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viernes, 6 de diciembre de 2013

¿RUSIA? ALL I WANNA DO IS HAVE SOME FUN...

Para demostrar que no es "autoritario", el presidente ruso, Vladimir Putin, debería dejar en libertad a las punketas de Pussy Riot y también, por qué no, al hombre de negocios Mijaíl Jodorkovski. Entretanto, la extrema izquierda callejera y de café considera que el de Putin es un régimen mafioso y autoritario.
     Resulta que la principal conexión entre los oligarcas y la mafia debía buscarse en la figura de Boris Berezovski, un magnate ruso que terminó refugiado en Londres y falleció en el año 2013. Fue el periodista estadounidense de origen ruso, Paul Klebnikov, quien descubrió estas conexiones, al trabajar aquél para la revista "Forbes". Algunas de las pistas de Klebnikov llevaban también a la mafia chechena. Descubrir todo ésto le costó la vida al periodista, quien consideraba a Berezovski una figura clave. Este magnate -acusado de fraude, desfalco y lavado de dinero, entre otros países en Brasil, no nada más en Rusia-nunca ocultó su anhelo de derrocar a Putin. Así, resulta que fue el Reino Unido el que protegió a uno de los principales mafiosos rusos, con tal de hacerle la vida difícil a Putin.
     Jodorkovski, por su parte, estuvo a punto de despeñar a Rusia buscando la fusión de la compañía Yukos  -un gigante del petróleo- con las empresas transnacionales Exxon y Chevron, lo que habría puesto el principal recurso energético ruso en manos de texanos -y hasta de los intereses de los Bush, puesto que el ascenso de Jodorkovski se produjo en los años '90. Asimismo, Jodorkovski estaba en conexión con la casa de negocios de los Rothschild. El magnate ruso no recibió ninguna sanción de gravedad, aunque puso en riesgo la seguridad de Rusia.
      Los hombres de negocios occidentales, congruentes, han acusado a Putin de "autoritario" por el modo de tratar a Jodorkovski -intercedieron por él desde Obama hasta la Merkel-, y Putin es "mafioso" aunque pareciera que, en el peor de los casos, no es del "grupo" Berezovski que armó golpes como el segundo de Chechenia. En suma: suponiendo que Putin sea un hijo de puta, parece que incomoda porque no es "nuestro hijo de puta".
     La extrema izquierda hace el caldo gordo por su "idea" de la libertad. Al fin y al cabo, hemos invertido para que nuestros hijos tengan lo mejor, les hemos dado crédito y los hemos asegurado para que hagan lo que les da "su regalada gana", desde una tocada punk en una iglesia hasta shows "artísticos al desnudo" delante del Kremlin y otras provocaciones que están permitidas en la casa del vecino, aunque no en la nuestra. Así que es autoritario quien nos impide ser mafiosos, comprar el país y oir rock en un templo, mientras que, claro, los del Bien somos "nosotros los light". ¿ves?