Páginas: para información y análisis, se recomiendan los sitios Consortium News-Globares

viernes, 12 de enero de 2018

ESPAÑA: LA CIENCIA AMILANADA

Miguel Delibes de Castro, miembro de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, escribió hace poco en el cotidiano español El País sobre el estado de la ciencia en España. "Hacer ciencia -dijo el autor- requiere entusiasmo (individual y colectivo), atrevimiento, dosis de autoconfianza, libertad de pensamiento, capacidad de arriesgar; ha de haber hueco para el error, para llevar la contraria, para discutir la autoridad sin temor". No es el estado de ánimo imperante en la ciencia española, que sufre de falta de fondos, aunque tal vez no sea el problema principal. La plantilla de investigadores ha envejecido (la edad media de los investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas-CSIC es de 53 años), los investigadores de entre 30  y 50 años no investigan o se han ido al exterior, y "además, se agudiza el problema de la burocratización de la gestión".
     "Las normas que parecían razonables cuando el aparato administrativo para gestionar la ciencia se estructuró en España han ido complicándose y anquilosándose progresivamente, hasta convertirse en un dislate y una auténtica tortura, escribe Delibes. No es raro que científicos consagrados reconozcan que dedican a la gestión cerca de la mitad, o incluso más, de su tiempo. Si a ello sumamos el 100 % de tiempo que le dedican los gestores y auditores de la actividad científica, llegaremos a la conclusión de que se trabaja mucho más para administrar la ciencia que para practicarla". ¿Y qué se administra tanto si se practica tan poco?
     "Me temo que en la ciencia española de hoy, agrega el autor, (...) predominan el conformismo, el pánico a equivocarse, el miedo a disgustar a los que mandan (...) Nadie quiere asumir riesgos que puedan perturbar al superior (...)Ese caldo de cultivo difícilmente casa con la práctica científica a nivel internacional. Más bien conduce a la introversión, la rutina, el individualismo, la endogamia nunca superada, la mediocridad...".
     Al poco tiempo, Borja Sánchez, del CSIC, escribió también en El País: "¿Dónde ha quedado la política científica?". Probablemente no la hay porque, al decir de este autor, para las autoridades la ciencia es más un gasto que una inversión y "toda reivindicación científica ha desaparecido de la agenda política". Así, agreguemos, se administra sin una orientación clara más de lo que se practica: se gestiona sin política, y se gestiona cada vez más en el vacío.