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viernes, 16 de marzo de 2018

COLOMBIA: DEBUT Y DESPEDIDA

En las elecciones legislativas del 11 de marzo, la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC), forma civil de las antiguas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, sufrió una derrota estrepitosa: obtuvo 0,34 % de votos para el Senado y 0,22 % para la Cámara de Representantes. Peor aún, por una enfermedad coronaria tuvo que retirarse de la carrera presidencial el candidato de la FARC, Rodrigo Londoño, alias Timochenko. La campaña legislativa no estuvo exenta de amenazas y agresiones contra los ex guerrilleros que, según uno de los cuentos de la oligarquía colombiana, iban a "lavar dinero del narcotráfico" en las elecciones, lo que evidentemente no ocurrió.
      Desde que las FARC se incorporaron a la vida civil, luego de haber sido derrotadas militarmente por el mandatario Alvaro Uribe y el Plan Colombia, en alianza con Estados Unidos,las tierras que controlaba la guerrilla han sido poco a poco penetradas por narcotraficantes, paramilitares y por la minería, desde la ilegal hasta la de grandes corporaciones. Desde luego que el cultivo de coca no ha disminuido: de acuerdo con The Wall Street Journal, citado por Vicky Pelaez en el portal de Sputnik Mundo, la extensión de tierra para cultivos de coca de 2016 a mayo de 2017 aumentó en 43,3 %, y no faltan reportes en este sentido. Entre 2015 y 2016, los cultivos de coca en Colombia crecieron en un 52 %. Y el Plan Colombia estaba supuestamente destinado a erradicarlos...Simple y llanamente, el Estado colombiano no tiene una presencia consolidada en un 60 % de su territorio donde viven 6 millones de habitantes.
     La periodista Natalia Orozco, autora del documental "El silencio de los fusiles", llegó a declarar: "las FARC nunca hubieran firmado un acuerdo de paz con el gobierno de Colombia si supieran del odio que generan entre los habitantes de las zonas urbanas del país". Como acostumbrado cada vez que la oposición armada entrega las armas en Colombia, se dieron con mayor fuerza los asesinatos de líderes sociales, que a estas alturas se cobran muchas más muertes que la esporádica guerra con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), guerrilla restante que por cierto hizo una tregua durante las elecciones legislativas: desde la firma de los acuerdos de paz, más de 200 líderes sociales fueron asesinados en Colombia (2016-2017), y para principios de 2018 se contabilizaban 30 líderes sociales muertos (hasta febrero).
      Colombia votó en grande este 11 de marzo al uribismo, coludido con el narcotráfico y el paramilitarismo, y al delfín de Alvaro Uribe, Iván Duque, del graciosamente llamado Centro Democrático. Uribe fue el senador más votado. La "Colombia urbana", aún viviendo en buena medida del saqueo de la "Colombia rural", tiene por héroes a personajes que, como el difunto Pablo Escobar, ocupan las biografías y las series televisivas. En conjunto, la derecha colombiana tiene probablemente suficiente fuerza para bloquear una reforma agraria pedida con ahínco -desde hace medio siglo, en realidad- por las FARC y reivindicada tímidamente por el progresista Gustavo Petro. Sin esa reforma Colombia difícilmente tendrá verdadera paz.