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miércoles, 21 de marzo de 2018

LA COLOMBIA DEL MARQUES

El marqués de Vargas Llosa ha tomado la costumbre de entrometerse en la política de varios países latinoamericanos para hablar de lo que no sabe: también en el mundo intelectual es posible la impunidad. El escritor peruano del Marquesado ya había celebrado la consulta popular en el Ecuador alabando el "criterio democrático" del presidente ecuatoriano Lenín Moreno, cuando en realidad éste se saltó a la torera a la Corte Constitucional y la Constitución (artículos 104, 138 y 443). Más recientemente, el ilustre marqués acusó al candidato colombiano de centro-izquierda Gustavo Petro de "demagogo peligroso", pero agregó: "Petro tendría mucha dificultad porque hay que recordar que Colombia, a pesar de todos los problemas terribles que ha tenido que enfrentar, es una democracia que funciona. Las instituciones en Colombia funcionan". "Petro -prosiguió Vargas Llosa- puede empujar a Colombia a soluciones de tipo colectivista y estatista, es decir, a un populismo que abriría una muy riesgosa vía para el futuro colombiano". El marqués alentó a Iván Duque, candidato del ex presidente Alvaro Uribe Vélez por el muy chistosamente llamado Centro Democrático.
     En las elecciones legislativas colombianas del 11 de marzo, el 53 % de los habilitados para votar no lo hizo, lo que representa un porcentaje alto de abstención para un país que funciona "tan bien". De más de 36 millones de personas habilitadas, sufragaron cerca de 17 millones y medio. Para las dos consultas interpartidistas (primarias), pidió el tarjetón apenas cerca del 26 % de los votantes: sufragaron cerca de 10 millones de colombianos. Además, para el Congreso hubo cerca de 3 millones de votos nulos y cerca de un millón 400 mil votos no marcados. Por cierto que hace algún tiempo, en el plebiscito para aprobar o rechazar los acuerdos de paz entre el gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC, hoy Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común), votaron poco más de 13 millones de personas sobre casi 35 millones de habilitadas.
       La institucionalidad colombiana funciona "tan bien" que ahora el senador "más votado" (de la Historia) fue el mismo Uribe (cerca de 900 mil votos). La Corte Suprema de Justicia de Colombia ha acumulado 28 procesos contra el gran senador, la mayoría por sus presuntos vínculos con el paramilitarismo de extrema derecha, al cual la Colombia urbana no parece detestar como a las FARC. En la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes (diputados) se han recibido 400 denuncias contra Uribe por delitos que van desde el homicidio y el financiamiento ilegal de campañas políticas hasta el auspicio de grupos paramilitares. La democracia colombiana "funciona": elige a un criminal que goza de total impunidad mientras se trata de criminales a las FARC y el grueso de la población se hace de la vista gorda.
      Con el analfabetismo político una democracia puede ciertamente funcionar. Después de las legislativas, la derecha colombiana puede tener la fuerza suficiente para hacer tortuguismo en el debate sobre las leyes de desarrollo rural y reparto de tierras, resultantes de los acuerdos de paz. El debate debiera incluir el fondo de tierras para la paz y la titulación de unos 7 millones de hectáreas para familias campesinas junto a la sustitución de cultivos. Los territorios campesinos se deberían constituir en reservas forestales, tierras baldías y latifundios improductivos. Ningún país que no haya hecho una reforma agraria integral ha salido del subdesarrollo, por lo que la FARC y en parte Petro están buscando abrir el camino al desarrollo, así sea capitalista (ahí están ejemplos como los de Sudcorea o Formosa-Taiwán, entre los más recientes). Pues bien, satisfechos con lo bien que funciona todo, ni el marqués ni la oligarquía colombiana quieren salir del atraso para lograr un verdadero progreso capitalista. Entretanto, obsesos del poder socialdemócrata como el intelectual de izquierda Emir Sader han llamado a hacer a un lado a la FARC y a Piedad Córdoba (liberal) para privilegiar el tímido progresismo de Petro. Todos quieren poder sobre el lomo de una población campesina que anhela justicia. !Pero qué bien que funciona el narcomoney!