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viernes, 4 de mayo de 2018

MEXICO: ¿SEGUIRA INTACTO EL PRESIDENCIALISMO?

El ex jefe de gobierno de la Ciudad de México, Miguel Angel Mancera, ha estado recorriendo distintos lugares de la república mexicana para promover la idea de un gobierno de coalición, en coincidencia con Por México al Frente, integrado por el Partido Acción Nacional, el Partido de la Revolución Democrática y Movimiento Ciudadano. Un gobierno de coalición (que ya tiene antecedentes que dejan optar por él en la reforma constitucional de 2014) permitiría, según Mancera, salir del "presidencialismo monárquico", como lo llama, en un México donde no es que el presidente sirva a la gente, sino que la gente sirve al presidente y este esquema se propaga por la pirámide social, en la cual, digamos, pareciera que cualquier funcionario se cree "un pequeño virrey". Además sucede, como alguna vez lo explicara el priísta sonorense Manlio Fabio Beltrones, que ante la fragmentación del voto en México tiende a ocurrir que quien gana, no forzosamente con mayoría abrumadora, tiende a imponer mientras que cerca de los dos tercios del país hacen resistencia, a reserva de lo que ocurra en las elecciones de 2018 (si es que algún candidato puede vencer con más del 50 % de los votos, por ejemplo). Cabe señalar que en lo que algunos llamaron el "ciclo progresista" en muchos países de América Latina, la izquierda nunca se impuso abrumadoramente, sino en sociedades divididas, incluso hasta hace poco en Venezuela. Gobiernos de coalición como los que predominan en Europa (en algunos casos por más de 50 años) harían las cosas más llevaderas (la famosa "gobernabilidad"), pero el tema no se ha querido discutir a fondo en la actual campaña presidencial, justamente polarizada en torno a personas y no llevada en función de programas. Un primer perjudicado con una forma de gobierno donde el mando es hiperpresidencialista y está rodeado de lisonjeros o zalameros podría ser Andrés Manuel López Obrador.
     Por las características de su candidato, Por México al Frente tampoco ha hecho énfasis en las virtudes - no son pocas -de su programa (en materia de impartición de justicia, por ejemplo). El programa sostiene que "la corrupción no es cultural, ni la desigualdad es natural, ni la violencia es inevitable". Desafortunadamente, muchos encuentran en "las costumbres" ("así son las cosas aquí") la coartada para la corrupción, de la misma manera en que más de uno cree que la desigualdad es "ancestral" ("siempre ha sido así"), por lo que no hay mucho qué hacer, y que la violencia, como la guerra, "está en la naturaleza humana", por lo que a lo sumo se la puede aminorar nada más un poco o esconder la cabeza como las avestruces. El problema es que a estas alturas en México no se están discutiendo realmente programas (la población y los propios medios de comunicación masiva los desconocen, mientras imponen su "agenda ciudadana"), sino que se está polarizando la situación en torno a "la figura" de tal o cual, algo en lo que ha entrado el demasiado joven candidato de Por México al Frente. Entretanto, pareciera que la idea de debatir el presidencialismo -para un cambio de régimen y no nada más de personas- cayó al agua, salvo en campañas como la de Mancera.