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lunes, 12 de junio de 2017

MODA NATURAL

Les gustan las cosas "al natural", "bio", orgánicas, como los intelectuales orgánicos (¿de la granja?). Sus padres, si universitarios, se fueron mudando desde los '80 hacia las afueras de la ciudad, así fuera rodeados de pobres (era parte del paisaje auténtico), o pasaron buena parte del tiempo en alguna casa de campo para invitar a los colegas y asegurarse el ascenso. Los hijos (las hijas, sobre todo) estudiaron en el extranjero y se casaron allá lejos con una promesa -auténtica también- de ascenso. Con todo, les sigue gustando lo campestre, lo rústico, lo arcaico, como lo prueban sus Facebooks.
       Les gusta la comunidad primitiva, antes llamada "salvaje" y ahora "originaria", porque, como resumía Michel Clouscard a principios de la crisis (Néo-fascisme et idélogie du désir/Neo-fascismo e ideología del deseo), representa una supuesta Edad de Oro, de caza, recolección y pesca, en la cual no había Estado, un Estado por definición "represivo", "coercitivo" y/o "autoritario". Cuando este Estado era inexistente, los primitivos se dedicaban simple y llanamente a ir en pos de sus deseos y a satisfacerlos, como lo hizo el hippy de papá que regresó feliz de Katmandú y como tal vez querría hacerlo -parafraseando a Clouscard- la Marie-Chantal que sigue seminarios sobre Foucault. En la comunidad salvaje no hay Estado, pero tampoco hay realmente producción: es un mundo que además de lúdico, mágico, es también libidinal en la medida en que es el deseo el que "produce" (cuando no la naturaleza que muy agradablemente da sus frutos sin tener que esforzarse, no work). Al turismo suele gustarle la playa escondida (y un poco de nudismo), algún espectáculo autóctono-maya, alimentarse en la palapa de lo recién salido del mar, o el montañismo presumido en el calzado urbano y hasta en las mochilas del país de adolescentes. También se puede adornar el hogar de estatuillas africanas y seguir en el exotismo para disfrutar el fin de semana de comida tailandesa y cine sudcoreano. Sabores de la naturaleza, paisajes de un mundo raro, pero en nada "artificial".
        Clouscard hacía notar desde 1973 que en este ambiente fue surgiendo una élite (por lo demás perfectamente tecnócrata) anti-élite y, con la pérdida del oficio (también "artificial"), una intelectualidad-anti-intelectual (empezó a detestar el pensamiento), así como fueron despuntando universitarios anti-universitarios (todos con sus hijos en el extranjero, dicho sea de paso, y no en el Bronx local). Lo que este neo-fascismo cultural "enseña" son sus deseos convertidos en materia de estudio, porque "lo personal es político", y lo que Clouscard llamaba el "ligue cultural". Lo "marginal" -que de otro modo sería lumpen- se ha convertido en "natural", naturaleza del Hombre, fusionada con la naturaleza a secas (la Pachamama con derechos). Al Hombre no lo define el trabajo (transformación de objetos, transformación de sí mismo, transformación de sus relaciones con el prójimo que se aprende a conocer), sino el deseo (el propio, no tanto el de los demás). El ultra-endogámico Facebook responde a la pregunta: ¿cuáles son tus deseos? y suele mostrar por lo demás a la familia como "comunidad primitiva" y lugar de todas las inocencias (la foto del titular bebé). Es este neo-fascismo -con una antropología neo-fascista- el que está a la vanguardia del cambio y hasta de las "revoluciones" un poco por doquier, para felicidad de papá el neo-conservador. Después de todo, el mundo es, aunque ya no va.