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lunes, 18 de noviembre de 2013

CHILE: CONTRA LA IZQUIERDA COMO NEGOCIO

La izquierda señorial latinoamericana entiende de negocios desde hace rato, y procede al modo capitalista: si hay ganancia, es nuestra, pero si hay pérdidas, se las pasamos a quien se deje. Es una buena manera de no aprender nada, ya que la culpa la tiene siempre el otro, el de los errores. Al fin y al cabo, no es muy distinto del clasemediero colombiano: si la sociedad está llena de dinero sucio, algo obtenemos, y mientras tanto lo único que sabemos es hacer mal el mal, aunque creamos que es lo mejor. En efecto, ese colombiano sabe apenas que para participar del festín debe darse buena conciencia y asistir al ritual de culpabilización contra las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), diciendo lo que sea contra una ínfima minoría armada.
     El proceder no es nuevo. La izquierda señorial prometió no repetir los errores soviéticos y, ya en Nicaragua, prometió no repetir los errores soviéticos ni cubanos. En Venezuela, lo ideal sería no repetir los errores soviéticos, cubanos ni nicaraguenses. La imbecilidad del otro es la mejor prueba de mi genialidad. O, dicho sea en términos de competencia capitalista: yo tengo éxito donde el otro es un fracasado. En este mundo cuentan los ganadores y los perdedores.
     Así que, si Salvador Allende cayó en 1973, fue por culpa de la señora Harnecker y sus manuales. Este tipo de enfoque está más dispuesto a caerle a los comunistas chilenos que a las fuerzas de centro-izquierda si la candidata socialista Michelle Bachelet -vencedora en la primera vuelta electoral, aunque habrá una segunda- no logra sacar lo que se propone: una educación gratuita de calidad, un nuevo sistema fiscal, y tal vez, una Carta Magna distinta. Como Camila Vallejo le ha dado apoyo -condicionado, y de ninguna manera como cheque en blanco- a Bachelet, si ésta fracasa le podremos pasar la cuenta a la joven comunista. Al centro-izquierda le podemos dar un crédito, aunque sea de compromiso, por si hay "redistribución"; con los comunistas, en cambio, regateamos hasta el último céntimo de credibilidad (los podemos tratar como inquilinos de la Concertación, y no como lo que son, parte autónoma de Nueva Mayoría). Incluso es preferible esa versión de Alejandro Fernández que es el metrosexual Marco Enriquez Ominami. Hay gente con la que uno puedo negociar; con los comunistas no hay modo de acordar (después de todo, Camila Vallejo conservó su autonomía ante Bachelet). ¿Qué tal si los endeudamos y los hacemos pagar más si el margen de ganancia de la hacienda socialista tiende a disminuir?
     Por lo pronto, cuatro ex dirigentes estudiantiles estarán en el próximo Parlamento chileno, incluyendo a Vallejo (cerca de 44 % de votos en la Florida) y a Karol Cariola, secretaria general de las Juventudes Comunistas (primera mayoría en el distrito la Recoleta). Lo que está a discusión no es el reparto del poder, sino lo que es posible conseguir en proyectos concretos y sobre bases programáticas; por lo mismo, tampoco se están repartiendo por anticipado las culpas de nada. Se trata de parar de hacer negocio con todo, la izquierda incluida.