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miércoles, 18 de diciembre de 2013

MEXICO: ADIOS AL CIVISMO...

Delante de uno de los dueños de la Casa Meyer, quien cree que Estados Unidos es realmente un Estado nación muy digno de este nombre, un ex gobernador del estado mexicano de Tabasco alertaba hace algún tiempo sobre el hecho de que, detrás de ciertas palabras, mucha gente no pone hoy ideas, sino imágenes. La nación quiere decir a lo sumo Lucerito o Chicharito, y el Estado es un gobierno donde "todos ellos son iguales", aunque harían mejor en soltar para que "haya dinero". Como "ellos" son todos iguales, hay una coartada para desentenderse de los asuntos públicos, que no son de nadie: ni de ellos, que agarran del Estado lo que pueden sin devolver, ni de "nosotros", que tampoco nos damos por enterados de que existe la República.
      El incivismo que reina en México no es tan solo producto del atraso. Es imitación del más completo incivismo que rige en Estados Unidos, un país sin ningún "capital social", según lo sugiere el ensayista y escritor Morris Berman. La razón es sencilla: ningún particular invierte en el espacio público porque "no reditúa" (siempre hay alguien que se lleva lo mío), y sucede más bien que el político, que "no sirve para nada" se queda con "nuestros impuestos". ¿Todos a sus puestos? No: todos a sus casas. El estadounidense no es ningún ser pacífico: basta con ver la violencia en las escuelas o la facilidad para la venta de armas. En nombre de sus derechos, el estadounidense es el primero en insultar al que se deje ("stupid!") y en salir a la calle con el mismo principio del mexicano promedio: "chinga antes de que te chinguen". Por lo demás, si esta batalla campal que es la sociedad estadounidense se sostiene, no es por sus padres fundadores, sino por el dinero saqueado en buena parte del planeta. Así, el incivismo es perfectamente posible mientras "hay dinero". Fuera de ésto, el estadounidense no sabe qué es una nación, ni le importa (¿cuántos alumnos estadounidenses ubican a su propio país en un mapa?), como no sabe qué es el Estado, salvo para recibir algo de él.
     Darse el lujo del incivismo en México es más preocupante y algunos analistas consideran que la República se acabó, con la diferencia de que a México, tener "cosa pública" e instituciones le costó más que a los estadounidenses. El candidato de izquierda Andrés Manuel López Obrador buscó en dos ocasiones recuperar el civismo en México: difundiendo la Cartilla Moral de Alfonso Reyes, primero, y llamando después a organizarse para una "regeneración nacional". Nadie, mucho menos entre los decentes que "no quieren a los políticos", le hizo caso al tabasqueño, ni siquiera entre sus correligionarios, incapaces de civismo y reducidos a una mezcla de activismo a la antiguita y "performance" -lamentable ante la reforma energética.
      Todo consistió en reducir la seriedad del candidato a una frivolidad "de mucho mundo". Si a Jesusa y Liliana les preguntan por un ideario, se pondrán a cantar, como en un video (Maestra Vida) hecho bochornosamente para Telesur:
     -pélame la papa, le dije al Papa...
     Finísimas personas: como cualquier gringo promedio, estiman que "darse licencias" es marca de estatus. Parece que El Hábito hace al monje. Pobre candidato, tan lejos de la Diosa Razón y tan cerca de Estados Unidos y sus "intelectuales libres asociados".