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martes, 5 de agosto de 2025

UN DOS TRES POR TRUMP QUE ESTÁ DETRÁS DEL POSTE

 Como algo propio de la personalidad de la época, Estados Unidos y la Unión Europea (UE) han ido cercando a Rusia, nótese que desde antes de que ésta interviniera en el Este de Ucrania. Es un cerco que, en algunos aspectos, recuerda lo que se llamaba "cordón sanitario" en los años '30 del siglo pasado. En el Este de Ucrania, contra los Acuerdos de Minsk, antes de 2022 se estuvo agrediendo a la población rusófona, de modo armado, y con la ayuda de mercenarios y de neonazis, por lo que nadie se los inventó. Rusia intervino para evitar una masacre mayor. Prácticamente todos los hechos armados protagonizados por Rusia han sido de carácter defensivo, por igual en las guerras de Chechenia y de Osetia del Sur. Basta ver un mapa para percatarse de que Rusia no ha estado cercando a nadie, y en en su propio territorio (Chechenia) o en sus fronteras inmediatas que se han presentado conflictos armados. Ya ha habido ocasión de probar cómo Ucrania ha sido preparada, desde hace tiempo, como plataforma de agresión contra el territorio ruso. Lo propio de la personalidad de la época es agredir, violentar y, en caso de respuesta, presentarse como la víctima, entiéndase en este caso que de una supuesta "amenaza rusa". El resultado consiste en golpear dos veces: primero por el cerco, o por el incumplimiento de los Acuerdos de Minsk, y segundo, cuando hay respuesta, culpando al agredido. Con este tipo de personalidad hay que andarse con cuidado, porque sólo conoce de fuerza y no de reglas, por lo que no es posible pactar gran cosa, aunque, por el lugar del testigo en la maldad, importa evitar provocaciones y, mientras se pueda, tender la mano a negociaciones, lo contrario de violentar una y otra vez.

         El presidente estadounidense Donald J. Trump ha tenido un comportamiento errático frente al conflicto entre Ucrania y Rusia, en parte por la habilidad del "presidente" ucraniano, Volodímir Zelenski, para "agarrarlo" de los negocios. Mientras hace ésto, Zelenski sabotea un intento tras otro de parar: como agrede a Rusia en su territorio, bastante más allá del Donbás, Rusia responde, y vuelve lo mismo, que se ha hecho creer a Trump: como decía el general panameño Omar Torrijos, se toma "cualquier defensa por un ataque", así que, cortada la secuencia de los hechos, cada vez que Rusia responde, resulta que es la agresora, y que el agresor ucraniano es la supuesta víctima. Además, se trata de una personalidad de la época proclive al cinismo: Zelenski acaba de pedir más armas no para defenderse, sino para atacar a Rusia para lograr "un cambio de régimen", lo que demuestra que hace rato que no se trata de la autodeterminación nacional. Cuando menos mareado, como lo está por lo demás en el plano financiero, Trump va de ultimátum en ultimátum contra Rusia y con la amenaza de más sanciones, incluidas algunas para países que, como India, compran petróleo ruso, por necesidad, pero también por negocio propio (lo compran a precio barato para revenderlo caro).

       Ante el anuncio de sanciones por parte de Trump, el ex presidente, ex premier y parte del Consejo de Seguridad de Rusia, Dmitri Medvédev, quien se caracteriza por su cortedad de miras, sacó de la manga el recordatorio de un riesgo nuclear, sin que nadie estuviera en el tema, y al poco rato, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, especificó que no es algo en lo que pueda haber algún vencedor. Trump reaccionó mandando dos submarinos nucleares por el rumbo del Báltico, y otra vez saltaron al ruedo los "espontáneos" a tratar de tensar la cuerda. En realidad, no hubo nada de especial en el gesto de Trump, como tampoco en su pseudoataque a Irán: esos submarinos suelen estar ahí, se pase o no de palabras Medvédev.

       Como el problema está sobre todo con algunos europeos, el gobierno ruso optó simplemente por ponerse al parejo de las reiteradas amenazas de algunos como Francia, el Reino Unido y Alemania, y acercó los misiles "Oreshnik" (Avellano) a la parte europea de Rusia y a Belarús, de la misma manera en que hizo caso omiso, siguiendo a varios europeos occidentales (que hace rato dieron el primer paso), y se reservó el derecho de acercar armas nucleares tácticas a las fronteras europeas. Esto quiere decir que es una RESPUESTA "pareja" a la voluntad europea de bajar el umbral de uso de ciertas armas, y no hay ninguna agresión rusa, sino simplemente el mensaje de que, en caso de que se quiera poner en peligro serio el territorio ruso, queda en peligro igualmente serio el de los países europeos que decidan seguir en el cerco y la potencial agresión contra Rusia. Por lo general, la personalidad de la época sabe detectar el miedo propio, aunque juegue de manera irresponsable con el que pudiera tener el otro. Lo que hace Rusia es significarle a Francia, el Reino Unido y Alemania dos cosas: que si llegan demasiado lejos en territorio ruso, poniendo en riesgo al Estado, no saldrán impunes o indemnes; y si la quieren escalar con Estados Unidos, no habrá vencedores, así que, de todos modos, no hay ninguna garantía de que los "socios y aliados" no salgan perdiendo, aunque la personalidad de la época tienda a creer que no puede suceder. Se da muy bien cuenta cuando le apuntan a la cabeza. Más allá del objeto y, pese a todo, del valor de Rusia, para el testigo del mal debe quedar claro que el agredido no hace más que actuar en legítima defensa. Una cosa es que algunos "socios y aliados" deseen una guerra o fantaseen con ella; otra cosa es el juicio de realidad que puede imponerse si las están encañonando Da click en el botón de reproducción).


lunes, 4 de agosto de 2025

A TOUR DE FORCE, SEÑORA MABEL MORAÑA

 Aquí se transmite, en parte, un pensamiento ajeno, pero es poco probable que sea bueno servirse de una persona para complacer al poder y pasar, de ser necesario, por encima de alguien, así se lo adule.

         La Revolución Cubana, ya ha habido ocasión de decirlo, ha tenido, contra lo que suelen decir los autodenominados "demócratas-liberales", mucho de anticomunista, empezando por el hecho de que dicha Revolución NO fue hecha por comunistas, que eran parte del PSP (Partido Socialista Popular) y tenían una política errática. Fidel Castro pudo haber dicho que en el biberón le dieron "marxismo-leninismo", pero no es para nada cierto. Castro, en 1953, estaba más cerca del Partido Ortodoxo. Creó el Movimiento 26 de Julio, y luego del triunfo de la Revolución, tuvo roces con el PSP, aunque también se apoyó en él para tener cuadros, algunos muy buenos, como Carlos Rafael Rodríguez. Ya se ha dicho, también, que la Unión Soviética no vió con buenos ojos el "guevarismo" con sus guerrillas, que en casi todos los casos, fracasaron. Una parte de la intelectualidad cubana, en el mundo de la cultura, no se esforzó demasiado por esconder su anticomunismo y, como parte de él, su antimarxismo. El daño para los partidos comunistas latinoamericanos fue grave, al tener que colocarse a remolque de un proceso no comunista, sino en más de un aspecto "nacionalista-revolucionario": primero José Martí, luego vemos, y Martí no quería especialmente a Marx, al hacerlo pasar por "odiador" (entre clases). Y a pesar de todo, Cuba se metió a su manera en el socialismo de Estado y está hoy en sus atolladeros. La opinión comunista fue que el proceso cubano era de "clases medias" (se decía en la época "pequeño-burgués"), y en la dirección, lo fue, no sin cierto temor a la iniciativa desde abajo. Cuando se tiene tolerancia, se puede escuchar a Carmelo Mesa-Lago o a Rafael Rojas sin descalificar de entrada. Como ya ha habido ocasión de decirlo, el menor de los Castro, Raúl Castro, fue el único en el 26 de Julio en saber de marxismo-leninismo. Y no el más cerrado, sino el "disidente", como lo llamara Salim Lamrani. Si se trata aquí de reproducir, en parte, una voz ajena, consideraba que el cubano era un proceso de "clases medias" y que sigue siéndolo, por lo que, agreguemos, se "congelaron" las clases sociales en Cuba, aunque las hay, o cuando menos una fuerte estratificación. El "fidelismo", de más de medio siglo, acalló la discrepancia comunista tildando el desacuerdo de "estalinista", un recurso del "mundo libre" que no sirve sino para descalificar si no se reconstituye el punto de desacuerdo. Y seguramente deba suponerse "limitada tolerancia ideológica".

        El asunto no vale mucho para quien no haya tenido militancia comunista y mucho menos haya tenido que ver con el "estalinismo", o ni siquiera haya comenzado una trayectoria en los '60, sino hasta los '70, cuando el marxismo ya buscaba por otro lado que el "dogmático" (en Gramsci, por ejemplo, antes de que lo recuperara Estados Unidos en el Comité de Santa Fe). Es muy difícil saber si, en los '70, quedaba en la atmósfera intelectual alguien de "limitada tolerancia ideológica" (hasta Nuestro Tiempo iba a la zaga en México). No era así porque la Revolución Cubana, de 1959, siendo posterior a 1956 (fecha del "deshielo"), pretendía ser lo que hoy queda claro que no es, y en muy poco fue: VANGUARDIA. Otra gente prefería la "retaguardia" para trabajar en paz. Los comunistas estaban fuera, pese al PCC (Partido Comunista de Cuba), nido de "26 de Julio", porque ya no eran la vanguardia, al haberse colocado a remolque. Pero se asoció poder y vanguardismo. Y así se procedió en Cuba, en la cultura, hasta el desastre: buscando alianzas con cualquiera que no fuera comunista aunque, al poco rato, le plantara a Cuba una puñalada por la espalda. Lo que los comunistas prácticamente no hicieron. Eso se llama no saber discernir, de parte y parte, o no tener amigos.

       El poco icónico llamado (por Pablo Neruda) "sargento" Roberto Fernández Retamar, al margen de sus cualidades literarias reales o supuestas, fue el eterno de Casa de las Américas, y un gran anticomunista y antimarxista, como tal desleal a los principios de la Revolución, y tolerante con lo que llamaba "su" imperialismo: el estadounidense. Era alguien, entonces, de "limitada tolerancia", pero de avezado sentido del poder, hecho sentir como "familiar" no para los amigos, sino para los incondicionales Casa de las Américas no era casa común, sino la casa de "Roberto", su feudo, con licencia para desconocer hasta sus propios jurados de concurso y sus Premios, e irlo a gritar...a Estados Unidos, además de hacer gala de machismo y de necedad a la española. En "su" Casa, "Roberto" era capaz de las peores ruindades humanas, a sabiendas de que la Revolución daba impunidad o patente de corso, como se quiera llamar. Parte del mundo cultural cubano fue una sarta de gente aprovechada, aunque hubo excepciones. Nunca fue secreto, y así lo dijo Raúl Castro alguna vez, que en caso de que se hundiera el barco, la intelectualidad estaría entre los primeros en abandonar el barco. Otros más adivinaron el vanguardismo y arrastraron a la intelectualidad cubana en las ocurrencias de campi estadounidenses, de donde surgieron algunas vedettes. Para volver sobre una voz ajena, Santiago Castro-Gómez es la excepción, tal vez por no estar en un campus estadounidense. Es difícil pensar que otros puedan "hacer un poco más": en algunos casos, encontraron en las "relaciones" desde Estados Unidos una compensación, de poder, como la que ofrecía Cuba, si los "post", lo "trans" y demás es lo suficientemente oscuro para hacer creer que se es "interesante". The right stuff.

jueves, 31 de julio de 2025

SANTO CONTRA LAS MOMIAS

 Hay personas que, como decía el general Charles de Gaulle, "encima de todo, tienen talento". No están exentas de inteligencia, e incluso de lucidez, hasta podría decirse que "luciferina", pero esta inteligencia, intelectual en parte, poco tiene que ver con una personalidad de afectos atrofiados. Es lo propio del perverso ("torcido") narcisista o psicópata narcisista. No es alguien carente de habilidades, ni un ignorante, mucho menos cuando se trata, como lo hacen algunos animales, de "olfatear" al otro emocionalmente y en sus fortalezas y debilidades, para parasitarlo. Tampoco es gente carente de moral, aunque sí de ética.

       Es la clase de gente que ha logrado "saberse" muy pronto las convenciones sociales y cómo, al mismo tiempo, adaptárseles y servirse de ellas. Puede esta persona, si tiene su lado "libertario", ser crítica de estas convenciones y molestarse en lo que traban sus deseos y fantasías. Dichas convenciones son formas y se juegan, aunque al mismo tiempo, se guarda reserva. Con esta reserva puede hacerse mucho si se tiene una personalidad afianzada. Pero si no es el caso, es, más allá del espacio para la conveniencia y el egoísmo final, el lugar de un posible "vacío" temido, porque es "fuero interno" que, de estar atrofiado afectivamente, remite a la carencia de integración entre afecto y una ética que es individual. Se está así ante personalidades disociadas, y con algo de atención, es algo relativamente fácil de detectar, contrastando palabras y hechos. Las palabras, por la atrofia de la sensibilidad, rara vez se convierten en hechos. En cambio, pueden tener de fraude o embuste, aunque no aparezca sino como "lo que hay que tener", la "movida" para, en nombre del "interés", no perderlo de vista y sujetar las convenciones al mismo. Si las convenciones dicen que hay que "seguir el interés propio", ya está: la fachada no impide el egoísmo o la conveniencia. Lo que ocurre es, en realidad, falta de singularidad o individuación como ser único e irrepetible, más allá de la biología. Se puede tener un gran intelecto o una gran capacidad para mimos y apapachos y, llegado el momento, atropellar al otro anteponiendo el egoísmo y la conveniencia, a sabiendas de que es lo socialmente aceptado y no sancionado. En el "fuero interno", lo temido es un miedo profundo al criterio propio, porque es socialmente sancionado: la sociedad, o sus células básicas, reclaman la REPRODUCCIÓN -más de lo mismo-, no la singularización en una verdadera diferencia, al grado que ante ésta se practica la "negligencia benigna" o el descuido y la falta de verdadera atención. El que no está in está out. Ocurre que la "sociedad", hasta donde la hay, recompensa al perverso narcisista o al psicópata de múltiples maneras: en los países del centro, con toda crudeza, y en más de una periferia, con envoltura para regalo, como si fuera de gratuidad o por "espontaneidad", que si lo es, se desdice al poco rato para "no abrirse", como el que desconoce a aquél ante el cual "se rajó", como dice la expresión mexicana. Lo que rara vez aparece es lo que marca la verdadera diferencia en la capacidad para evitarse la inhumanidad del egoísmo y la conveniencia y reconocer qué es lo que hace a un ser propiamente humano (y no es el tan llevado y traído "lenguaje"), más allá de "la vida".

        Aunque el apego a la moral lo impide, el que juega las convenciones que critica es el hijo libertario del padre conservador, en peculiar síntesis. Se vuelve personalidad de la época, creyente en que el Gran Otro - las "relaciones"- tiene solución, salida o escapatoria para todo (vía redes, comenzando por las familiares), porque, como lo ha sugerido el estudioso Slavoj Zizek, es alguien proclive al cinismo. "Si ya sé, pero...", y otra vez a lo mismo. No puede ser más que cínico el que juega las convenciones que dice rechazar. Y para algo así, además de la habilidad para moverse en varios terrenos, se requiere de inteligencia. El mundo universitario, como el de la izquierda, está repleto -aunque no sea el único- de gente inteligente (y admirada como tal) carente de sensibilidad, atrofiada en los afectos, trocados por "intereses", e incapaz de empatía. Ocurre que como "tú solito no vas a cambiar el sistema" -otro descubrimiento libertario-, hay que "hacerlo desde dentro" o, mejor, "adaptarse", para sobrevivir y lograr la "zona de confort" en "lo que hay que tener". Frente a la disociación, se busca el amparo de "la condición humana" o "la naturaleza humana". Y puede ser la misma gente que se queja de un mundo hostil, pero que no quiere pagar las consecuencias de cambiar, menos si se siente protegida en el goce de las "redes" y termina viendo al ajeno (porque lo es) como testigo potencialmente peligroso. Se ha ido acabando el tiempo de "es que va a cambiar": no puede y no queda más que alejarse o tener a la persona "en la mirilla", ya que, por la protección social recibida -de contubernios y cómplices-, ya no puede ser "el monje que vendió su Ferrari" ni nada parecido. Es la "nada" a la que teme, porque no tiene definición humana  propia o porque no defiende nada: como lo escribiera Paul Nizan en su Antoine Bloyé, es quien, de detalle en detalle, logra una gran capitulación vital, así se crea "superior a cualquiera" o cuando menos al depredado que se deje. Muertos en vida jugándole al vivo y creyéndose el artificio. La inteligencia o lucidez es de cuidado. "Y además, tiene talento...". (da click en el botón de reproducción)









lunes, 28 de julio de 2025

EVASIÓN

 Parte de un discurso de moda hace rato, cuando menos desde los años '80, dice que "no hay verdad absoluta" y agrega que, a final de cuentas, cada uno tiene "su" verdad. En este sentido, cada uno puede sostener lo que sea y, por lo demás, no ha faltado en la ciencia social, también desde hace mucho, lo suficiente para sugerir que, después de todo, no se puede conocer "la" verdad. No está mal: esto le da el derecho y la libertad a cualquiera de creer que lo que tiene en mente es verdad porque es "su" verdad, porque así lo desea y porque se vale la fantasía. Como se trata de "tolerarse" y no de debatir, por lo que hay "conversación" pero no debate o discusión, al grado que algunos hablan de "la conversación pública", hay gente lo suficientemente hábil para, como se dice coloquialmente en México, "marear el punto": sin este punto, ya no se trata de descubrir o saber nada, sino de ingeniárselas para salirse con la suya, así sea a costa del otro, con tal de no reconocer un error, que puede ser grave. Alguien que está en una fantasía o una ilusión y que se mueve por "el objeto causa del deseo" puede llevar lo suficiente para no PODER reconocer, porque es grave para la personalidad propia, un error, sus consecuencias y, por ejemplo, el arrepentimiento (de lo más infrecuente) y no la petición del perdón, sino la reparación del daño. Se puede desplegar una gran inteligencia y hasta lucidez, porque, como se dice también coloquialmente en México, "el miedo no anda en burro", en este caso el miedo a reconocer un error o más, a dejar de creer que la humildad es una forma de servidumbre. Pasado cierto umbral, es un tipo de personalidad con la que no se puede hacer nada, salvo cuidarse.

        La actual encargada de la Inteligencia estadounidense, Tulsi Gabbard, alguien a quien no se ha puesto suficiente atención, puso sobre el tapete documentos desclasificados, transmitidos al Departamento de Justicia y al FBI (Agencia Federal de Investigación) de que el presidente Barack Obama armó un equipo de Inteligencia para fabricar en el pasado contra Donald J. Trump, hoy presidente de Estados Unidos, una campaña haciéndolo aparecer como "candidato de Rusia". Ya es sabido y ha sido mencionado que la historia del "servidor Demócrata" fue lo que se conoce como un "trabajo interno". Si hay consecuencias legales, la honestidad supondría negar lo ocurrido ."nunca haría algo así", por ejemplo- o esperar al curso de algún proceso, haciendo uso de la presunción de inocencia ("que lo decida la ley"). En vez de lo sugerido, Obama procede de otro modo: mientras su equipo indica que "no hay evidencia suficiente", lo que corresponde a la Justicia, el hoy ex presidente se apresura a descalificar a Trump: no contesta sobre el punto, sino que, como la personalidad de la época, para salirse con la suya "gira la tortilla" o "le da la vuelta a la tortilla" (dicho sea en términos españoles o mexicanos) para culpar al actual presidente, que estaría usando un "distractor" por el caso Jeffrey Epstein. Ya no se está hablando de Obama, sino culpando a Trump y descalificándolo. ¿El punto? Se desplazó: no es si Obama o no Obama, sino que Trump es un mentiroso, alguien que "desplaza el punto"(vaya), que es Epstein (a reserva de que le toque a Trump hacer con el caso) y que hay un culpable, Trump, que algo esconde (Epstein). Absolutamente nadie va a decir que Obama practica la denegación (no entrada al punto), el desplazamiento (hacia otro punto) y la inversión (de culpable a víctima): la apuesta malvada de Obama es invitación a linchar a Trump, aprovechar las preferencias del testigo (mediático, en este caso) y a destruir un valor, el de Tulsi Gabbard. La verdad aparente es entonces la cantinela sobre las extravagancias de Trump, Epstein incluido. Igual de penoso que no entender por qué Trump puso en su gabinete a Robert Kennedy Jr. y por qué a estas alturas es mezcla de ignorancia y mala fe decir que "nunca se sabrá lo que pasó con John F. Kennedy". Aunque ya se sepa. Encima, Obama se aparece a repetir lo mismo que el "progretariado" mundial y los "demócratas liberales": "lo que pasa es que" con gente como Trump la democracia "está en peligro" y se va a la "autocracia". Si hay alguna supuesta verdad, se confundirá con lo que parezca verosímil (vero-símil), por lo mediático, que buscará usurpar el lugar de la Justicia -o influir lo suficiente sobre ella. ¿Obama SI o NO armó un operativo de inteligencia contra Trump, con ayuda del director de la Central de Inteligencia Americana (CIA), John Brennan,, se secretario de Estado, John Kerry, la asesora de Seguridad Nacional, Susan Rice y otros? "Eso" es lo que se buscará que no sea debatido. Como el alud de tonterías sobre "la mano de Putin" que dijo haber visto hasta Pepe Meade, contrincante de "Andrés Manuelovich" López Obrador en 2018.

        Obama y la señora Hillary Clinton, demostradamente una criminal de guerra (en Yugoslavia, Libia y Siria), han sido objeto de predilección, incluida América Latina, por identificación primitiva de raza y género, al margen de los hechos (Obama se pasó su tiempo en guerras, entre otras cosas). Cayeron en este asunto de señuelos desde universitarios "progres" hasta gente que se apareció por ejemplo en la Cámara de Diputados mexicana haciendo propaganda abierta para la señora, en pleno error de país. Cuando se vive en la fantasía y la ilusión, se cree en imágenes y en publicidad, y se confunde deseo e interés, deseando lo que no es de interés propio. No es cuestión de abrazos con Trump, pero sí de un poco de discernimiento. Cuando cayó Siria, Trump dijo que Estados Unidos no debía meterse, y fue un golpe armado por los Demócratas, en el último tramo de la administración de Joseph Biden, y fue también cuando Israel se arrancó en Gaza.

       Por cierto, cuando se desclasifican documentos, ¿valen o no? Porque también se desclasificaron documentos sobre Martin Luther King Jr. Fue amenazado, pero no parece forzosamente que haya sido siempre ejemplar y no más bien, en parte al menos, mitificado (por lo demás se llamaba Michael King), para servirse de los Derechos Civiles, felicidad Demócrata para dividir a la gente. Y éso que, desclasificación tras desclasificación, Trump ha buscado mantener a raya al llamado "Estado profundo". La pena es por el "progretariado" que se niega a hablar de valores, a diferencia de una parte de la derecha, y que prefiere fantasías e ilusiones de inclusión, así haya que renunciar a toda alternativa y, de paso, a un mínimo de verdad, por dolorosa que sea. Decirla resulta ahora  "discriminación" - ah, es porque soy mujer, soy afrodescendiente, tengo "otra preferencia", etcétera-y como máximo "fascismo". Trump es "facho" y discrimina a Obama(da click en el botón de reproducción)






viernes, 25 de julio de 2025

!QUÉ BÁRBAROS!

 Siempre puede debatirse qué es "barbarie". En la Antiguedad, el "bárbaro" era el extranjero, el "ajeno". Para otros, la alternativa era "civilización o barbarie". El bárbaro se identifica con frecuencia con el "bruto", el de que comprende, o que hace cosas que así lo muestran, llevando a exclamar "!qué bárbaro!". Es, en parte, el salvaje o el que tiene actos considerados de "salvajismo", o de "bruto" incluso cuando se hace pasar por "civilizado" (por ejemplo, como lo muestra México bárbaro, donde el "progreso" consiste entre otras cosas en deportar y hacer trabajar inhumanamente a indios yaquis en Yucatán). Para otros, es "socialismo o barbarie", en la idea, propia primero de Rosa Luxemburgo, al comenzar el siglo XX, de que el capitalismo es la guerra, y ésta, la barbarie. Lo cierto es que el capitalismo ha llegado no sólo a prácticas de guerra terribles, sino también a coexistir con regresiones hacia formas de vida bárbaras por opuestas a lo "civilizado", es decir, por mucho de violencia contra la capacidad de convivencia pacífica. No hay casi país agredido por Estados Unidos y sus "socios y aliados" que no haya dado en la barbarie y la violencia continua, salvo, en parte lo que fuera Yugoslavia.

         El lugar por excelencia de la regresión bárbara ha sido Afganistán. Antes lo fue Somalia, que se dividió en dos y dejó de ser noticia, luego del fracaso de la intervención estadounidense (Afganistán es un fracaso sólo a medias), retratada en La caída del halcón negro. La región sigue siendo violenta, por extensión a lo que queda de Yemen, y por la piratería a la entrada del Mar Rojo, ruta estratégica naval internacional al conectar con el Canal de Suez. Se trata de "Estados fallidos" en los cuales la barbarie se manifiesta en rivalidades clánicas (Somalia/Somalilandia) o tribales (Afganistán). La creencia de base, en tribus y clanes, está en la fuerza de los lazos de parentesco. Se puede pasar a las pugnas intestinas o alianzas inestables, alternativamente, pero predomina la "identidad" y la "pertenencia" sobre el individuo o, más aún, sobre la idea de persona, como concepto universal, como llega a ocurrir por lo demás en parte en América Latina con "la familia" o "parentela". Es la endogamia y la exclusión de lo "ajeno" que impide la constitución de una sociedad o ciudadanía plenas: fuera del clan o la tribu, no se tiene obligación, y el grupo endogámico se mantiene cerrado. La diferencia en Yugoslavia, salvo parcialmente en Kosovo, es que se trata de nacionalidades, algo más avanzado como "comunidad", lo que permite una mayor fortaleza social y cuasi-estatal, aunque bajo la idea pseudo-étnica de "una nación-un Estado", cuando no se confunde además "nación" y "pueblo". Los kosovares son algo distintos por la influencia albanesa de las familias-clan (fis), lo que, por endogamia, facilita la acción mafiosa (hace rato que la mafia albanesa ha llegado a América Latina). No existe algo realmente parecido en otras nacionalidades de la antigua Yugoslavia, pese al intento de fabricación de "odios ancestrales". No es Sicilia ni Córcega.

        Irak acabó igualmente en un desastre, en parte por motivos religiosos, lo que dió en la aparición del terrorismo de Daesh o el EIIL (ejército Islámico de Irak y Levante), ahora ubicado en parte de Afganistán. Las prácticas de estos islamistas mostraron ser bárbaras, por especialmente crueles, en particular en Siria. Parte de la des-civilización se ha mostrado en la destrucción de patrimonios arqueológicos, como el de Palmira en Siria, o la destrucción de los Budas del valle de Bamiyán en Afganistán. El grupo endogámico, como en parte la familia latinoamericana, no puede aceptar un "otro" independiente que cuestione usos y costumbres: es a imagen y semejanza o "radicalmente otro", "sin común medida", y destruible. En América Latina se debe a la fuerza del parentesco tanto entre pueblos originarios como entre españoles, aunque hay varios elementos atenuantes, como el mestizaje y en parte el cristianismo y cierta movilidad social (no es India, país especializado en la destrucción de templos de otras culturas, por ejemplo de sijs o lugares de culto musulmanes). En las circunstancias descritas, es poco entendible que un país sin gran tradición "familística", de tribus o clanes, como Rusia, tenga por geopolítica que reconocer a los talibanes afganos o buscar tratar con los nuevos dueños de Siria.

      Libia se debilitó en sus cerca de 140 tribus o clanes. Entre otras cosas, Libia es hoy un traficadero de migrantes hacia Europa, bajo control de tal o cual grupo tribal o clánico metido a la extorsión o más a fondo al crimen organizado. Tampoco hizo bien, para nada, Rusia -menos el gobierno mexicano de Claudia Sheinbaum al tener embajadora de quién sabe qué parte de Libia - en tratar con el "gobierno" libio de Jalifa Haftar (hombre de la CIA-Central de Inteligencia Americana, salvo el este (sede en Bengasi). Libia está dividida cuando menos en dos.

        Estados Unidos puede convivir bastante bien en un mundo de reservaciones y guetos. Cuando no, de pandillas y mercenarios, y de mafias, como las italianas con las que se alió en el sur de la península al final de la Segunda Guerra Mundial (después de todo, en los '80 se creció con elogios de "El padrino" y "Cara cortada" para pasar al rato a "Pandillas de Nueva York). Basta cruzar dos libros, El choque de civilizaciones de Samuel Huntington y El gran tablero mundial, de Zbigniew Brzezinski, para ver el papel reservado al mundo islámico y a los árabes a quienes acabó detestando el hoy extinto líder libio Muamar El Gadafi, por su incapacidad para hacer causa común, la misma de América Latina, más allá de las palabras. No se puede hacer prácticamente nada en común cuando el refugio en la implosión es lo que atomiza a la sociedad, llámese tribu, clan o familia, y cuando se viven como forma primordial de "identidad" y "pertenencia". Este es, en parte, el "Sur" bajo el ala de Estados Unidos y sus "socios y aliados": el ruido y el furor de un idiota, el que lo es porque no entiende vitalmente lo que no sea su carapazón social más elemental y no puede "estar en sociedad", ya ni se diga en civilización.

       El remate, según lo ha mostrado por ejemplo el portal Rebelión, es lo que está sucediendo en Siria, sin que importe en lo más mínimo (la izquierda está agarrada de una Palestina idealizada y sin entender para qué es el "Gran Medio Oriente Ampliado"): mientras se decide si el presidente estadounidense y el premier israelí, Donald J. Trump y Benjamín Netanhayu, respectivamente, son "fascistas",  el emir "gobernante" del país, Abu Mohamad al-Golani, tiene a sus seguidores perpetrando matanzas contra los alauítas, los drusos (perseguidos de parte beduina, hasta que Estados Unidos trató de parar) y cristianos: según el portal citado, cerca de mil drusos asesinados, por familias enteras, y cerca de dos mil alauítas, en Latakia y otras partes costeras. Que se le pregunte a un habitante de país central: dirá que "no entiende nada" -mientras sigue en su carapazón social, como la que tienen los drusos, por lo demás- y que "Bashar y sus crímenes". Nadie que ponga su tribu, su clan o su familia antes que la sociedad, la ciudadanía y el individuo puede entender en qué contribuye a servir a otros y a descomponer la vida volviéndola hostil por conveniencia, ceguera, miedo y cobardía, o por "interés" mal entendido, cuando antes que como persona se "es" por "identidad" y "adscripción al grupo". Ya se sabe por ejemplo en México cómo se las gastan los cangrejos de la cubeta con el que intenta salirse. Pues así son y así viven el "sentimiento" -o la "emoción" -tribus, clanes y más de una familia (no todas). Antes era parte de lo "bárbaro" por "primitivo": ahora es parte de patrimonios milenarios, y hasta para arte y "cultura" o para hacerse el "rebelde" con la barbita. (da click en el botón de reproducción).




lunes, 21 de julio de 2025

A VER A QUÉ HORAS...

 El fenómeno de la psicopatía narcisista o del perverso narcisista, como se quiera llamar, no es algo del todo nuevo, pero sí de respuestas novedosas. No se trata de idealizar ningún pasado, mucho menos el patriarcal, como se le ha querido llamar a veces erróneamente. Probablemente cada época tiene sus retos propios, y a cada generación le toca hacer con ellos, aunque sin desvincularse del llamado "enlace de generaciones", que da a los ancianos la facultad de la sabiduría (con frecuencia, no siempre tampoco). Es probable que la Humanidad haya llegado un términos históricamente recientes a una sensación de omnipotencia, en su capacidad para actuar sobre la naturaleza y sobre las condiciones de vida humanas. Por "perverso" se entiende "torcido", no lo que la psiquiatría al uso ha ya normalizado en el sado-masoquismo, etcétera, aunque sí "nocivo" (y no lo que se vulgariza como "tóxico"). La psicopatía tampoco implica forzosamente criminalidad, aunque sí daño. Es posible pensar que estos tipos de personalidad, narcisistas y egocéntricos, hayan ido surgiendo en la segunda posguerra, si no es que un poco antes, reforzados por lo "libertario" de finales de los años '60 y las contradicciones de la crisis posterior, que, pese a ser tal, no ha sido escasa en beneficiarios: no es crisis para todos por igual, ni es tan sencillo como "el uno por ciento contra el 99 %". Hay capas medias, aunque no sean mayoría, privilegios de la llamada "globalización" y la llegada de los consumidores antes que productores, de una u otra manera alejados de lo que transformó al mono en Hombre: el trabajo, más si útil.

         Gracias a las redes sociales, y pese a la ausencia de educación digital mínima, se han creado varios espacios para defenderse de las personalidades antes mencionadas y alejarse o mantenerlas a raya (lo que a veces puede incluir consejos maquiavélicos si se entiende bien a Maquiavelo, y no en sentido peyorativo). Nadie está obligado a aguantar ese tipo de personalidades ni el daño infligido, así se presente al revés, como víctima y culpabilizante, con tal de ser "consecuentado" o quedar "inmune" (e impune). Lo que está claro es que se trata de personas que no cambian, por distintos motivos, incluso aunque tengan uno que otro lado más o menos (no tanto) "bueno". No cambian por atrofia afectiva, así sean personas inteligentes, lo suficiente incluso para "ver" al otro, pero sin empatía. Esta falta de empatía queda de manifiesto en su capacidad -e incluso decisión- de dañar sin reconocer (por omnipotencia) el menor error, porque el aprendizaje afectivo no puede darse, y no pasa del miedo, en última instancia: visto en el otro, para dominarlo y controlarlo, con agudeza, pero "tapado" -al grado del autoengaño- en la viga propia, salvo que se les haga sentir como recordatorio.

       Lo que distintos sitios contribuyen a afirmar es que ningún "interés" justifica aguantarse el daño infligido. Primero: nada de que "la familia", ya que por fin se antepone la integridad individual, así sea duro lograrla y pueda llevar a formas de soledad. Hay valores que están por encima de los lazos de sangre y que permiten tomar distancia de algún familiar si daña y no aprende. Nadie tiene derecho al reclamo "de la sociedad" por encima de la integridad individual. Ni a "echar montón" familiar o socialmente, propio por lo demás de gente cobarde.  Como ya lo estudió hace rato Marie-France Hirigoyen, tampoco en el lugar de trabajo, por formas de acoso (Hirigoyen avanzó sobre el acoso moral y laboral, en su tiempo). Una parte limitada del psicoanálisis lacaniano (Jean-Pierre Lebrun, belga) ha avanzado en la misma dirección, con reflexiones importantes sobre la sociedad actual, que no sanciona e incluso recompensa comportamientos nocivos, para que se cuelen el perverso o psicópata narcisista y encuentren complicidades o contubernios. A su manera, aunque siendo vulgarizado, el neurólogo y psiquiatra francés Boris Cyrulnik (el de la ahora tan llevada y traída "resiliencia") adelantó, por ejemplo sobre sus "patitos feos", el problema de las sociedades que golpean dos veces, una tolerando el daño y otra culpando a la víctima. Después se ha avanzado sobre la descripción del perverso narcisista, en particular con Jean-Charles Bouchoux y algunos pocos más. Todo lo descrito restituye el lugar de la "psicología social" y busca salir del individualismo mal entendido, el del "hazle como puedas, está en tí, "sí se puede" y algo así como el "emprendedurismo" en el que han ido a dar prácticamente todas las corrientes de la psicología y el psicoanálisis, del estilo "no es la realidad que te afecta, sino cómo la interpretas" (el psicópata siempre la interpreta por tí...), para llevar a todo el que se deje ante la charlatanería a interminables juegos mentales sin actos, mientras que lo propio del perverso o psicópata narcisista es que no duda en pasar al acto.

       Gracias a la joven Elizabeth Caplés por, al fin, algo simple: el libro Tú no eres el problema. Gracias a El Wasón, Secretos de la Vida, Latidos del Planeta, Reflexiones y sentimientos, Qué bonita reflexión, Riqueza incalculable,  Carlos Rizo, Reflexiones de la Abuela, Daniela Pol, incluso El Capo Willy´s y a Tony Montana. Gracias a Alto Valor y a Abuso narcisista y Psicopatía. Es asunto de integrar afectos y valores mínimos, y no es fácil, pero también de dejarse de "buenismo" cuando, con fórceps de "optimismo" y "sé positivo" o de "no pasa nada", se trata de negar que sí, la maldad existe, por lo que hay que encontrar cómo hacer con ella. Y no es la maldad al estilo de los espectáculos de terror de Hollywood. La capacidad de discernimiento no es una opción a dejar de lado, como si se pudiera escoger no tener criterio (o no tener escrúpulos). Gracias también a Backdoor por mostrar cómo la época es de cínicos. No se trata de ser "resiliente" por "decir algo", ni de nombrar a cualquiera "un guerrero" al pésimo estilo de Miguel Ruiz, ni de hacer negocio relegando el juicio de realidad y el de valor, para entrar en "narrativas" y otras formas de contarse cuentos: o que se diga entonces en qué centro comercial venden confianza o lealtad, por ejemplo -en verdad, no palabras para "fidelizar a la clientela". Al menos en redes y algunas lecturas ya hay algo más allá de la industria de la "lectura del inconsciente", del formateo de la gente y de la autoayuda. Se trata de otra cosa. Cuando menos, si el mundo imperante es darwinista, de saber cómo hacer con los depredadores. Al menos son útiles para tener la verdadera posibilidad de escoger, como lo quería hace algunos siglos Pico della Mirandola: evadir la decisión, el conocimiento de las opciones y negar la maldad o practicarla son YA una opción, con consecuencias que no tienen por qué pagar otros, ni en familia, ni en sociedad, salvo gran ignorancia, si no es fingida (da click en el botón de reproducción).





domingo, 20 de julio de 2025

LO SUYO ES MENTAL

 Con Rusia, pese a ciertos ecos del pasado, no se trata de parar alguna supuesta amenaza, puesto que este país ha visto más bien encogerse su periferia o lo que durante un tiempo fue llamado el "extranjero cercano". Lo acaba de reconfirmar el movimiento de tropas de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) hacia Moldavia, luego del alejamiento de Azerbaiyán y el acercamiento de este último con Armenia. Si se tratara de trazar flechas en un mapa, tienen casi siempre una dirección inequívoca: van HACIA Rusia, no parten DE Rusia, salvo en el caso limitado del Este ex ucraniano. Como ya se ha dicho, los ataques de Ucrania van HACIA Rusia, no hacia el Donbás o Crimea. Ya no es mucho lo que se puede hacer ante la forma de alegar de la OTAN y la UE (Unión Europea), como si se estuvieran defendiendo.

      Por una parte, se trata de ambición de control y poder, con el rechazo a lo que sea más o menos independiente, hasta donde Rusia lo es y opone la idea de soberanía -como capacidad de tomar decisiones propias- a la dependencia y el vasallaje que supone el "globalismo". Como ya ha habido ocasión de expresarlo, es la personalidad de la época, fomentada por los medios de comunicación masiva más poderosos, que requieren entre otras cosas de una autoimagen no sólo positiva, sino de omnipotencia. Esta es el resultado de carecer de la idea del límite y de creer que todo es cosa de deseo y fantasía ilimitadas, al grado de una suerte de adicción. Esto dificulta por lo demás una correcta evaluación de a quien se tiene enfrente. Es suficiente para alentar errores, a reserva de saber hasta dónde pueden llegar, dejando de lado la teatralidad del presidente estadounidense Donald J. Trump, quien ha decidido mandar a Ucrania armas que no sirven para nada, y dar algunos días a Rusia para cesar hostilidades, como si el árbitro debiera seguir siendo Estados Unidos, sin consultar. El presidente ruso Vladimir Putin ya ha señalado que hay cierto tipo de personalidades con las que no tiene sentido hablar, porque no hay diálogo ni negociación y acuerdo posibles, y únicamente entienden de actos, de preferencia de fuerza.

      Más allá de las dimensiones mediática y militar, de cerco, el problema no tiene gran cosa que ver con el "alma rusa" y su "resistencia" o con alguna supuesta "amenaza". Es otro, rara vez visto por los rusos, y tiene que ver con la larga crisis de un capitalismo que se rige por la necesidad de ganancia (que se mide por una tasa), no por ningún "humanitarismo" que no es "humanidad". No está de más recordar que no ha vuelto a haber una época "dorada" como la excepcional de la segunda posguerra, y, aunque de manera desigual, el capitalismo está en su crisis históricamente más larga, desde finales de los '60, sin recuperación duradera de la tasa de ganancia y con diferencias internas, que explican a alguien como Trump, que representa sectores afectados por la competencia. Los "globalistas", gente de Davos y de las grandes empresas transnacionales, con sede en la Tríada (Estados Unidos, UE, Japón) buscan salir de aprietos ampliando mercados para mercancías y capitales y para obtener recursos naturales y mano de obra, si es posible con ganancias extraordinarias. Parte de las precauciones con China es que se trata de un mercado que se ha abierto. Rusia, en cambio, representa una barrera para llegar, como se trató en los años '90, a inmensos recursos naturales, que son vistos como eventual posibilidad de relanzar la rentabilidad, de accederse a ellos. Es una gigantesca "reserva" -más que la de Ucrania- que permite pensar a algunos en una salida transitoria de la crisis, si se removiera el obstáculo del patriotismo ruso. Es la eterna obsesión que se traduce desde tiempos de la hegemonía británica en la teoría del "corazón del mundo" (Halford MacKinder) a controlar para asegurarse el predominio económico internacional. Los planes para desmembrar Rusia no son un secreto y ya ha habido ocasión de mencionarlos. Gran parte del asunto, entonces, es económico: colocar, de alguna u otra manera, a Rusia en situación de que sus recursos naturales sean un botín para relanzar las ganancias de la Tríada. Es por esto que la flecha va DESDE  EUROPA HACIA RUSIA, AMENAZÁNDOLA, y con eventual presión estadounidense. Alguien debería tomarse la molestia, en vez de discutir asuntos de imagen, de considerar las riquezas gigantescas que encierra Rusia. Según lo admiten diversos portales en la Web, Rusia es "increíblemente rica" en mineral de hierro, níquel, aluminio, cobre, oro, platino, titanio, manganeso, cromo, diamantes, carbón, sal, grafito, roca de fosfato, sales de potasio y, desde luego, en petróleo y gas, además de algunas riquezas agrícolas (como el trigo). ¿De cuándo acá un capitalista no soñaría con hacerse de tanta riqueza?¿O se cree que se está buscando "humanitariamente" salvar a Rusia de una supuesta "autocracia"? La maldad necesita de un objeto, un valor y un espectador: el valor, el de Rusia de no dejar entrar a cualquiera a sus gigantescos recursos; el objeto, estos recursos que son CODICIADOS, como si algún infante no se diera cuenta del papel de la codicia en el capitalismo, y el espectador, los de los medios de comunicación masiva para hacerlos cómplices de un acorralamiento en el que es la fuerza de la OTAN la que pende sobre Rusia, salvo que ya no se quiera ni siquiera mirar un mapa y se esté en la confusión entre Austria y Australia, como lo estaba en 1991 la mexicana TV Azteca entre el Báltico y los Balcanes. La personalidad de la época, en su sensación de omnipotencia, es obtusa e ignorante a la vez.

       Por lo pronto, parte de la apuesta es a las energías renovables y algunas nuevas tecnologías (como la Inteligencia Artificial) para relanzar la tasa de ganancia, aunque con riesgos para la fuerza de trabajo. Como parte de la tentativa de salir de la crisis duradera, está la presión de distintas maneras sobre Rusia para que "implosione" o tenga un gobierno como del de Boris Yeltsin en los '90. El resto es, en parte, un lavado de cerebro al que no le importa ni siquiera desafiar la lógica y que procede como el perverso narcisista, con sus rasgos de psicopatía: estando en el error y dañando, al menor argumento logra colocarse como víctima y objeto de daño, con tal de no admitir ninguna pérdida, porque resulta insoportable. El problema no es Rusia y la víctima no es la Tríada: lo penoso es la propagación de una personalidad que, más allá del miedo y la cobardía, no puede aprender porque no procede por reconocimiento de errores. Así las cosas (da click en el botón de reproducción).



AQUÍ NO HA PASADO NADA

 Hablar de la caída de la Unión Soviética, en 1991, es un asunto tabú en lo que se conoce como "Occidente", y se reduce a reaccion...