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viernes, 16 de junio de 2017

UNIVERSITARIO IN

Más de una universidad ha contribuido a la instalación de un neo-fascismo cultural por el cual, como decía Michel Clouscard, "todo está permitido, pero nada es posible". Ese neo-fascismo parecería haber deformado en gran medida sus fuentes para volverlas" recuperables".
         El marxismo fue abandonado desde los años '80, pero quedó, en vez del ideal de la emancipación, el de la "liberación", llamada además "revolución". El imperio no ataca: "libera" a los países de "tiranos" como Noriega, Hussein, Kadhafi, Milosevic, al-Asad y los primeros en repetirlo son los universitarios, que por lo demás no han perdido su activismo. Ahora poco falta para el Frente de Liberación de la Mujer, el Frente para la Liberación LGBTTI, el Frente para la Liberación Animal, el Frente para la Liberación de la Naturaleza y otras causas de lo más nobles que por lo demás, desconociendo otras dimensiones del mundo y todas las tradiciones disciplinarias, invaden los campi. Los radicales tienen a sus hijos ocupados reproduciendo fuera de la universidad lo que son en realidad "nichos de mercado", como los llaman los empresarios. Qué importa: los medios de comunicación masiva anuncian cada día algo "histórico" que se olvida al día siguiente y para los universitarios la velocidad tecnológica, que amenaza con ir demasiado rápido (nunca se está al día), es una "revolución", mientras se sigue con las modas que ocupan el espacio entre la híper-ciencia y la gesticulación estetizante, puesto que se pueden tener todos los estilos, pero no todas las ideas (algunas son descartadas en el medio mundano y frívolo como "faltas de gusto", aunque con argumentos más sutiles y "desideologizantes").
        La segundo fuente es el freudismo, que encaja con la "liberación": sí, suéltalo ya. No sólo "lo personal es político", sino que todos los fantasmas familiares son llevados a los campi para ser "reciclados" en el "derecho a la subjetividad de cada quien", que suena curiosamente, también, a derecho a consumir (y ser consumido, devórame otra vez).
       Finalmente, está Nietzsche, el gran favorito, el "rebelde aristocrático", como lo ha llamado Domenico Losurdo (y así debiera ser llamada más de una "vaca sagrada"): permite que todas esas "naturalezas", como tales incuestionables, se den el tono de superioridad del "súper-hombre" e inviten al mismo tiempo a la disipación en la gran feria dionisíaca, en la cual no hay clases: solo hipsters, bourgeois bohëmes leyendo a Cioran y, claro está, clanes salidos de los campi a dar lecciones sobre las "buenas causas"...de las cuales pareciera recomendable no desviarse, para no ser tachado de "cripto-fascista", "genéticamente estalinista" o admirador de tal o cual "nuevo Hitler".