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viernes, 8 de septiembre de 2017

PROVOCACIONES DEL EUROMAIDAN

El 20 de febrero de 2014 fue el "Jueves Negro" en el Maidán de Kíev, la capital de Ucrania. Para quien la conozca, Maidán es una ratonera. La plaza de la Independencia está rodeada de edificios de tal manera que quienes se manifiesten en ella están cercados.
     El neo-fascista Andriy Parubiy era el autonombrado "comandante" de la plaza durante las protestas que se extendieron por varios meses (desde noviembre del año anterior) en contra del gobierno de Viktor Yanukovich. Dicho de otro modo, Parubiy aseguraba el "orden". Parte del problema era que lo hacía consultando diariamente a la embajada estadounidense en Kíev. Y la embajada estaba interesada en expulsar del gobierno a Yanukovich.
     Ya se habían producido disturbios. Obedeciendo a las órdenes de un jefe policíaco que respondía a su vez a la embajada y no a Yanukovich, la policía ya había cargado contra manifestantes. Hasta ahí había quedado el asunto, mientras se negociaba una salida política al conflicto.
     Hasta ese día de febrero. Los policías se retiraban cuando fueron agredidos a tiros, sin saber con exactitud de dónde les llegaban. Y los manifestantes también fueron agredidos a tiros. Tampoco podían ver bien desde dónde se les disparaba. Cada bando podía creer que era el otro el que disparaba, pero muy pronto se supo qué estaba pasando.
     Parubiy había metido a francotiradores, como mínimo una veintena, en edificios alrededor de la plaza: el de la Filarmónica y el del Hotel Ucrania. Luego se pudo ver a Parubiy controlando la salida de "su gente" con bolsas para transportar armas, ya hecho el "trabajo", el de dispararles tanto a la policía como a los manifestantes. Incluso algunos opositores a Yanukovich (entre los cuales había grupos de extrema derecha) pidieron al jefe de Seguridad Nacional ucraniano, Alexander Yakimenko, que hiciera entrar en acción al grupo de élite Alfa para controlar la situación, pero Parubiy se opuso, "bloqueando" la entrada a Maidán. A partir de la provocación, en la que murieron decenas de personas, tal vez alrededor de setenta (entre manifestantes y policías), Estados Unidos logró su cometido: a las pocas horas, Yanukovich, para el caso, inocente, tuvo que abandonar Ucrania.