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viernes, 22 de junio de 2018

RUSSIA-GATE, TRUMP Y EL RADICAL CHIC

¿Y el escándalo del Russia-gate en Estados Unidos? Por lo visto, ha caído -puede que momentáneamente- en el olvido, aunque Donald J. Trump sigue siendo el villano favorito de la inmensa mayoría de los medios de comunicación masiva y de intelectuales de distintos colores y sabores. Trump propuso hace poco que Rusia volviera al Grupo de los Siete: los europeos, con la canciller Angela Merkel a la cabeza, se opusieron, aunque en Estados Unidos no se aprovechó la ocasión para una nueva andanada de ataques bajo el supuesto de que el mandatario estadounidense y Vladimir Putin, el ruso, son cómplices.
     Después de tanto escándalo, puede ser, como lo ha sugerido un analista (Ray McGovern) de Consortium News en Estados Unidos, que el asunto esté en remojo simplemente porque, para variar, se acusó sin pruebas y no las encuentran, o ya no se necesita (¿momentáneamente?) fabricarlas. Hace mucho que los veteranos de la Inteligencia estadounidense concluyeron que el hackeo al Comité Nacional Demócrata no lo hizo Wikileaks con alguna supuesta "ayuda rusa", sino que el problema vino de adentro de Estados Unidos. Cabe recordar que desde el 18 de enero de 2017, el propio presidente Barack Obama había declarado que las conclusiones de la Inteligencia estadounidense sobre el supuesto hackeo ruso eran en realidad "no concluyentes". El informe conjunto de la Central de Inteligencia Americana (CIA), el Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés) y la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés) sobre las elecciones presidenciales estadounidenses no consiguió, pese a que buscaba "indiciar" a Putin, prueba alguna de un involucramiento ruso. Aún así, el escándalo siguió por un buen rato. McGovern, entre otras cosas antiguo analista de la CIA (por casi tres décadas), sugiere que tal vez nunca se encontrarán pruebas porque seguramente no las hay.
     A reserva de lo que suceda más adelante, es de preguntarse seriamente si aún queda algún periodismo de investigación y de análisis realmente informado en Occidente, salvo excepciones. Las "noticias" no cuentan por el significado que realmente tienen ni por sus referentes en la realidad, sino por su capacidad para "escenificar" y hacer performances (basadas en provocaciones). Se busca hacer "enunciados performativos" (se supone que el hecho se realiza por el solo hecho de ser expresado) de tal modo que se da por hecho lo que en realidad no lo está. Y lo curioso es que no hay quien verifique, tal vez porque se prefiere comulgar en la ilusión a la soledad de descubrir la verdad y tener que hacer con ella contra la corriente y, sobre todo, contra la mundanidad cómplice. Porque, ciertamente, Trump no es chic y los Demócratas siempre parecen serlo.