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viernes, 6 de septiembre de 2013

LIBRE COMO EL VIENTO, CAPRICHOSA COMO EL MAR...

El (deplorable) argumento es: en el mundo, la gente se guía por la conveniencia, no por principios. Estos son cosa de idealistas, románticos o "nostálgicos del pasado". Ilusos, vaya. O gente que se da el lujo de soñar.
     Así, el presidente ruso, Vladimir Putin, no defiende principios en Siria -el principio de soberanía, por ejemplo. Putin "juega intereses", es decir, él también actúa según sus conveniencias. El es como nosotros, por la sencilla razón de que nosotros somos "todo el mundo".
    Según Mr. Fisk, Putin defiende a Bashar al-Assad porque aquél se reserva el derecho de hacer lo mismo. En suma, Rusia defiende a Siria "porque le conviene". Y nada más queda por saber si el zorro -dizque "al thaaleb", según los egipcios- se saldrá con la suya. ¿Es más o menos hábil que nosotros?
     Al Sr. Fisk le está permitido equivocarse: a Najibullah en Afganistán no lo dejó caer Putin, quien ni presidente era. Najibullah cayó en 1992 y fue asesinado en 1996 por los talibanes, protegidos de EU. En esa época Boris Pepsin "gobernaba" Rusia
     Ahora, veamos: Putin tolera los gases de Bashar porque aquél también los utilizó contra los terroristas chechenos en un teatro de Moscú (fue en el teatro Dubrovka, en el año 2002). El presidente ruso, defendiendo al sirio, se defiende a si mismo. Si no son iguales, se parecen (seguramente en algo: ambos se rigen por su conveniencia, pues es el "juego que todos jugamos").
    ¿Obama? Es muy natural: actúa según le conviene. En este mundo anglosajón de convenencieros sin ningún principio de nada -salvo el "principio" de que la conveniencia gobierna al mundo-, ni siquiera es necesario detenerse a pensar. Mr. Fisk se pregunta "qué ocurriría si Assad usa gas otra vez". En realidad, tampoco importan los hechos del teatro Dubrovka, donde fueron terroristas -varias decenas- quienes secuestraron -tomándolos como rehenes- a civiles (centenares de personas, por cierto). En el mundo de la conveniencia, los dos polos son iguales y cada quien tiene la ilusión -lo es- de que puede escoger, o incluso no escoger. Que sea mentira que Assad haya usado gas, sarín, mostaza o del otro, no importa. Que Putin haya actuado en defensa propia, tampoco cuenta. Putin y Assad son iguales para los fines que convengan al interesado: ganarse al público haciéndose pasar por independiente -léase neutro- y sobre todo, muy libre de contar lo que sea. Muy al estilo anglosajón, no cuenta pensar, sino sentirse libre de hacer lo que convenga. El independiente no lo es, puesto que "juega el juego que todos jugamos", incluso -como niño- con armas químicas de por medio, aunque sea en el papel. Qué importa: como todo el mundo, soy independiente. O bien: mi independencia consiste en ser como todo el mundo. Léeme, si tu también quieres serlo.