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lunes, 29 de enero de 2018

UN POQUITO MAS DE DEMAGOGIA

La tecnocracia y el activismo ultraizquierdista coinciden en una cosa: poner la universidad al servicio de intereses foráneos y particulares, en   nombre de algo tan vago como "lo que la sociedad reclama". Esta "sociedad", al parecer, no tiene nada que aprender de la universidad (¿y por qué no, por cierto?¿para qué mandar entonces a los estudiantes a aprender, o es que van a otra cosa?), lo que ha llevado a más de un universitario a tener la certeza de que, después de todo, no tiene tampoco nada que enseñar. El asunto es puramente unilateral y la universidad tecnócrata está al servicio de la agenda -como se le dice- de organismos internacionales y del partido mediático, como lo llamara hace poco Andrés Mora Ramírez en el portal "Con nuestra América" (al referirse a él junto al partido judicial). Dicho sea de paso, los maestros ya pueden ir a la universidad para aprender de los estudiantes y ser "siempre jóvenes"; después de todo, "los jóvenes" son un buen nicho de consumo y se los puede timar dos veces, una por el trabajo, muy precario (si lo tienen) y una segunda por el mismo consumo. La demagogia en boga sobre "los jóvenes" bien vale la pena. Hay que seducirlos.
     Mientras la universidad tecnocrática se ocupa de vender (de ver "qué le vende a la sociedad", llamándolo "oferta académica"), la ultraizquierda refrenda posturas como las de Emir Sader: no es que las clases populares deban tener acceso a la universidad para aprender una profesión, sino que los universitarios, venciendo "las trampas del academicismo" (otra vez el desdén del intelectual por la academia), deben casi casi "salir de la universidad" para aprender de los procesos políticos. Aquí está el intelectual: "nunca como ahora -dice Sader- las entidades del pensamiento crítico requieren liderazgos políticos e intelectuales fuertes, que no dejen de pronunciarse sobre los grandes temas del mundo actual y, en particular, de América Latina". "El pensamiento crítico, según Sader, tiene que reactivarse y colocarse al servicio de la izquierda, haciendo las lecturas políticas correctas del periodo actual en escala mundial y que ayuden a la izquierda a redefinirse y reubicarse". Estamos a una distancia cada vez mayor de la academia: ¿qué debe hacer un académico? Pues resulta que política, estar siempre "en la grande". con mucha "visibilidad". La tecnocracia (que no es burocracia), que sabe cómo "recuperar" casi todas las críticas, siempre ofrecerá el modo de que la vedette no deje de pronunciarse acerca de todo y nada. No hay demagogia hacia los jóvenes sin una buena dosis de "llamamiento moral", pues para vender algo hay que anunciarlo, al menos en las ciencias sociales. Lo demás es un aburrido funcionariado que sólo practican quienes tienen vocación de monje o monjita.