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miércoles, 13 de septiembre de 2017

EL DEPENDENTISMO PLAYERO

La fortuna de la teoría latinoamericana de la dependencia se debió probablemente, más allá de sus aportes, a su capacidad para formular estereotipos, que hoy forman parte del acervo del que se puede echar mano para extorsionar al prójimo, en este caso, al del país central.
      ¿Qué es la dependencia? Theotonio Dos Santos, varias veces exiliado y al mismo tiempo cercano a universidades estadounidenses, la definió a mediados de los años '70 (Imperialismo y dependencia) como una situación (condicionante) que conduce "(...) a una situación global de los países dependientes que los sitúa en retraso y bajo la explotación de los países dominantes". "Los países dominantes, prosigue, disponen así de un predominio tecnológico, comercial, de capital y sociopolítico sobre los países dependientes (...) que les permite imponerles condiciones de explotación y extraerles parte de los excedentes producidos interiormente". El asunto sigue más adelante, siempre refiriéndose a países: "la división internacional del trabajo entre los productores de materias primas y productos agrícolas y los productores de manufacturas, formula Dos Santos, es un resultado típico del desarrollo capitalista que asume la forma necesaria de la desigualdad combinada entre los varios países. Esta forma desigual es una consecuencia del carácter de la acumulación de capital en que el crecimiento de la economía se basa en la explotación de muchos por pocos y en la concentración de los recursos del desarrollo económico social en manos de esta minoría".
       ¿Explotación entre países? No puede haberla: los países o Estados-nacionales no se dividen entre explotadores y explotados, países dueños de los medios de producción y países asalariados, países que se apropian de plusvalía y países que venden su fuerza de trabajo, etcétera. Al mismo tiempo, en lo que Mario Campaña ha llamado una "sociedad de señores" que se basa a la vez en la lisonja y el engaño, el estereotipo ("los países desarrollados explotan a los subdesarrollados") permite a la víctima (cualquier habitante de un país dependiente) hacerse del derecho -y hasta el privilegio- de resarcirse del "daño" tratando de "cobrársela" con el victimario (cualquier habitante de un país que sea parte de los "centros de dominación mundial"), sin reparar en la pertenencia de clase. Al habitante del "centro de dominación mundial", quien quiera que sea, no le queda más que sentirse culpable y pagar siempre algún tipo de reparación.
      Dos Santos adelanta el singularismo que predominará después en los campi: "no hay, dice, posibilidad de 'aplicar' los conceptos universales de la ciencia social a los países subdesarrollados, porque los conceptos de las ciencias sociales no se pueden referir a genéricos formales, sino a realidades históricas (...) En resumen: las leyes que rigen el desarrollo de los países subdesarrollados (?) son específicas y como tales deben ser estudiadas como leyes de desarrollo de los países capitalistas dependientes y sus distintas formas tipológicas". Se cierra el círculo: a quien extorsiona desde el subdesarrollo no se le puede echar en cara "su" subdesarrollo porque en realidad, en su singularidad, "el brasileño es así" y no hace más que practicar, incluso con arte,  su brasileñidad. El dependiente no explota a nadie: es simplemente más vivo para las jugadas, como el rey Pelé.