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viernes, 9 de junio de 2017

MODA LUMPEN

En el latente neo-fascismo actual se está lejos de la producción y del trabajo asalariado (no falta en cambio el freelance  en ciertos medios), hacia arriba en la jerarquía social y en la creencia de que la sociedad actual es "de consumo", con el "fin del trabajo" (lo prometió Jeremy Rifkin, funcionario de la administración Clinton) y la llegada de un mundo "lúdico", donde todo es "divertido". Se consume en ascenso para tener confort, standing y acercarse al lujo (de todos modos inalcanzable) de la oligarquía financiera, alejada ella también de la producción, puesto que está en la especulación.
     El consumo tiende a imponer lo californiano y sobre todo, lo lumpen: la transgresión (ostentada) de todas las formas, el ir de tenis al trabajo, los tatuajes, el arete en la oreja o en la boca para el hombre, el peinado "el último de los mohicanos", el jean deslavado o roto, el sombrero de safari australiano, la camiseta (playera) descosida, el "atuendo" playero con crocs, el país de mochileros adolescentes, la significación de que "se hace lo que me da la gana" y de que se comparte entre muchos el underground, donde no cuenta el gusto sino el adelantarse a la violencia latente y de "soltar al perro" (incluido al filósofo, Les chiens de garde, Paul Nizan). Así, sin que parezcan entenderlo incluso quienes lo promueven, matar y descuartizar, en un mundo que estimula por todos los medios la lumpenización, es "lúdico" y "marginal" al mismo tiempo, lumpen y "juguetón", es el dar rienda suelta a lo que Bernard Stiegler ha llamado el "capitalismo pulsional". Predomina el lumpen más que el "proletario", aunque, siguiendo a Stiegler, haya "proletarización" porque se ha perdido desde el saber-hacer hasta el saber-vivir.
      Entre la obtención de una renta y su consumo interesa hacerse de bienes de representación, porque cuentan mucho los signos, como lo hacía notar al principio de la crisis Michel Clouscard (Néo-fascisme et idéologie du désir/Neofascismo e ideología del deseo). Consumir es hacerse de un "estilo de vida" y, supuestamente, los seres en sociedad ya no se diferencían sino por gustos y "estilos", en lo mundano, en la forma de gozar, de usufructuar, como la oligarquía financiera usufructúa y goza sin producir. Para reproducir este estado de cosas, un miríada de intelectuales, universitarios, artistas, periodistas, publicistas, mercadólogos, diseñadores, gente del espectáculo, etcétera, se encargan de ganarse la vida "haciendo circular" parte del excedente (la derrama que promete inclusión), rotando el capital, sin creatividad pero con gritos y performance. Se quiere hacer creer que "estilo de vida" es "nivel de vida" (al menos imaginariamente) y el ser ya no está en el tener sino en "los signos del tener": "el arribismo -decía Clouscard- necesita marcar, distinguirse, aparecer". Es hoy el diseño de las redes antisociales que hace circular curiosamente los mismos signos, aunque los gustos parezcan diferir. La oligarquía financiera es antisocial: hace "huelga permanente de inversiones". Entre esa oligarquía y el lumpen (desde el terrorista de bandera falsa hasta el pulular de la pequeña delincuencia y el affairisme), la "clase media" pretende identificarse ella también con lo marginal como signo de estatus y de ascenso: escoge situarse en los nuevos "gremios" o "corporativismos" (jóvenes, mujeres, intelectuales "críticos", indios, negros rasta, veganos, protectores de animales, gays, etcétera) que nunca se definen en relación con la producción y están "al margen" pero integrados al "sistema"-son apocalípticos e integrados. Después de todo, el fascismo siempre ha sabido recoger en el lumpen.