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viernes, 26 de enero de 2018

LA ESCUELA DEL ESPARCIMIENTO

Entre los docentes, en algunos países hay cierta exasperación con el desmantelamiento de las funciones sustantivas de la escuela. Es así que, a propósito de un libro suyo reciente, la profesora francesa Barbara Lefebvre constata que ha aparecido una nueva generación que complica aún más las cosas: la generación "yo tengo derecho...".
     "Se trata a la vez -explica- de una generación de alumnos y de padres que consideran que sus derechos individuales están por encima del interés general. Se glorifican las identidades particulares en detrimento del bien común. Este individualismo le hace el juego a dos corrientes: por una parte, (...) al culto al dinero;  por otra parte, al comunitarismo, según el cual uno estaría determinado por una identidad de nacimiento a preservar a como dé lugar". Tal vez no esté reñido, efectivamente, si al dinero le gusta comprarse árboles genealógicos.
     "La escuela ha perdido el sentido de su misión, considera Lefebvre. Con el principio supuestamente progresista de que hay que ponerse a merced de los infantes, se ha mantenido a un gran número de alumnos detrás de un abismo que se ha vuelto prácticamente infranqueable. (...)". La cultura ya no integra porque ya no se comprende ni la lengua. "La explosión de las redes sociales -dice la autora- ha acentuado la dominación del 'yo' omnipotente, que piensa prevalecer sobre el nosotros. Desde los años 2000 se sentía en los alumnos un no consentimiento a la autoridad. Esto se ha exacerbado desde hace cinco o seis años...".
     Para Lefebvre, "cuando se pone el 'yo' por delante, cuando la única cosa que cuenta es la satisfacción de sus deseos y sus antojos, se crea una relación extremadamente violenta con los demás. El otro se vuelve un objeto. De ahí el hostigamiento, el sexismo, y los pequeños jefecillos que hacen su ley...". A fuerza de considerarlo todo para los niños y los jóvenes, convertidos en reyes, estos tienen derechos y ninguna obligación. Para Lefebvre, la escuela no debiera ser considerada un lugar de esparcimiento de los niños; es un lugar de instrucción del alumno y el futuro ciudadano, pero quedaría por saber, agreguemos, si ésto es del interés de quienes rigen a nivel internacional la orientación de la educación...y de los padres (¿y algunos otros docentes?) que no toman en serio la escuela porque consideran que su ideal se ha desgastado. ¿A aprender de la crisis de la escuela, entonces? No, a divertirse y distraerse, y a tomarse lo demás por algo sumamente aburrido, monótono.