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lunes, 5 de marzo de 2018

MI COMPLICE, LA SOCIA DE MIS SUEÑOS

Empezó con un pequeño taller de sastrería en Metzingen, al sur de Stuttgart, Alemania, en medio de serias dificultades económicas, aunque las sorteó, entre otras cosas, robándole maquinaria y locales a un empresario judío. En 1931 se afilió al partido nazi, y no tardó en encontrar un negocio: no hacerle el diseño, pero si vestir con su producción a las Waffen SS , cuerpo de combate de élite de las SS (Schutzstaffel); por un tiempo, a las SA (Secciones de Asalto) de Ernst Rohm y luego a las Juventudes Hitlerianas. En 1935, el sastre abandonó la producción de ropa civil para dedicarse exclusivamente a la militar, incluyendo además paracaídas, mochilas y guantes. Las ventas y el negocio se habían incrementado. Los pedidos militares de uniformes fueron tales que en 1939 el antiguo pequeño sastre de Metzingen planeó comprar una fábrica de telas. La guerra no tardó en comenzar y el productor elegido para vestir a la tropa fue el modista de Metzingen. Se volvió acaudalado y recibió incluso pedidos del ejército regular (Wehrmacht) y del Estado Mayor (Stab) de la Oficina de Asuntos Generales del Ejército. Lo que había comenzado como un pequeño taller se convirtió en la segunda empresa textil de la Alemania nazi, que empleaba por lo demás a cautivos de campos de concentración, en particular polacos (y más aún, mujeres polacas y deportadas francesas). A falta de cierta materias primas, la empresa llegó a funcionar durante la guerra con toneladas de ropa requisada en los territorios ocupados.
     Al final de la guerra, el sastre fue considerado por los aliados "beneficiario del régimen nazi": perdió su derecho al voto y se hizo acreedor a una multa que pagó vendiendo seda que se utilizaba para confeccionar paracaídas. La empresa "cambió de giro", como se dice, y se dedicó a los uniformes de trabajo. El sastre nunca obtuvo el perdón del gobierno de la República Federal de Alemania (RFA) y murió en 1948. Se llamaba Hugo Boss.
      Los descendientes de Hugo Boss, Siegfried Boss y Eugen Holly, decidieron desde los años '50 -después de fabricar uniformes para carteros y policías y "ropa para hombres"- cambiar la orientación de la empresa, que hoy es sinónimo de lujo y de fragancia. Con todo, en 1997 se descubrieron cuentas inactivas en Suiza, la siempre "libre de toda sospecha":  databan de la guerra y la marca Hugo Boss fue demandada por sobrevivientes del trabajo forzado durante el conflicto internacional. La marca Hugo Boss decidió, esta vez, llevar las cosas en paz: en 2011 se hicieron pagos a sobrevivientes (aunque Hugo Boss AG ya pertenecía a la italiana Marzotto) y se publicó una nota "pidiendo perdón", lo que no impide copiar diseños de los tiempos nazis y usar trabajo de Europa del Este (y chino).