No parece Rusia la interesada en "balcanizar"a Ucrania. Una intervención militar rusa en el Donbás seguramente provocaría la inmediata división de Ucrania entre "rusófilos" y "occidentalofilos", pero no ha sucedido y en Moscú los primeros fueron hechos a un lado. Se habla menos de "Novorossia", la "Nueva Rusia" del Este y el sur ucranianos.
Entretanto, Ucrania sigue camino a la quiebra con un ritual viejo de varios años: un oligarca combate a otro en nombre de la lucha contra la corrupción, mientras se va descubriendo que todos los oligarcas son en mayor o en menor medida corruptos. A estas alturas, como ya no hay mucho qué saquear (la región más rica era la industrial del Donbás), los demás están tratando de asegurarse una posición ventajosa -de renta- para recoger las migas de Occidente. El antiguo oligarca ucraniano con mayor riqueza, Rinat Akhmetov, de Donetsk, ya no tiene mucho sobre qué gobernar. La rivalidad es ahora entre el presidente Petro Poroshenko, "rey del chocolate", y el magnate Igor Kolomoiski, hasta hace poco gobernador de Dniepropetrovsk. Kolomoiski, en nombre del "espíritu de Maidán", buscó acusar de corruptos a los gobernantes de Kíev, capital ucraniana. Sin embargo, Kolomoiski no se distingue por sus prácticas limpias: es él quien armó a batallones privados filonazis para ir a combatir al Donbás y a Mariupol, sobre la costa del mar de Azov. De este modo, Ucrania no tiene ni siquiera un ejército bien integrado y capaz de imponerse a las milicias de autodefensa del Donbás. Kolomoiski también estaría detrás del grupo Sector Derecho (Praviy Sektor), de extrema derecha.
A cambio de apaciguarlo, Poroshenko le ofreció al conflictivo pero popular Kolomoiski, segunda gran fortuna de Ucrania, salvar al banco Privat (PrivatBank) con recursos del Banco Nacional de Ucrania (34 millones de dólares). Entretanto, Kolomoiski se acercó al -igualmente filonazi- primer ministro Arseni Yatseniuk. Kolomoiski tiene importantes intereses en el sector energético (en la sociedad UkrTransNafta) y no queda claro en qué puede terminar esta "guerra de oligarcas". Lo más probable es que, para cuando haya terminado, las arcas de lo que queda del Estado ucraniano estén vacías, porque todo el que puede -oligarcas incluidos- saca el dinero al exterior de Ucrania. En estas condiciones, aunque Ucrania no es un "Estado fallido", es algo que resulta cada vez más semejante a este espanto. La mayor dificultad para el gobierno ruso de Vladimir Putin es encontrar algún oligarca más o menos fiable con quien estabilizar la región, que de otro modo seguirá siendo un polvorín a las puertas de la Federación Rusa.
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