo desde hace rato: permisivo con la delincuencia, que es hecha pasar por "víctima de las circunstancias", y represiva con quienes se ganan la vida trabajando, hasta hace poco sin "derechos y libertades", salvo la "libertad" de hacerse ejecutar por algún marginado o excluído.

     El calvario no termina aquí: quienes han migrado desde Honduras han sido utilizados por activistas de filiación conocida en Estados Unidos -lo denunció en su momento la secretaría de Gobernación mexicana- mediante las "caravanas" para meter en problemas a México. Todo ésto consiste en convertir la pobreza en un negocio o, si se quiere, en lucrar con ella, al igual que con la violencia. Hay un mar de especialistas en el asunto y en el llevado y traído tema de las migraciones. Lo que no existe tanto es quien explique lo que significa trabajar -siendo con frecuencia, por lo demás, explotado- poniendo la vida en riesgo, como si no fuera más que el caso de los migrantes. Se trata de un desconocimiento flagrante de lo que sucede abajo en la "sociedad", por descomposición y, también, por negocios como el del narcotráfico, que ha pesado en hacer de una ciudad como la hondureña de San Pedro Sula una de las más violentas del mundo. ¿Hay quien crea que se trata nada más de pandillas de vagos del barrio?

      El plan de Castro incluye el toque de queda parcial en San Pedro Sula y en Tegucigalpa, capital hondureña, ciudades donde 160 colonias están en manos de la delincuencia. No queda claro si se procederá a una represión efectiva como la llevada a cabo en El Salvador, habida cuenta del más bien bajo número de refuerzos policíacos hondureños  (20 mil agentes).

     Tampoco queda claro por qué ya se ha puesto el grito en el cielo por la "militarización", como si no fuera necesaria la represión contra la delincuencia organizada y ésta no fuera más que un sector más de la sociedad con "derechos y libertades" tácitamente admitidos, y que sirven para "aquietar" al mundo del trabajo y parte de las capas medias infundiendo miedo, como lo recrean sistemáticamente los medios de comunicación masiva predominantes, que se encargan de agrandar el problema. Recae sobre la gente de trabajo atosigada por la parte lumpen del pueblo; después de todo, parte de las capas medias, no todas, pero sobre todo la gente de dinero vive de tal forma que tiende a moverse en espacios de seguridad privada ajenos al impacto que recae en el mundo del trabajo desprotegido. Es desde aquel acomodo que se juega todo el tiempo la difusión de la inseguridad y el curioso rechazo a medidas de fuerza de gran impacto contra la delincuencia. Más balazos y menos abrazos, por el derecho de vivir en paz, si acaso Xiomara Castro se atreviera a ir a fondo contra ese gran aliado de las oligarquías que es el lumpen.





domingo, 18 de diciembre de 2022

CUANDO OCURRE EL DESLIZ...

Gracias a una vieja trayectoria que se remonta a la Colonia, en América Latina se desconoce a partir de qué nivel de ingreso -a falta de hábitos cívicos- puede considerase que una persona es responsable de sus actos. Mucha gente de escasos recursos lo es, porque tiene a su carga un trabajo, sin que pueda decirse forzosamente lo mismo de gente acomodada, capaz de destruir una economía entera por aplicar a ciegas algún modelo. Sin embargo, la idea de que la gente de abajo delinque por escasez de recursos y/o falta de oportunidades está arraigada: los pobres, como víctimas de la pobreza, no tienen ninguna responsabilidad de nada, sino que son inocentes casi por definición.
     Es en estas condiciones que el periódico mexicano de izquierda La Jornada denuncia lo que considera el "sombrío récord" de pandilleros detenidos en 260 días en El Salvador, unos 60 mil, y las "atroces violaciones a los Derechos Humanos" que ésto supone. Hay una nueva palabreja para este tipo de situaciones: resulta que es "populismo penal". El rotativo considera que con políticas como la salvadoreña sólo se exacerban los problemas de fondo, puesto que el origen de todo está en la pobreza, la desigualdad, la marginación y la "exasperante falta de oportunidades", claro está, del "neoliberalismo". Encima, el periódico mexicano se inventa que los recursos destinados a liquidar el pandillerismo se restarán a la salud, la educación, la cultura, la vivienda y el trabajo, por lo que se recrudecerán las "carencias" y con ello, las situaciones "incontrolables". Por si fuera de interés, lo que ha hecho el Salvador es poner en la cárcel al equivalente de un millón 300 mil mexicanos, de una población de más de 120 millones.
     Las pandillas salvadoreñas, o maras, de origen estadounidense (angelino en particular), no se caracterizan por la suavidad en sus métodos: son homicidas. Si el actual gobierno salvadoreño tiene un 85 por ciento de popularidad, además de realizar programas sociales que la izquierda desconoce, es porque la gente de escasos recursos, pobre, y que vive en medio de la desigualdad siente que puede, para empezar, salir a ganarse la vida honradamente sin correr el riesgo de ser asaltada, violada, ejecutada o lo que se quiera, además de que esa misma gente con carencias puede disfrutar sin peligro de salir a pasear un poco, por ejemplo, o de ir a visitar a sus familiares. No se está hablando de los marginados, sino de la gente con carencias que escoge ganarse la vida de otro modo que asesinando, extorsionando, cobrando derecho de piso, etcétera. ¿Qué extraña visión es ésa que confunde escasos recursos con marginación o pobreza con exclusión? Es la visión de los ricos y del lenguaje de los organismos internacionales y los medios universitarios. ¿Qué es lo que se puede salir de control si la gente que trabaja puede hacerlo con tranquilidad y seguridad, incluyendo la seguridad en su ingreso?¿Los Derechos Humanos de la gente trabajadora no cuentan?
     Da un poquito de pena decirlo, pero no queda claro por qué la delincuencia, más con fuertes tendencias homicidas, no debiera ser perseguida con toda la dureza del caso, y castigada. Los motines carcelarios no ocurren en El Salvador, por cierto, en cuyas prisiones se han tomado medidas de lo más elementales como prohibir teléfonos móviles e internet para que los centros de reclusión no sean centros de mando del crimen organizado.
     Es el colmo que La Jornada hable de la necesidad de una "mínima vigencia de la civilización", por contraste con la "inhumanidad" del gobierno salvadoreño. Esta es la gente con la que se debe ser "mínimamente civilizado" y "humano", y ésto es lo que, a juicio del periódico mexicano, producen "las carencias":.




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AQUÍ NO HA PASADO NADA

 Hablar de la caída de la Unión Soviética, en 1991, es un asunto tabú en lo que se conoce como "Occidente", y se reduce a reaccion...