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miércoles, 27 de septiembre de 2017

CASTRO-GOMEZ EN LA CAFETERIA

Se puede estar de acuerdo con Santiago Castro-Gómez cuando afirma (El giro decolonial): (el conocimiento) "ya no es legitimado por su utilidad para la nación ni para la Humanidad, sino por su performatividad, es decir, por su capacidad de generar determinados efectos de poder. El principio de performatividad tiene por consecuencia la subordinación de las instituciones de educación superior a los poderes globales". Ciertamente, las directrices de esas instituciones suelen ser las de organismos internacionales que responden a su vez a "poderes globales". Podría decirse que garantizar que las cosas sean así es la función de la "administración y control" -como la llama Castro-Gómez- de las universidades. "Las universidades empiezan a convertirse en microempresas prestadoras de servicios", observa este autor colombiano. No se trata de investigar, sino de producir "conocimientos pertinentes".
       Saboteada desde arriba por la tecnocracia que no respeta el espacio público y lo pone al servicio de "poderes globales", privados, la universidad encuentra simétricamente quien, en lugar de defenderla en su universalidad, la derruye desde abajo. Y Castro-Gómez es un ejemplo, escudado como lo está en calcar (peor que el Engels de Dialéctica de la naturaleza) de las ciencias "duras" lo que "suene" para las ciencias sociales, en este caso a nombre de la "complejidad". Es el "truco Gorbachov": cada vez que por ignorancia no sabía qué decir ante una pregunta, el líder soviético se sacaba de la manga algún minidiscurso sobre "la complejidad" del asunto. Así, la "universidad del caos" no sería el relajo absoluto (del que no se está lejos), sino la universidad "compleja", o tal vez la universidad-fractal, o cualquier cosa parecida que suene a ciencia "dura".  "(...)Una universidad que piensa complejamente debe ser también una universidad que funciona complejamente", anuncia Castro-Gómez. "Esto significa que debe hacer que sus estructuras también sean rizomáticas. Pienso, por ejemplo, en una universidad donde los estudiantes puedan ser coautores de sus propios planes de estudio, matriculándose, ya no en las estructuras fijas de un programa en particular, sino en una red de programas.  El estudiante podría navegar (sic) así, entre diversos programas de maestría e incluso de pregrado, conectados en red, no sólo en el interior de una sola universidad sino entre varias universidades. Pienso en una estructura en donde los profesores puedan pertenecer a varios departamentos a la vez, facilitando así el ejercicio de la transdisciplinariedad (...). Pienso en la utilización masiva de las nuevas tecnologías para la generación de programas virtuales, desescolarizados, en los que el aprendizaje pueda ser interactivo con las máquinas (!)". Lo último es un negocio que la tecnocracia no ve nada mal. Y lo anterior dicho por Castro-Gómez tampoco: es la sustitución de la disciplina por la flexibilidad, que es lo que necesita la tecnocracia controla-flujos.
     "Considero, prosigue Castro-Gómez, que el avance hacia una universidad transdisciplinaria lleva consigo el tránsito hacia una universidad transcultural, en la que diferentes formas culturales de producción de conocimientos puedan convivir sin quedar sometidos a la hegemonía única de la episteme de la ciencia occidental". En ciencias sociales se vale, sin que aparezca como fraude, lo que en las ciencias "duras" que sirven de coartada no: no hay física tojolabal, ingeniería mapuche, química chibcha, matemática yaqui, etcétera, pero en el menú de la cafetería "humanística" el ultraizquierdismo-anarquismo quiere lo mismo que los funcionarios de la "administración y control".
       Lo que busca Castro-Gómez es la ampliación del horizonte de visibilidad de la ciencia occidental moderna, que habría sido incapaz de "abrirse a dominios prohibidos, como las emociones, la intimidad, el sentido común, los conocimientos ancestrales y la corporalidad". Si esa ciencia ha sido "mental", lo que queremos para el "giro decolonial" es algo así un giro de cadera -emoción, intimidad, cuerpo- y, si es posible, hasta una ciencia cachonda, sin importar demasiado lo que diga, que al fin y al cabo "todo es tan complejo...".