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lunes, 11 de septiembre de 2017

CON LAS DAMAS...CABALLERO

El Escuadrón 731 japonés operó al norte de China (Harbin, Manchuria) durante la segunda Guerra Mundial. Tenía un "aserradero" a donde llegaban los "pedazos de madera" o "troncos" (maruta) para los experimentos. En realidad, esos "pedazos" eran prisioneros, en su mayoría chinos, con quienes se practicó lo siguiente:
     -vivisecciones sin anestesia, incluyendo a mujeres, embarazadas, niños y lactantes.
     -pruebas de lanzallamas sobre personas, personas atadas a postes para probar bombas de gérmenes, químicas y explosivas.
     -inyecciones con sueros contaminados con agentes patógenos. Pruebas para regar epidemias de cólera, ántrax y peste bubónica.
     -creación de criaderos de pulgas infectadas de peste que luego fueron arrojadas sobre las ciudades chinas de Ningbo (1940) y Changde (1941).
     -prisioneros colgados cabeza abajo para ver en cuánto tiempo se asfixiaban. Inyección de aire en las arterias para ver en cuánto tiempo se produce una embolia. Inyecciones de orina de caballo en los riñones. Colocación en cámaras de vacío. Exposición a temperaturas extremas, en particular congelamiento.
      -colocación de prisioneros en centrífugas, haciéndolos girar hasta morir.
      -prueba de armas químicas en cámaras de gases.
      -inyecciones de agua salina o de burbujas de aire en el flujo sanguíneo (para simular apoplejías)
El Escuadrón 731 estuvo a cargo del microbiólogo Shiro Ishii y se estima que pudieron haber trabajado unos 3 mil "investigadores" nipones en los experimentos.
      Al final de la guerra, los soviéticos quisieron arrestar a Ishii para interrogarlo, pero fue capturado por los estadounidenses: logró inmunidad ante el Tribunal de Tokio por crímenes de guerra, a cambio de entregarles a los captores los resultados de los "trabajos" biológicos, exactamente de la misma manera en que en Europa el militar alemán Reinhard Gehlen, jefe de contra-inteligencia nazi en el Frente Oriental, fue perdonado a cambio de entregar todos sus datos a sus futuros patrones occidentales. En el caso de Ishii, uno de los que consintieron en protegerlo por su "utilidad" fue el general Douglas MacArthur (supervisor de la ocupación del Japón entre 1945 y 1951), quien pidió esa protección explícita en 1947 y "cerró el trato" en 1948.