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lunes, 25 de septiembre de 2017

LANDER EN LA LUNA

Edgardo Lander es un sociólogo que ha trabajado el problema de la "colonialidad del saber" y llegado a la conclusión, no del todo errada, de que el pensamiento científico moderno contribuye a la "naturalización de las relaciones sociales" (La colonialidad del saber), para aceptarlas tal y como son y dar por hecho un "único mundo posible".
       Frente a este supuesto Uno, Lander ha propuesto lo "múltiple". En un artículo intitulado "¿Qué significa ser de izquierda hoy?", Lander sostiene: (ser de izquierda) "requiere el cuestionamiento a fondo de los patrones de conocimiento que ha constituido la idea de modernidad  como dinámica interna de los pueblos europeos, construyendo al resto de los pobladores del planeta como primitivos, atrasados, premodernos, subdesarrollados". La frase parece inocente, pero establece equivalentes que no lo son: primitivos=atrasados=premodernos=subdesarrollados, cuando lo contrario del subdesarrollo no es la modernidad, sino el desarrollo, una noción de origen estadounidense, por lo demás. Culmina Lander: "lo que los pueblos del Sur requieren hoy no es más modernidad, ni más capitalismo. Han estado sometidos al orden colonial capitalista y moderno durante siglos". En el caso de América Latina es falso, tomando en cuenta que los españoles y portugueses no trajeron el capitalismo, simplemente porque éste no existía en la metrópoli. Por lo demás, Lander limita su argumentación a "Europa" y omite la influencia indirecta de Estados Unidos (a veces convertida en intromisiones directas) en lugares como América Latina.
        El problema en la correlación, que no constituye un argumento basado en conceptos claramente definidos, es que el "subdesarrollo" no sería más que una construcción europea arbitraria y no la condición objetiva de vida de millones de seres humanos. En este "políticamente correcto", no poder llamarlos "subdesarrollados" y justificar en cambio cualesquiera de sus prácticas y visiones del mundo, "desde el Sur", contribuye justamente a naturalizar el subdesarrollo  como otros naturalizan el desarrollo.
      El resultado es un mundo inamovible que se manifiesta así: "ser de izquierda hoy exige otra forma de hacer política. Exige ante todo el rechazo a toda pretensión de construir la política desde la verdad. La política, sus objetivos y sus métodos, prosigue, son construídos por los seres humanos de acuerdo a sus propias opciones, valores, preferencias e imaginarios de futuro. No es posible definir ni las metas ni las prácticas de la política desde ninguna verdad preexistente a la propia lucha, como por ejemplo, la verdad científica". El desarrollo -incluso capitalista donde no lo hay más que a medias- no sería sino una preferencia como otras, por lo demás "eurocentrada", por lo que sería igualmente válido querer "edificar" algo desde alguna "ancestralidad" incapaz de remediar el subdesarrollo. La petición que comienza por solicitar la renuncia a la modernidad y al capitalismo incluye, sútilmente, la renuncia al desarrollo: ni siquiera hay en qué comprometer al mundo desarrollado, metido al pillaje.