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miércoles, 30 de mayo de 2018

EL BIGOTON

La creencia es propagada con facilidad y la ayuda de los medios de comunicación: las revoluciones devoran a sus hijos. Dicho de otro modo, no vale mucho la pena arriesgarse a cambiar nada porque siempre habrá quien se aproveche de la transformación. Hay traidores por doquier, de la Revolución Mexicana a la Sandinista, pasando, desde luego, por el gran enemigo de Trotski, le moustachu. A lo sumo puede hacerse una excepción con China si inunda el planeta con una promesa de abundancia para todos los pobres.
     Y es que, además, el poder absoluto corrompe absolutamente, etcétera. En el fondo, esta creencia en la traición infaltable en nombre de la utopía no es más que una creencia de mercado. Veamos: ¿qué persigue cada quien en una "economía de mercado"? Respuesta: sus propios intereses, entendiéndolos como el máximo beneficio al menor costo. ¿Qué persiguen los políticos? Pues lo mismo, sus propios intereses, ganancia incluída, y al menor costo. ¿Acaso no tienen la misma "naturaleza" humana y la misma racionalidad? Es por este motivo que hay que idolatrar un sistema como el estadounidense, de "pesos y contrapesos", en los cuales los intereses de unos vigilan a los de otros (de los ciudadanos a los políticos, etcétera), así sea un infierno de lobbies de cualquier cosa presionando por "sus" intereses contra los de los demás. En el fondo, la creencia supone que el altruismo o, más aún, la solidaridad y la búsqueda del bien común no existen, fuera de ciertas intersecciones: quien lo mencione "algún interés tiene", uno particular.
      Cualquier líder que prometa un cambio de fondo es, como le moustachu, si no un asesino, si un aprovechado en potencia, alguien retorcido, un sediento de poder y dinero, el líder de una camarilla obscura, un loco suelto, un soñador que se corromperá (como tantos otros), y sobre todo un potencial traidor que no cumplirá sus promesas a los demás, aunque las cumpla para sí mismo con tal de llevarse lo suyo  en medio de la gran catástrofe. Así las cosas, la verdad es que no vale la pena moverse por nada, porque todos son iguales y buscan allá arriba su propio beneficio como sea, "sus" intereses. Esa es la racionalidad de mercado convertida en naturaleza humana. Es mejor quedarse quieto o, como los infaltables trotskistas, convertirse junto al imperio o los imperios en un infatigable cazador de gente como le moustachu. Es más, resulta moralmente lo más cómodo. Para que no se diga.