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viernes, 15 de septiembre de 2017

WALLERSTEIN TUMBA BURROS

El estadounidense Immanuel Wallerstein ha "teorizado", impulsándolo, el derrumbe de las disciplinas en las ciencias sociales al grado de convertirlas, a lo sumo, en parte de un menú que mezcla de todo sobre tal o cual tema. En El universalismo europeo. El discurso del poder, Wallerstein considera: "(...) es posible que las disciplinas de las ciencias sociales se derrumben en cuanto a su organización y se vean sometidas o tal vez forzadas por los administradores a una profunda reorganización, cuyos contornos son por demás confusos (...) En pocas palabras, estoy convencido de que el último y más poderoso de los universalismos europeos, el universalismo científico, no es incuestionable". Ciertamente no lo es y Wallerstein no se lanza desembozadamente en defensa de los particularismos. Lo que no queda claro, de entrada, es por qué la tarea de reorganización debiera de recaer en "los administradores". Por ahora, éstos administran el caos, los "contornos confusos".
     En otra de sus obras, El capitalismo histórico, Wallerstein escribe: "la verdad, como ideal cultural, ha funcionado como un opio, tal vez el único opio serio del mundo moderno (!)". "(...) Nuestra educación colectiva, prosigue, nos ha enseñado que la búsqueda de la verdad es una virtud desinteresada, cuando de hecho es una racionalización interesada. La búsqueda de la verdad, proclamada como la piedra angular del progreso y, por tanto, del bienestar, ha estado, como mínimo, en consonancia con el mantenimiento de una estructura social jerárquica y desigual en una serie de aspectos específicos". ¿Quien ha proclamado que la verdad y no la ganancia -el "siempre más"- es la piedra angular del progreso y el bienestar actuales? La obra de Wallerstein está llena de este tipo de correlaciones que no constituyen un ejercicio del raciocinio. En última instancia, para Wallerstein, detrás de "la verdad" están cambios que "(...)fueron conseguidos mediante la persuasión de los 'educadores', cuya autoridad estaba respaldada en última instancia por la fuerza militar(!!)". He aquí otra correlación. Quien quiera buscar alguna verdad debe asumirse como mínimo como "autoritario" y como máximo como gorila al servicio de la economía-mundo capitalista. Ya es culpable ante el estudiantado que, efectivamente, no quiere verdades, mucho menos impuestas por el sistema-mundo- sino servirse del menú antisistémico, puesto que "el poder radica en los movimientos por sí mismos", según aduce Wallerstein en otro lugar. Resulta que "las estructuras del saber se han desarrollado históricamente en formas que han resultado de lo más útil para el mantenimiento de nuestro sistema-mundo existente". He aquí el izquierdismo en su forma más descarnada, como para acompañar a Michel Foucault y Pierre Bourdieu en sus obsesiones por las luchas de poder, donde sea: las disciplinas de las ciencias sociales son un ejercicio del poder eurocentrista sobre el estudiante oprimido, que no tiene necesidad de aprender, y a quien ni siquiera se lo piden los administradores "de la confusión".
     Desde una perspectiva crítica contra las "aberraciones conceptuales", por ejemplo sobre el Estado, Wallerstein concluye en Impensar las ciencias sociales: "por lo tanto, hay que rehacer el trabajo de las ciencias sociales de los últimos 200 años, tal vez no desde cero pero casi (!!)". Otra correlación. ¿Por qué no demolerlo todo de una buena vez, puesto que de ésto trata el izquierdismo? Lo bueno de ésto es lo malo que se está poniendo, incluso para el estudiantado antisistémico y sus guías.