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jueves, 30 de mayo de 2024

PARA DALTÓNICOS

 En algún momento de su mandato, el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador embistió contra las "clases medias" en general, no sin dejar de recordar el papel que tuvieron en 1973 en Chile en la caída del mandatario de izquierda Salvador Allende. Con dirigencia de "clase media", no de ninguna otra, la izquierda mexicana no tiene respuesta al problema planteado por este grupo de la población, que generó una voltereta de las preferencias en las elecciones de la Ciudad de México en 2021. Ahora es probable que Santiago Taboada, ex alcalde de Benito Juárez (BJ) y de la oposición, tenga buena votación en la capital mexicana contra la oficialista Clara Brugada, quien proviene de la populosa alcaldía de Iztapalapa. Contra Taboada pesó de último momento la denuncia, formalizada, de que ordenó junto con otra persona (César Deras Barrientos, los dos denunciados ante la Fiscalía General)envenenar con químicos y combustible el abastecimiento de agua de BJ a través del pozo Alfonso XIII (en contubernio con gente de Álvaro Obregón), además de inventarle a Brugada un lugar de nacimiento (Guatemala) que no es. La "mala fe" consiste, como lo indican las palabras, en tener fe en cosas erróneas: la calumnia, o la difamación, por ejemplo. A veces consiste en servirse de la verdad a medias para mentir omitiendo, como estuvo haciéndolo sobre el caso Colosio el candidato a senador Manlio Fabio Beltrones, de Sonora. Colosio alguna vez levantó al Partido Revolucionario Institucional (PRI), pero no es el caso de Beltrones, quien más bien falló en su cometido durante el sexenio de Enrique Peña Nieto (2012-2018, tocándole a Beltrones el periodo 2015-2016). En fin que, con gente tan venida a menos, una parte del voto de la oposición se antoja "de castigo", y tal vez quepa dividir a la "clase media" en tres, a reserva de las dificultades para desmenuzar lo que contiene, por ser diverso.

       Una parte de esta "clase" es clasista, como en varios lugares de BJ. No quiere a México y considera a la gente de abajo ignorante, perezosa y fea. No ha faltado quien diga que votará por el "guerito" (rubio) Taboada, porque "se ve que es de familia", al parecer en la piel y el color de pelo (en el comportamiento, pareciera que tiene más bien de la "clase media" que no se hace problemas para delinquir). Así se rige parte de la "clase media" que, como lo ha mostrado la "marea rosa", tiende a ser blanca y lo que en otros países se llama "civilista". "MoReNa" (Movimiento de Regeneración Nacional) les debe parecer, desde el nombre, una afrenta a la posibilidad de ser "gringo", al menos de medio tiempo. Estos son los "kapos" que no piensan en México más que para seguir "exprimiéndole el limón" al de abajo. Esta misma parte de la "clase media" es la primera en ostentar su propia ignorancia y en tener rasgos señoriales en decadencia.

      Sin embargo, no es más que una parte. Tanto López Obrador como la candidata oficialista Claudia Sheinbaum creen que todo está "muy bien", pero no es así. Según lo dió a conocer en estos días El Independiente, no hubo en el sexenio dinero del Estado circulando. Una cosa es reducir la corrupción y de lo ahorrado así destinar dinero a programas sociales. Ahora bien, ha sido notorio que varias secretarías de Estado están en la nada: ya ni se diga Cultura, sino a su modo la de Educación Pública (SEP), Función Pública (SFP) que prácticamente cayó en el olvido, Agricultura y otras más. Ocurre que ha habido un subejercicio del Presupuesto de Egresos de la Federación, y que cerca del 40 % del dinero se regresó a Hacienda para ser destinado a los proyectos estelares de López Obrador en el sur-sureste: corredor interoceánico, que es para beneficio estadounidense, el dudoso Tren Maya y la refinería más entendible de Dos Bocas. Por la situación descrita, distintas secretarías, sin chistar, y antes acostumbradas a tener proyectos, no los tuvieron, afectando a la parte de la "clase media" ligada al Estado. En este sentido, se operó más como gobierno, para una preferencia casi personal por el sur-sureste (así fuera para reducir la brecha con el norte del país, más adelantado), que como Estado para todos, en algunos casos agregando "candados" temáticos de estilo estadounidense para soltar el poco dinero en circulación. Se afectaron así los intereses de parte de la "clase media" que solía ser más bien mimada por Acción Nacional o por el PRI, incluso por motivos ideológicos, de creencia más en la misma "clase media" que en "el pueblo". Además de falta de trabajo ligado al aparato de Estado -lo que llevó no sin razón a muchos a pensar que en este aspecto se estaba mejor antes de 2018-, se agrega el impacto de una fuerte inflación. Debe tomarse en cuenta que López Obrador llegó al gobierno en 2018 básicamente gracias a la "clase media", pero se quedó sin una parte no desdeñable de ella. De acuerdo con El Independiente, López Obrador no siguió ningún Plan Nacional de Desarrollo, ni un diagnóstico certero de los problemas nacionales, sino que se fue "por la libre" para beneficio del sur-sureste...y en parte, de Estados Unidos. La incompetencia del aparato de Estado, vuelto gobierno, es flagrante. Un presidente tiene la obligación de conciliar sus intereses particulares de gobierno, por los que ganó, con los intereses de todos a través del Estado. El subejercicio y el no proteger de una fuerte inflación han sido errores, mientras más de una secretaría duerme en la inoperancia. Esto es vivido como lo que es: un gobierno incompetente, y que afectó intereses, no forzosamente de gente corrupta, aunque tampoco todo era ajeno al despilfarro en gobiernos anteriores, con tal de hacerse de o de mantener clientelas.

      Otra parte de la "clase media", más popular, puede estar aferrándose a las ayudas sociales y al oficialismo porque los programas algo "redondean" en medio de la crisis económica. La problemática se refleja en la complejidad de las intenciones de voto en la capital mexicana y según sus alcaldías, habiendo algunas en las que se mezclan las tres "clases medias" con preferencias electorales distintas y empatadas. También hay una parte de "clase media" enquistada en el actual aparato de gobierno a la espera de "su turno para agarrar". Como sea, no hay "una" "clase media", ni es cierto, contra lo que dijo López Obrador, que la capital mexicana vive un "aburguesamiento". Es la sede de los poderes federales y resintió políticas erróneas, si bien mejoró en seguridad -sobre todo gracias al candidato a senador, el probablemente desperdiciado Omar García Harfuch- y en más de una infraestructura, que es de lo que sabe "la doctora".

     A reserva de lo que suceda en la Ciudad de México, habrá que interpretar con cuidado los resultados, por si acaso muestran "dos mitades", una oficialista y otra dividida entre una coalición opositora encabezada por Acción Nacional,  y MC (Movimiento Ciudadano). Lo que en el pasado era a la vez gobierno y Estado, es decir, equilibrio de grupos "rotativo", en el marco de una unidad estatal, se rompió y está ahora con un centro -que no está en México, desde los años '80- y dos "alas" polarizadas, al menos de palabra y con tintes de clase. Cuauhtémoc Cárdenas, aún con sus limitaciones, fue de los últimos en tener cierto sentido de Estado-nación, pero éste se fue diluyendo: se tiende más a la pugna intestina cuyo principal beneficiado es Estados Unidos, que estará feliz si queda la ilusión de "dos mitades" para "alternar" y mantener la parálisis, sin "partido independentista" y sin estadistas, sino con gobernadores de turno (y seguimos con Puerto Rico: da click en el botón de reproducción).



martes, 28 de mayo de 2024

HAY QUE SEGUIR FLUYENDO

 Las elecciones mexicanas están en puerta y no parece que deparen mayor sorpresa, a reserva de lo que ocurra en la capital, la Ciudad de México, dado el no tan bajo porcentaje de votos que las encuestas le atribuyen al opositor de Acción Nacional (PAN), Santiago Taboada (en coalición con el Partido Revolucionario Institucional -PRI y el Partido de la Revolución Democrática-PRD), parte del "cártel inmobiliario" de la alcaldía Benito Juárez (BJ) y que hizo carrera a la sombra del "jefe" del "cártel", Jorge Romero Herrera, acusado de corrupto hasta por el presidente panista Felipe Calderón. Durante el tiempo en que la mermada alcaldía BJ tuvo al frente a Taboada, siguieron apareciendo construcciones irregulares por decenas.

         La oposición, en particular panista, tiene una actitud que nada tiene que ver con el PAN original. Diego Fernández de Cevallos, alguna vez candidato del PAN a la presidencia, ha dicho que  el hoy ex mandatario Vicente Fox tiene problemas de "facultades mentales". Lo cierto en que Fox carece de todo sentido de investidura, aunque sea algo que se le recuerde menos que al actual mandatario Andrés Manuel López Obrador. Fox es otro que se permite una que otra grosería contra los "huevones" y "cabrones" que, según él, no trabajan, en México. A juzgar por un programa como Atypical TV, ponerse majadero y transgredir ciertas normas resulta signo de estatus, a la vieja usanza priísta, por lo demás: Javier Lozano, ex secretario de Trabajo de Calderón, no puede evitarse un lenguaje insultante y rabioso, como otro de grosería maliciosa, Carlos Alazraki. Si bien la ex priísta Beatriz Pagés no entra a las groserías, nadie parece atreverse a decirle que escribe incoherencias en el actual Siempre! con tal de "impactar" al lector. Pagés Rebollar es el fin de una estirpe periodística que empezó con José Pagés Llergo. El problema no es de fake news porque no hay news, ni de postverdad porque no cuida Pagés Rebollar ni la lógica más elemental en sus editoriales. Tal vez sea otra libertad para transgredir y no preocuparse, para qué, por el sentido de lo dicho, sino más por el performance, la puesta en escena. Performance es algo para nada ajeno a Xóchitl Gálvez, tampoco exenta de groserías.

       Pareciera que ponerse majadero es un signo especial de estatus desde la banda sinaloense a todo volumen hasta el lenguaje que ha salido del "rajarse" y la "chingada" para entrar en un terreno corporal más adolescente, así se originara en parte en "chavos banda" en los años '80 (y nada que ver con tradiciones como la del albur de Tepito, el "barrio bravo"): hay que saber que un problema no está para ser resuelto, sino para evitarlo y alejarse porque huele mal, al ser "un pedo". Igual se ha colado la fijación oral de la "mamada", eso sí como crítica, y, como lo hiciera notar alguna vez Daniella Blejer, el uso del "wey" (buey) como equivalente de signo de puntuación. Con un toque sinaloense, ya no se manda a la chingada, sino "a la verga", por lo que quien no quiere pedos wey deja que las cosas se vayan a la verga wey y no anda con mamadas wey ni es culero. Más allá de cierto uso esporádico, cabe preguntarse si una expresión frecuente en estos términos -a la que a veces tampoco es ajeno el oficialista Gerardo Fernández Noroña- no refleja algo más: la transgresión cercana a lo lumpen como parte de una creencia en que parecer "banda" es un modo de ser "desacomplejado" y por ende "libre". Ni siquiera se escapa una que otra youtuber oficialista. La otra es hablar casi a gritos, con gran excitación, como Carlos Loret de Mola o el mismo Taboada, que berrean. La mezcla es un programa llamado "La corneta": divierte estar al aire y ser de lo más procaz, hablando de chaquetas y entradas por la puerta trasera. Es en lo que anda buena parte de la capital mexicana, entre distintas clase sociales (no se crea exentos a los ricos), mientras el oficialismo está "al borde de": una candidata de buenas cuentas y aspecto vulgar, y una presidenciable que no distingue popular de populachero y, en el límite, de la agresión del que "se las puede" y no se frena, a juzgar por lo llevado al zócalo capitalino, como Grupo Firme. De "tiempo de libertarios" a libertad de no respetar el espacio público y "mostrarse" en modo "pulsional", "desinhibido" (desenvuelta con la Palomilla en el podcast)  ¿No dice el anuncio de tiendas Liverpool que "la moda no tiene reglas"?

        A la "derecha" del centro, se vale delinquir, que salvo excepciones es lo que propone Acción Nacional, extraviarse casi hasta la extinción (PRD), sin nada que ver con los orígenes, y ponerse a remolque con corrupción y discursos, como si el PRI ya no recordara nada de lo que es el Estado, a fuerza de ponerse a tono con los libertarios y los negocios: no es creíble ni el candidato a senador Manlio Fabio Beltrones, sombra de lo que pudo ser (y no fue), metido al teatro para terminar de "ahogar" el caso Colosio y considerado por lo demás parte del inicio de la corrupción en el estado de Sonora (baste con ver todo lo que siguió al "faraónico" Beltrones), elegancias aparte. A la "izquierda" del centro, gente universitaria abajofirmante colgada de personas como Juan Ramón de la Fuente a la espera de que sea el sexenio de las mujeres y los científicos como "intereses especiales" para privilegios mal disimulados: no que "la doctora" no sea honesta -el periodista Javier Solórzano seguramente tiene razón al decir que en ella no hay engaño y "es lo que es"-, sino que no es seguro que sea inteligente -se rodea de personas que no lo son para nada-, como si desde hace un buen rato México tuviera que ver desfilar, salvo excepciones, a personas estrechas de miras en la presidencia (y al menos Enrique Peña Nieto tenía su sex appeal). No hay candidatos con dos dedos de frente, no porque se trate de rebajar a nadie, sino porque no se pueden esperar estadistas donde en vez de Estado hay gobierno. !Ni pedo wey, sin mamadas y a la verga culeros!. Casi ni cantantes: berridos, como los del "sonorense" Carín León. Si izquierda o derecha del centro, es porque éste dejó de estar en México. Música puertorriqueña (da click en el botón de reproducción).




domingo, 26 de mayo de 2024

EMPEZÓ EL REALITY

 Es frecuente hoy hablar de crisis de la educación. Parte de esta crisis se refleja en algunos lugares en el modo en que los padres de familia tratan a los maestros, como si fueran empleadas domésticas. También puede verse el pago, con frecuencia bajo para los maestros, en más de una ocasión obligados a trabajar en condiciones muy difíciles. Los medios de comunicación masiva, según puede verse por ejemplo en México, hace rato que denigran al maestro, como si fuera el "profesor Jirafales", la clase algo así como una fiesta y el "profe" digno de una comedia de Jorge Ortiz de Pinedo. No es un secreto que en la principal potencia del mundo, Estados Unidos, fuera de lugares de punta la educación no siempre es buena y la actitud de los estudiantes, menos todavía. En países como Francia, es una proeza mantenerse como maestro en los suburbios. En otros, como Colombia, algunos han renunciado al no poder con estudiantes llamados "nativos digitales". En Cuba, según reporta el portal Rebelión, no falta el maestro más preocupado por cumplir con indicadores que con el contenido de lo que enseña. Lo curioso es que se tiende a pedir mejores cualificaciones, pero al mismo tiempo las estructuras de poder en los centros de enseñanza no las garantizan. Los contenidos de la educación no se mueven según los requisitos de la educación misma y su función social, sino los dictados de organismos internacionales que emparejan todo, como si fuera lo mismo lo requerido en un país central que en uno periférico. Tampoco es un misterio la proliferación de centros de enseñanza fraudulentos, como en el Perú, con uno de los peores niveles educativos de América Latina. Más de un maestro se queja del bajo nivel del alumnado, pero más de un alumno se queja de que el maestro no se preocupa realmente por enseñar: no falta el que crea que maestro es un lugar de poder, ni el que haga demagogia complaciendo en todo al alumnado "cliente". Debería preocupar que, en México, la candidata oficialista, Claudia Sheinbaum, doctora, se rodee de gente como el ex rector universitario y "chapulín" Juan Ramón de la Fuente. Nadie se atreve a decirle a Sheinbaum que su "universidad" Rosario Castellanos no es tal, habida cuenta de su diseño de planes de estudio: a duras penas entró una Licenciatura en Filosofía e Historia que se propone "intervenir en procesos de innovación, ciencia y tecnología". La universidad pública misma, si bien tiene alguna tradición que subsiste, se orilla a convertirse en tecnológico.

     Perdidos otros horizontes, no se trata de transformar el mundo sino de adaptarse a él, según el conformismo darwinista imperante. El desinterés por la Historia es creciente, porque parece no "servir para nada", lo que se reforzó con las creencias -no  ideas- instaladas a raíz del desplome de la Unión Soviética en 1991. Por el   futuro no conviene preocuparse en un mundo que no sale de la inmediatez y la coyuntura, no incita a prevér, no ofrece más que potenciales apocalipsis -climáticos, bélicos, etcétera- y llama a "vivir el momento" o cada instante como si fuera el último. La mercantilización se ceba en los jóvenes: se supone que son un ideal, ya que hay que "ser siempre joven" y prácticamente evitar la madurez e instalarse en la eterna adolescencia-. Son clientes predilectos y los mejor estafados: no se les ofrece ya educación, sino "formación", lo mínimo para desempeñarse en el mercado laboral. Y para ésto no necesitan saber del pasado ni prever: adelantar distintas formas de apocalipsis y andar en la escatología es una forma de fomentar el conformismo y el "sálvese quien pueda" (pero "yo primero").

     En los países periféricos, la clase dominante, además de aliada con el extranjero, no ha sabido ser clase dirigente, que "dé una dirección", puesto que se trata de compartir lo que viene de afuera, no de hacer un camino propio, y se mantiene así a la población en la ignorancia, siendo que, por lo demás, las clases dominante y "media" suelen ser también bastante ignorantes y hasta ufanarse de ello (basta con ver el "nivel" de empresarios mexicanos como Ricardo Salinas Pliego o Carlos Slim, o el lenguaje y la actitud de la gente de la "marea rosa" y su incapacidad para generar ideas). Como lo explicara alguna ez el estudioso Jurgen Schuldt, en un país periférico la clase dominante puede conocer más del centro que del interior más cercano: más de Vail que de fuera de Interlomas. Así sea con veneno, en caso de coronavirus se corre a vacunarse en los Estados Unidos y el "paisito" de residencia, si no rinde para eneficio propio, no es más que una fuente de males. Así que, como se comparte ante todo con lo extranjero (en éso dan igual Sheinbaum que Xóchitl Gálvez), no hay mucho de compartido con lo interno y, por lo tanto, tampoco mayor razón para dirigir y, al hacer, educar, e-ducere, conducir.

     El otro aspecto es que la educación, a diferencia de las maneras de Carreño o de la formación para el mercado laboral, estaba ligada a la idea de emancipación, cancelada, lo que sabía toda familia mexicana hasta hace algún tiempo, en estratos bajos: tener educación no era nada más asunto de movilidad social, sino de tener "clase", por así decirlo, porque educarse significaba esfuerzo y, por ende, trabajo. Ahora se pasa por el dinero y el consumo de marcas, y no hay mayor cosa de la cual emanciparse, sino que hay que arreglárselas para competir por encontrar un lugar bajo el sol que, se supone, sale ya para todos, salvo quienes se "autoexcluyen": para jóvenes, mujeres, minorías, todas las razas, los discapacitados, los veganos y los amantes de los animales. ¿Liberarse de qué si desde hace un buen rato hay una naturaleza humana dada y es normal competir contra otro? No se habla ya de género humano, sino de especie, o de animales humanos o no humanos: lo demás es la sobrevivencia del más apto, o el que cree serlo. Por lo demás, más de un asunto está automatizado. Ya no es necesario educar y, para el resto, hace rato que se cree posible vivir sin pensar (el libro de Alain Finkielkraut, La derrota del pensamiento, es de décadas atrás). La cosa, como hay siempre algo de fiesta de masas, es participar, "tomar parte", y no hacerse de criterio propio a través del aprendizaje. Dos cosas, entonces, en contra del futuro de la educación, que no interesa mucho, a diferencia de la formación para competir: un viejo desinterés en el país periférico, para el cual lo extranjero es siempre mejor; y un nuevo desinterés por nihilismo, es decir, porque ya no hay la creencia de que la educación y el aprendizaje sirvan para emanciparse, puesto que no hay de qué y, si acaso, el futuro no es más que una catástrofe (con lo reconfortante que tiene para competir sin luchar, y ser conformista). Otra cosa de tantas perdida sin que se quieran abordar las consecuencias: ¿las libertades, de qué?¿De exhibirse como ignorante de manera desacomplejada, como Xóchitl Gálvez y los de la "marea rosa", o creyendo como Sheinbaum que la Historia se hace por decreto y desde 1968? (da click en el botón de reproducción).



jueves, 23 de mayo de 2024

MENOS BIEN, NO MENOS MAL

 El día 1o de mayo era una fecha de celebrar cuando importaba más el trabajo que consumir. Con todo, no cabe idealizar esa celebración: era muy oficial en el sovietismo y, en los países populistas como México, era un día de acarreo a cambio de una torta, una playera o una gorra, con suerte. Como sea, hasta la segunda posguerra se consideraba asunto no menor el sindicato. Había sindicalización con distintas corrientes, desde comunistas hasta católicos. Algunos sectores, como el minero, tenían fuerte experiencia sindical en varias partes del mundo (la Central Obrera Boliviana, por ejemplo). Era relevante que los trabajadores aquilataran organizarse para defender sus derechos. Ahora pasan cosas como la siguiente: una reforma a la ley laboral en México, a favor de los sindicatos, no mueve a una mayor organización y en cambio el "pueblo" está a la espera de que le caigan desde arriba sus derechos como dádivas. Decirlo le costó la excomunión a la dirigencia del PCV (Partido Comunista de Venezuela), puesto que si algo tiene el gobierno venezolano es cierta afición por el anticomunismo. Decía el PCV que antes daban placer las cosas conquistadas, ganadas en la lucha, en vez de lo que hay ahora, "regalitos" desde arriba para crear, hay que decirlo, conformismo, por más ayuda que se reciba.- Todavía hasta los '80, las marchas callejeras de sindicatos no eran poca cosa en varios países, México incluido, tratándose de sindicatos independientes, de universitarios, de trabajadores de la industria nuclear o de electricistas, por ejemplo.

       Se considera que fue en los '80 que se empezó a ver con malos ojos la organización sindical: la primera ministra británica, Margaret Thatcher, golpeó a los mineros, y en Estados Unidos fue por bastante tiempo la última huelga la de controladores aéreos que el presidente Ronald Reagan atacó con dureza. A la vuelta de los años, y habiendo más trabajadores, por lo demás, los sindicatos se fueron abajo, cayéndose la capacidad de organización desde abajo para la defensa de los derechos laborales. Las tasas de sindicalización entre los trabajadores se fueron a pique. Sorprende que ningún trabajador haya salido a defender el régimen soviético en 1991, y las huelgas previas -en minas, con frecuencia- no tuvieron gran eco, además de estar influidas por el extranjero.

    Algo de mencionar fue el apoyo en los '80 al sindicato Solidaridad, polaco, de Lech Walesa, nacido en astilleros (Gdansk), y que, además de recibir generosos financiamientos extranjeros (está comprobado, y al mismo tiempo que había un Papa Polaco, Juan Pablo II), sirvió de ariete para desgastar al gobierno socialista en Polonia. Se trató de un punto de inflexión. El derrumbe del bloque soviético y la apertura de China al capitalismo, ya ha habido ocasión de mencionarlo, pusieron a los trabajadores de esos países a competir con los occidentales, del Norte como del Sur, con su "made in China", por ejemplo, de tal modo que el capital quedó libre de moverse y de ampliar sus mercados y los trabajadores, en cambio, con barreras nacionales y fragmentados (desde los '80 se agudizó el problema en México, parte de Centroamérica y del Caribe con la industria maquiladora). El llamado "neoliberalismo" vendió la idea de que un sindicato es una "distorsión en el mercado". Esto es arte de la creencia de que, a fin de cuentas, cualquier forma de organización es un potencial "monopolio" en el que, además, no faltará el líder que quiera aprovecharse para fines personales (salvo Lech Walesa, quien acabó por cierto en el desprestigio total y como amigo del presidente mexicano Vicente Fox). El Estado es, también, un riesgo monopólico, una fábrica de vivales y en "ente" que debe "dar un paso al costado". Es así que la candidata oficialista mexicana, Claudia Sheinbaum, cree en buena medida, como lo dictan los empresarios, que los aumentos salariales pueden ser un riesgo inflacionario. Decirlo es gracioso porque los aumentos salariales se evaporan ante una inflación que, como lo han demostrado por ejemplo estudios del portal Sin permiso, se debe a la voracidad empresarial y no a asuntos como "la guerra en Ucrania" o "el efecto de la pandemia". Cualquier cosa es buena para que quienes trabajan no se organicen y acepten sin chistar, al mismo tiempo que, en vez de luchar por sus intereses, se ponen a luchar entre sí, como ocurre en tantos ambientes de trabajo y con tanta mezquindad. Pese a una que otra huelga (Amazon en Estados Unidos, o Zara y GAP en los textiles en Bangladesh), la organización de los trabajadores ya no dice mucho, y menos aún la sindicalización, ante el chantaje de "los mercados" que reclaman "confianza": la que da la mano de obra dócil. Ni siquiera se trata ya del "equilibrio de los factores de la producción": Sheinbaum, por ejemplo, parece creer que es asunto de "responsabilidad social de la empresa". Empieza como rechazo a la organización del trabajo, pero al rato con imposibilidad de organizar mayor cosa -ni los partidos políticos lo hacen ya seriamente, aunque hay excepciones- frente al "dinero que va y viene" y en lo que de lo que se trata es de competir, todos contra todos, que es en parte el envite de la disputa en México por quedarse con "el dinero" del nearshoring, con dos variantes en la "clase media" -dividida- para repartirse o repartir la riqueza creada por el trabajo, no por redistribución del gobierno ni por "espontaneidad del mercado" para premiar a quien empiece vendiendo gelatinas. Una parte de la riqueza que ellos creen les regresará a los trabajadores bajo forma de dádiva para "acompletar"; si no, es el viejo "empléate tú, empléate a tí mismo", recibe unos centavos y "hazle como puedas", porque hasta el presidente francés Emmanuel Macron propala que nada más es cosa de querer, como si hubiera oportunidades para todo el que lo desee y despierte al "empresario que lleva dentro". De derechos del trabajo, ya no se trata, porque "la confianza de los mercados" son nada más los derechos de las grandes empresas (da click en el botón de reproducción).








martes, 21 de mayo de 2024

COMO CANGREJOS

 Todavía se usa la palabra en países de la periferia: se supone que deben lograr el desarrollo, o que están "en vías de desarrollo". Contra lo que suele creerse, esta palabra, destinada a los países del otrora Tercer Mundo, tiene su origen en Estados Unidos, y el primero en usarla fue el presidente estadounidense Harry S. Truman (1945-1953), quien habló también de subdesarrollo. En principio., los países recién liberados del colonialismo debían emprender la "senda del desarrollo". De desarrollo se habló en especial en América Latina en la segunda posguerra, con la creación de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), al grado de que se acuñara otra palabra, "desarrollismo". Hasta hoy, algunas personas -lo ha hecho la candidata oficialista Claudia Sheinbaum en México- afirman que el crecimiento debe acompañarse de "desarrollo", entendido a grandes rasgos como salida del estado actual de cosas en el "Sur global".

       Alcanzado el desarrollo, un país alguna vez subdesarrollado podría equipararse con uno desarrollado, se entiende que en general en nivel de vida de la población. Es lo que queda, aunque desarrollo quiso decir alguna vez otra cosa: en particular, realización de reformas agrarias y despegue de la industrialización, a la larga con capacidad para generar "industrias industrializantes" (la expresión era de Gérard de Bernis), es decir, industria pesada o de fabricación de maquinaria. Desarrollo suponía también una base científico-tecnológica propia y la erradicación de males propios del subdesarrollo, como la miseria extendida, lo más visible. Hoy, desarrollo ya no se asocia con las medidas mencionadas, ni con cierto proteccionismo necesario para garantizar el despegue industrial nacional, lo que se fue acabando desde los '80 (por ejemplo, en México, con la entrada al GATT, antecedente de la Organización Mundial de Comercio- OMC). El desarrollo debía ser nacional: puede decirse que era, en buena medida, la traducción a la economía de la soberanía política, puesto que los países desarrollados tienden a tener un desarrollo "endógeno", con bases propias, y es erróneo que nada más dependan de lo extraído del Sur. En la idea de desarrollo está la de "valerse por sí mismo", como sujeto nacional, con un buen grado de autosuficiencia. Si es así, pese a la mención de la palabra, el ideal del desarrollo ha sido dejado a un lado en el Sur global, donde se compite en grande por atraer recursos del exterior. Varios gobiernos progresistas no tienen nada de "en vías de desarrollo": en Brasil, por ejemplo, Luiz Inácio Lula da Silva se las ingenió en su primer mandato para contribuir a liquidar la industria nacional. "Desarrollo" remite a duras penas a dinero circulando y algo de redistribución, ahora, a diferencia de antaño, sin tocar casi las condiciones de producción (se pasa más por las esferas de la circulación y la distribución), y sin siquiera otra cosa de ayer, la idea de "Estado rector", así sea en una "economía mixta".

        Ya no se trata entonces de desarrollo como "valerse por sí mismo" en términos económicos, y ni siquiera de mayor "cooperación para el desarrollo", afición de países como los escandinavos, Japón o Canadá, ni, pese a la esperanzas de algunos, de "ayuda al desarrollo" al estilo de la Alianza para el Progreso de John F. Kennedy, que cautiva a los creyentes del Estado de Bienestar, traducción del Welfare State de posguerra. Mucho menos de un "plan Marshall" (que nunca fue entendido, como lo ha demostrado recientemente la historiadora Annie Lacroix-Riz) para el Sur. En vez de voltear a mirar hacia dentro, lo desatado, como se ha dicho, es la carrera por atraer recursos del exterior, que llegan a los llamados "mercados emergentes" o, si se atienden correctamente las estadísticas, a casi todos los BRICS (Brasil, India, China, Sudáfrica, menos Rusia), desde Estados Unidos, la Unión Europea y Japón, en busca de consumidores, recursos naturales y mano de obra barata. Habiendo perdido todo poder de negociación, el Sur no tiene las condiciones para el desarrollo que se reclamaban todavía a principios de los '70, por ejemplo a través del México del presidente Luis Echeverría con la Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados, que ponía ciertas condiciones a la entrada de inversión extranjera y pedía por una base propia científico-tecnológica, salvo que no se sepa cuándo fue creado el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología en México, o incluso para qué creó el presidente mexicano Lázaro Cárdenas el Instituto Politécnico Nacional). Apenas dos países han intentado la senda del desarrollo capitalista en América Latina -con un objetivo de "buen vivir"- en tiempos recientes: Ecuador, hundido luego de la salida del presidente Rafael Correa, y Bolivia, ahora en dificultades. La gracia de los BRICS, un grupo ideado por Goldman Sachs, es que gigantes como China e India se abran o permanezcan abiertos a los países centrales: abrir mercados al Este, en China y al Sur, lo que puede dar una ilusión de bonanza sin que cambie la estructura distorsionada de los países del Sur, justamente por falta de desarrollo y porque, más allá de pugnas intestinas, no se está más que en qué se agarra del exterior y cómo se encuentra acomodo a directrices de organismos internacionales que ya se olvidaron del desarrollo (OCDE -Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, por ejemplo, lo que sirve para trucar sistemáticamente las estadísticas).

        América Latina, sin pasar de la esfera de la circulación/distribución, dió en el desarrollismo y su crítica limitada, el dependentismo, que como sea demostró que abriéndose a todo lo que da a economías fuertes lo que se logra es "el desarrollo del subdesarrollo", según una expresión del estudioso André Gunder Frank. No es con el "folclore de la filosofía" del "agarra lo que puedas" que se arregla nada, ni con lo que antaño se enseñaba como "efecto demostración" o "efecto imitación", la creencia añeja de que todo lo de afuera es por fuerza mejor, mientras lo de adentro se reduce a "pueblos sin Historia", es decir, a "grandezas culturales" para terminar de vender. Alguna vez se llamaron "ilusiones del progreso". Es puro asunto de cantidad, reproducción de un estado de cosas y repetición sin ningún atisbo de nada cualitativamente nuevo ni de humanamente mejor (da click en el botón de reproducción).



domingo, 19 de mayo de 2024

ARRIBA, Y YA NO ADELANTE

 Hoy que se habla de "Sur global", cabe recordar que una de las cosas que se fue con el desplome de la Unión Soviética en 1991 fue el Movimiento de los No Alineados, surgido del "espíritu" de la Conferencia de Bandúng en 1955. Ya no había a partir de 1991 ninguna vía "media" para determinar el No Alineamiento, aunque en algún momento fue un movimiento con cierto peso -entre otros, por el papel de Cuba, pese a que este país estaba en rigor alineado con el sovietismo. Tan se olvidó el No Alineamiento que uno de los países clave en el movimiento, Yugoslavia, no fue objeto de apoyo a partir de los '90, al ser destruído, y a pesar de que se había hecho la crítica del "titismo", su corrupción y su brutalidad. Yugoslavia fue destruida en medio de lo que el comunista italiano Domenico Losurdo llamó en un libro La izquierda ausente. Parte de la destrucción de Yugoslavia y el aislamiento de Serbia tenían como objeto destruir al ejército yugoslavo, el más poderoso de los Balcanes, y montar por ese flanco el cerco contra Rusia, en una manera de concebir las cosas similar a la de Hitler. Como sea, así como dejó de haber motivo para hablar de Tercer Mundo al desaparecer el "Segundo", ya no fue posible sostener a los No Alineados.

     Ese movimiento abarcaba en gran medida países de Africa y Asia que lograron su descolonización formal en la segunda posguerra, además de una que otra excepción como el Belice (Honduras británica) de George Price, de centro-izquierda. La independencia de Belice tuvo lugar hasta 1981.  Algunas descolonizaciones fueron pacíficas (como en el África occidental francesa) y otras no tanto (como en la Indochina francesa, Madagascar o Argelia, por no hablar de algunas colonias británicas donde Churchill fue poco tolerante). Sucedió en gran medida que Estados Unidos fue favorable a la descolonización, en acuerdo con lo dicho por el presidente Harry S. Truman y el antecedente de Woodrow Wilson en los 14 puntos posteriores a la Primera Guerra Mundial, para favorecer la "autodeterminación" de los que estaban bajo los yugos ruso, austro-húngaro y otomano. No tiene ningún caso hablar de colonialismo o neocolonialismo estadounidenses, porque Estados Unidos no tiene tradición colonial (un Estado Libre Asociado como Puerto Rico es otra cosa). Estados Unidos no tuvo esa tradición ni siquiera en Filipinas ni en Cuba, dejando de lado la pequeña base de Guantánamo. Así pues, y como lo había entendido el olvidado estudioso Xabier Gorostiaga a propósito de Panamá (donde Estados Unidos devolvió el Canal y zonas aledañas), Estados Unidos siempre prefirió la influencia informal. Más de una antigua colonia británica quedó en la Mancomunidad británica (Commonwealth), pero reorientándose a Estados Unidos, para lo que basta recordar el origen jamaiquino de Colin Powell o parcialmente de Kamala Harris (para no hablar del keniano de Barack Obama). En la segunda posguerra, Charles de Gaulle aceptó más de una independencia africana con tal de que la ex colonia mantuviera fuertes vínculos económicos con Francia, a través de la moneda, por ejemplo (franco CFA). A Portugal le costó un poco más aceptar las independencias de sus colonias africanas (en particular Angola) a mediados de los '70. En algunos casos, en plena descolonización algunos lugares se vieron envueltos en conflictos entre potencias capitalistas y socialistas, y entre las socialistas mismas: hoy se olvida rápido que Vietnam liberó a Camboya de un Pol Pot apoyado por China, por ejemplo, o la clase de grupos retrógradas que China apoyaba en Afganistán -hasta celebrar recientemente con los talibanes- o en Angola (Jonas Savimbi). De manera particular, Cuba contribuyó en los '80 a la independencia política de Angola -y de paso, de Namibia- derrotando a los sudafricanos en la batalla de Cuito Canavale. Como desde el siglo XIX no había ya colonias, salvo en Cuba y Puerto Rico, en América Latina se planteaba no el anticolonialismo, sino la "liberación nacional" (Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, Frente Sandinista de Liberación Nacional, Ejército de Liberación Nacional en Colombia, etcétera), con una perspectiva nominalmente más cercana al socialismo, más después de 1961, a raíz de la alianza de Cuba con la Unión Soviética.

       Si parte de Asia se fue por otro rumbo (Asia-Pacífico), al pasar Hong Kong y Macao a manos chinas y quedar pendiente el asunto de Taiwan o el de la división entre dos Coreas, a cambio de soberanía política formal se fue perdiendo en independencia económica en los países "libres", por lo que se habló de los mecanismos de "dependencia", en particular en América Latina. A muchos países africanos y algunos asiáticos no les molestó, sobre todo después de la caída de la Unión Soviética, acercarse a Estados Unidos, como ocurrió por ejemplo con Angola, ya fallecido Agostinho Neto .(murió en 1979), líder del Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA). Otros como Samora Machel en Mozambique murieron en atentados de aviación (Frente para la Liberación de Mozambique -FRELIMO). Otros se eternizaron en el gobierno por décadas, cerca de cuatro de Robert Mugabe en Zimbabue, con apoyo chino (ZANU-Unión Nacional Africana de Zimbabue). Quien en su momento usara la independencia para estar con los soviéticos era mal visto incluso por los independentistas como De Gaulle (Guinea-Conakry). Simplemente, la idea era remplazar el colonialismo por presencia informal, estadounidense (Estados Unidos se abalanzó sobre el África de los Grandes Lagos a raíz de la tragedia de Ruanda y la salida francesa) y china, con Francia en retroceso (todavía hasta hoy, en el Sahel). Por doquier -salvo en América Latina, por la fuerza de la presencia española- se fue acabando el colonialismo y, en buena medida, el neocolonialismo, salvo excepciones (Gabón con Francia, por ejemplo). El saldo fue positivo en términos políticos formales, pero a la soberanía política adquirida no ha correspondido soberanía económica, salvo en muy contadas excepciones (en Asia-Pacífico). No es el imperialismo -a diferencia del colonialismo- el que salió perdiendo, antes bien, al contrario, tomando el lugar de las antiguas potencias hasta dar en cierta disputa económica reciente con China. La "liberación de los pueblos" fue recuperada por Estados Unidos para atarlos económicamente: si para algunos, la soberanía debía ser completa (en el marco de lo que algunos llamaban en los '70 Diálogo Norte-Sur o Nuevo Orden Económico Internacional), estuvo lejos de lograrse y, hoy, las fuertes ataduras económicas, sin soberanía en este terreno, arrojan dudas sobre la viabilidad política de más de un Estado.

       Quienes, desde un mundo algo más desarrollado, como México, conocieron por ejemplo un país africano recién descolonizado como Mozambique, se dieron cuenta de que poco se podía progresar con fuertes herencias tribales (que por lo demás los colonizadores habían utilizado). La Internacional Progresista (IP) del estadounidense proDemócrata Bernie Sanders ha pedido por un mundo "descolonizado, donde todas las naciones determinen su destino colectivo libres de opresión", aunque antaño se buscaba uno que otro destino soberano individual, desde el punto de vista económico, procediendo a nacionalizaciones y estatizaciones. En realidad, los espacios colectivos como el Grupo de los 77 o la UNCTAD (Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo) también se debilitaron. Quienes intentaron alcanzar la soberanía económica y ampliarla a otros países (como Libia con Muamar el Gadafi y su idea de crear una moneda africana) fueron atacados brutalmente por Occidente. El proceso de descolonización dejó poca teoría (la de Fanon no lo es), salvo excepciones como la de Amilcar Cabral en Guinea-Bisau. Más allá, en algunos casos, de cierto condominio sino-estadounidense, lo que se jugó de unas décadas para acá y con el derrumbe soviético es la apertura desaforada del otrora Tercer Mundo al exterior, como si nunca se hubiera tratado de que la soberanía política se viera acompañada de la económica ni de una mínima resolución de ingentes problemas sociales. Esta idea no existió más que cuando hubo el ejemplo soviético, y no tiene que ver por lo demás con la autarquía norcoreana ("o globalización o Kim Jong-un"). Las integraciones en el Sur -panarabismo, panafricanismo, integración latinoamericana- están por lo demás en una vía muerta. Que la IP tenga a africanos y asiáticos no los acerca mucho de América Latina ni hay demasiada cooperación Sur-Sur. (da click en el botón de reproducción).


jueves, 16 de mayo de 2024

APAGA LA LUZ

 Como Marx, Engels y Lenin trabajaron en sociedades de despegue industrial (de "maquinaria y gran industria") y parcialmente agrarias (o muy agrarias, como en el caso de Rusia), la historia del socialismo quedó en buena medida ligada a la creencia de que el sujeto del cambio era la "clase obrera", aunque la Unión Soviética no se lo creyó tanto (durante un tramo incluyó a obreros, campesinos...y trabajadores intelectuales, antes de ir a dar en vaguedades sobre el "pueblo"). La Revolución China de 1949 dió en la creencia en un papel importante de los campesinos, aunque éstos incluyen desde propietarios privados de medios de producción hasta jornaleros agrícolas. La palabra "proletariado" se ganó su equivalencia de broma con "pobretariado": se dió en plena creencia de que el sujeto del cambio era el trabajador manual y el hombre de manos callosas, hasta llegar hasta cierto punto al miserabilismo. El cambio debía venir del harapo y la mesa sin mantel. Al poco rato ya se estaba en los "condenados de la Tierra" de Fanon, hasta dar en una mescolanza sin trabajadores, pero con "masas", "pobres", "excluídos" y todo lo que el capitalismo consiguió recuperar. En el camino de quedó la idea de que, en realidad, era el trabajo el que estaba en el centro de la teoría de Marx. Se vulgarizó tanto la "causa" que la derecha sugiere que, palabras más, palabras menos, el socialismo es cosa de "pobres" (muy de José Martí: "con los pobres de la Tierra/quiero mi suerte echar") y de que el poder lo tome una horda digna de las "Urdes" de Luis Buñuel. Es asunto de lo que quedó de la izquierda -en particular, la no comunista- si a estas alturas el "proletariado" de antaño -que designaba en realidad el mundo del trabajo- se quedó en una ensalada como la indicada más arriba, y que se resume en algo así como la "filosofía Azcárraga": para los "jodidos". Que se haya hablado de trabajadores de la ciudad y del campo, además de trabajadores intelectuales, no tiene que ver con la ensalada descrita que, a fin de cuentas, se quedó sin sujeto propio -en la izquierda-, como a fin de cuentas lo reconocen por ejemplo Jorge G. Castañeda y Joel Ortega sobre México en Las dos izquierdas, de publicación reciente. Si acaso, la Revolución Cubana nunca escondió demasiado que el lugar lo tenía "la clase media", que ya iba de moda. Hasta los '70 u '80 había gente que iba a agitar en fábricas creyendo estar al borde de la toma de Palacio, para no hablar de creencias más brutales como las de Sendero Luminoso en Perú, que logró que fueran identificados "izquierdista" y "terruco" (terrorista). Así que lo radical es mezcla de hambreado y terrorista, como alguien de Hamás, y no faltará quien se ponga la pashmina o se deje la barba estilo islámico creyendo sumar a lo hambreado un toque "rebelde" y "combatiente", hay que agregar que ajeno al mundo del trabajo y como deformación del guerrillero de antaño. Para más señas, los últimos líderes obreros, salvo excepciones, estaban en México a finales de los '50 (!casi un siglo atrás!), tipo Demetrio Vallejo o Valentín Campa, y los últimos campesinos a la vuelta de esos años (como Rubén Jaramillo). Si acaso, quedó la vaguedad del "amor al pueblo", entre peña de música folclórica y demagogia para los llamados eufemísticamente "vulnerables".

    Lo anterior viene a cuento en parte porque la Internacional Progresista de Bernie Sanders propone un "postcapitalismo" en el que, dice, "valgan todas las formas laborales" y se elimine el "culto al trabajo". Cierto que no se trata de culto al trabajo porque sí. No queda claro si es una referencia al "stajanovismo" soviético, que premiaba al mejor trabajador sobre todo en cantidad. También puede ser referencia a ciertas creencias del autodenominado "neoliberalismo": el ex presidente Vicente Fox, sin tener en cuenta el grado de explotación brutal por pago bajo que hay en México, considera que es "trabajando duro" (¿para vender gelatinas?) que se sale de pobre, como si el mexicano promedio estuviera durmiendo con un sarape bajo un cáctus o meciéndose en una hamaca en el trópico. Sucede en realidad que México es de los países del mundo donde más se trabaja por menos, y con unos empresarios inconscientes (El empresario inconsciente, de Hernán Gómez Bruera, es un muy buen estudio sobre el tema), al grado que es visible cómo dichos empresarios no se molestan ni en una capacitación mínima. El culto al trabajo debe ser la creencia de que todo está en "echarle muchas ganas" y en éso de "no recibir pescado, sino caña de pescar".

      Lo de "todas las formas laborales" es de lo más impreciso, hoy que "trabajo" se confunde con "empleo" y "ocupación" y que no pareciera haber forma clara de determinar la utilidad social, porque sería tal vez "autoritario". A este ritmo, son "formas laborales" (!!!) desde una comida de negocios hasta un show de payasito en una esquina para ganarse unas monedas. "Todas las formas laborales" querría decir "todo lo que deja dinero", tal vez, para lo cual tan útil es ser lanchero en el puerto de Acapulco que tener un "postdoc", sin que se tome en cuenta toda una herencia de debate sobre trabajo manual y trabajo intelectual y otras: el empleo u ocupación que consiste en meter las maletas en la cajuela de un taxi es lo mismo que el de un ingeniero o que el "trabajo" de un político y sus asesores, que puede ser oratoria y desfile de acto protocolario en acto protocolario para en realidad no hacer estrictamente nada. Se dirá también que la prostitución es una "forma laboral" (un sexoservicio) y que lo es el trabajo de un actor o una actriz porno. 

     Suena en la Internacional Progresista a otro "paso a la acción" sin ningún esfuerzo teórico de nada, porque el pragmatismo estadounidense con pizca de Heidegger lo detesta. Como Marx dijo que "los filósofos no han hecho más que interpretar el mundo, y que de lo que se trata es de transformarlo"  (la tesis XI sobre Feuerbach), mayor teoría no hay. Y resulta que no hay mayor teoría ni verdadera capacidad para identificar algún sujeto sólido del cambio (no "significantes volando" en el estilo de Ernesto Laclau, quien quiso inventarse un nuevo populismo): después de todo, el capitalismo es el que mejor vende la idea del cambio y de que "tú haces el cambio", para lo que no se necesita ninguna concepción sino make it,  tener "el modo" o "el instrumento" para "hacerlo", técnica. Just do it, "sólo hazlo". Y no "le" pienses, no "lo" pienses, "ni" le pienses, deja de pensarlo tanto, hay que estar siempre en acción -salvo que se escoja la meditación para limitarse a un haiku. También le pasa a algunos comunistas: sujeto o teoría, ni idea. Renunciar a prácticamente todo puede parecer conveniente para el acomodo -no perder electores ni "oferta electoral", y en esta medida exento de consecuencias, algo extraño en una sociedad en la que se trabaja y mucho, pero también se rivaliza demasiado. El último apaga la luz. (viejos tiempos de derechos civiles: da click en el botón de reproducción).



!QUERREQUE!

 Lo sucedido en la primera vuelta de las elecciones en Brasil, con Flavio Bolsonaro, de derecha, con un ligera ventaja sobre Luiz Inácio Lul...