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lunes, 22 de enero de 2018

QUIETOS TODOS

Hace poco tiempo, el mandatario ruso, Vladimir Putin, comparó al comunismo con la religión. No es la primera vez que el presidente de la Federación Rusa hace algo así: ya había comparado el Código del constructor del comunismo (que data de 1961) con la Biblia. "Libertad, igualdad, hermandad, justicia: todo está establecido en las Sagradas Escrituras, todo está allí", afirmó Putin, para agregar que la Unión Soviética no fue original y que los comunistas "simplemente adaptaron a su ideología lo que la Humanidad había inventado hace mucho tiempo". Por su parte, el líder comunista Guennadi Ziugánov llegó a comparar el Código con el Sermón de la montaña. Es falso: el mismo Código establece que todo el mundo debe preocuparse "por la preservación y el crecimiento del dominio público", y tener un "alto sentido del deber público y de intolerancia hacia el desinterés público". El Código establece igualmente una "actitud intransigente ante la injusticia, el parasitismo, la deshonestidad, el arribismo y la especulación" y "la solidaridad fraterna con los trabajadores de todos los países". El Código no es especialmente amoroso (prefiere algo así como "el derecho al respeto ajeno"), no es "para todos los Hombres" y el énfasis en el dominio público lo vuelve algo así como un contrato social. La Biblia, a su vez, no pregona el internacionalismo proletario, por ejemplo.
     "El hecho de que la Iglesia alzó las banderas de estas verdades no significa que comenzó a defender las ideas de igualdad y fraternidad, por el contrario, comenzó a servir a la clase gobernante y se apartó de estas verdades -dice el historiador Alexander Pyzhikov. (...) Antes de la revolución -considera - apoyó a la clase explotadora, es decir, al estrato gobernante que parasitaba al pueblo, y por lo tanto la relación con las masas populares fue más bien negativa, la gente entendía muy bien el orden social en el que se consumía, sobrevivía, y un puñado de elitistas tenía todos los beneficios, en un procedimiento santificado por la Iglesia".
      Siempre en el portal Nakanune.ru, el historiador Igor Pykhalov recordó recientemente: "la idea del cristianismo es que la justicia más alta sólo es posible después de la muerte, y el comunista insiste en que, mientras vivan, los comunistas construirán un reino de justicia aquí en la Tierra (....) En otras palabras, es normal que un cristiano no sea libre, al ser esclavo de Dios, y de cualquier autoridad de Dios (...) Tal esclavo no debe luchar por la justicia social, debe mostrar humildad y será recompensado en el cielo. En teoría, es algo inaceptable para los comunistas".
     En estas circunstancias, la comparación de comunismo y religión -o de comunistas y religiosos- no sería más que el síntoma de un despiste y un llamado a aceptar las cosas tal y como son, a nombre de la "reconciliación": de lo contrario, la fe podría servir de pretexto para que unos "explotadores" -violentos, "llenos de odio y de rencor"- tomen el lugar de otros, y cualquiera que aspire a un mundo mejor aquí en la Tierra sería "un falso profeta", un sacerdote de clóset o un ingenuo incurable. ¿Para qué cambiar algo si todo ha estado desde siempre en las Sagradas Escrituras?