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miércoles, 23 de mayo de 2018

VENEZUELA: EL FIASCO

Resulta medio extraño que en la ultraizquierda se exija la defensa a ultranza de Venezuela sin poder hablar de lo que están haciendo los "bolivarianos", nada menos que tomando su parte del rentismo petrolero, y no de buena manera. Es lo que sucede cuando se deja de lado la lucha de clases porque "suena fea" o es "odiadora", y lo mismo sucede con la dictadura del proletariado.
     Según el periodista uruguayo Aram Aharonian, "no cabe duda de que la izquierda venezolana está atravesando por una profunda crisis. Es la elección estratégica de montar una sociedad del espectáculo, que lleva a una realidad cultural más cercana al mercadeo que a la política de izquierda, incluso la chavista". La izquierda venezolana no se está deshaciendo por seguir alguna ruta propia, por el socialismo del siglo XXI o por el científico del siglo XX (con todo y su dictadura del proletariado), sino por imitar a una derecha rapaz. "Es triste, dice Aharonian, porque el PSUV (Partido Socialista Unificado de Venezuela) fue un partido donde se concentraron las propuestas profundas, sólidas de largo plazo de Chávez, que hoy se ha convertido en una máquina electoral y en una rueda de negociación entre grupos y tendencias...y apetencias". ¿Acaso no son éso los partidos bajo el capitalismo?
     "Se vienen acumulando diversas decepciones, prosigue Aharonian, por la corrupción, por la tolerancia del gobierno con los especuladores, por la complicidad de los cuerpos de seguridad con los 'bachaqueros' (contrabandistas), complicidad que viene de arriba, por los problemas en los hospitales, en el transporte público, en la seguridad pública, por dramas que vuelven a aparecer en las calles, en el barrio, con niños y niñas (...)". Por lo demás, "desde la asunción de Maduro se ha desatado un proceso de deschavización (...)""Se ha perdido el proyecto de Chávez, que sigue estando en la gente, en el pueblo. Los que heredaron el gobierno encontraron sus (otros) proyectos. Hay un intento de matar a Chávez, y echarle la culpa de todos los males (olvidando que ellos participaron en el mismo gobierno)".
     Se ha aducido el cerco exterior, pero hay historias de respuestas diferentes (como en el caso de Cuba) que no han consistido en permitir el saqueo de unos cuántos en la izquierda mientras se llama a las mayorías a apretarse el cinturón. El sociólogo Atilio Borón argumenta que, después de todo, el abstencionismo electoral en las elecciones presidenciales venezolanas de este 20 de mayo (abstencionismo de poco más del 50 %) no dice mucho si se toma en cuenta que en las democracias también se da el fenómeno (Sebastián Piñera en Chile fue electo con el respaldo real de poco más del 26 % del electorado, por ejemplo, mientras que el respaldo real para Nicolás Maduro fue de casi 32 %). Pero el problema es que se trata de Venezuela y no de Chile, ni de Estados Unidos, Colombia o Argentina, y por ende el anhelo de participar debería ser mayor. Tampoco es que deba relegarse a segundo plano -porque se arregla pasando muchos años- el problema del rentismo y el cambio de matriz productiva. En realidad, el mismo Borón ha tenido que reconocer: "sería suicida ignorar que las penurias que está sufriendo la población venezolana tienen un límite. La menor afluencia a las urnas (...) fue una señal temprana de este descontento y de un peligroso acercamiento a ese límite". Aharonian sostiene que el gobierno de Maduro "(...) parece desvestido ideológicamente, doctrinariamente, porque ha perdido coherencia en el discurso y en la interpretación de la realidad. Desde el chavismo se grita desesperadamente por medidas que no llegan...". En suma, no es el radicalismo el que está convirtiendo a la izquierda venezolana en un desperdicio, contra lo que se sugiere desde el exterior, sino la tibieza, salvo para el enriquecimiento de unos cuantos. Es el tipo de cosas que suceden cuando se suspenden por decreto la lucha de clases, el socialismo científico y otras "durezas" y "fealdades" más de Marx.