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sábado, 21 de septiembre de 2013

TROTSKISMO GOURMET

Uno de los últimos manjares que nos sirve el trotskismo latinoamericano-si de origen argentino, dos veces bueno, seguramente- es poner la situación mundial de la siguiente manera: Obama es un matón, sí, pero Putin es un gángster. No es un paladín de la paz mundial, sino alguien astuto e interesado, aunque puede sernos útil. Claro, si el mundo depende de un matón y un mafioso, no hay más que llorar, meterse debajo de la cama o proclamar a los cuatro vientos la verdad, la más urgente, la necesidad de la creación de mundo popular de amplia base democrática, socialista, si es posible del universo, ya que seguramente hay vida en el otro mundo y si la hay, es a favor de nuestra causa. A partir de esta base, nosotros podemos servirnos  de Putin (sic, asi de sencillito) para nuestra lucha en la vanguardia, y hacerle a Bashar el dictador el favor de apoyarlo, aunque con condiciones. De paso, si escribo con grandes palabras, mi lector puede pensar que, a diferencia de Obama (y Putin), Yo ando dando la vuelta al mundo con grandes principios, incluso sin ningún tipo de análisis o peor aún, sin la información mínima. En pocas palabras, Putin, en una habitación de decembristas que conspiran, es impresentable.
Como mafioso, Putin no es malo. Cuando este señor llegó a la presidencia de Rusia, la pobreza en Rusia era del 35%. En el año 2004, la pobreza era del 23%. En 2008, la pobreza en Rusia fue del 13,5% de la población. Así es como un Pablo Escobar de la nieve logro el poder y estuvo haciendo un programa de algo asi como "Por un Arbat sin tugurios". Alexandre Latsa, un blogger que ofrece estos datos en su libro "Mitos sobre Rusia", señala que la pobreza en Francia es del 13,7%. Nuestro Chapito Putin  ha desarrollado Rusia lavando dinero del petróleo, al parecer, en la medida en que las cifras de reducción de la pobreza son similares a las de Chávez en Venezuela. No importa: lo que en América Latina es digno de la Historia con mayúsculas, con Cristo y Bolívar, en Putin es el asunto de un gángster.
Y como el  trotskista
gourmet escribe en el país donde es más peligroso el ejercicio del periodismo, hay que señalar que, con Putin, el número de periodistas muertos se redujo a la mitad, de 30 en la era Yeltsin a 17, menos que en Israel, por ejemplo.
En resumen, no sería de extrañar que Putin en Rusia sea lo que el "hijo de La Tuna" para alguien de Badiraguato. No importa: mis lectores deben saber que soy un personaje al menos tan importante como Putin, el mafioso que todo occidental decoroso debe odiar. Y Yo, soy sencillito y carismatico.