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lunes, 25 de noviembre de 2013

LA K EN CARABOBO

La mandataria argentina, Cristina para los amigos y huésped de la Casa Rosada (sic), volvió a sus labores con unas muy desenvueltas declaraciones, luego de recibir un regalo de Adán Chávez, hermano de Hugo Chávez. Al hacer estas declaraciones, Cristina, filmada por su hija, llevaba en brazos a un pinguino de juguete, algo muy enternecedor.
     La mandataria, conmovida por los gestos venezolanos, habló de la "última batalla de emancipación del continente", en la localidad de Carabobo, y agregó: "cuando estuve en Ecuador estuve cerca del campo de batalla".
     Ninguna red social, de las que están atentas al pedrigrí de tal o cual, reparó en que la última batalla -del continente- a la que aludía Cristina tuvo lugar en Ayacucho, no en Carabobo. Ayacucho está en Perú y Carabobo en Venezuela. Lo simpático es que Cristina conoció el lugar en Ecuador, donde no está. Y encima, la mandataria se refería a Bolívar en Carabobo, cuando en Ayacucho estuvo Sucre. Entretanto, como lo hiciera notar el periodista Luis Bilbao, Cristina estaba en asuntos más terrenales:  nombrar a Jorge Capitanich como jefe de gabinete. Capitanich, próximo a la embajada estadounidense en Argentina, fue secretario de Finanzas de Carlos Menem. Así que, como lo han sugerido otros, Cristina está haciendo "menemismo de izquierda". Es muy tierna.
     El gobierno venezolano, encima, mandó a callar a Bilbao, como manda a callar a otros si critican por ejemplo la política económica de Caracas. Lo que cuenta es que el presidente venezolano, Nicolás Maduro, le envió a Cristina una estatuilla de un "santo del pueblo" para que la K se recuperara pronto y tuviera una "protección".
    Que la señora K diga burradas, no importa, si es con amor (aunque parezca sobre todo cursilería). Como en Estados Unidos, el amor se ha convertido en el mejor modo de callar a cualquiera que, si discrepa, parece "agresivo" y, por ende, un "frustrado". A juicio de Sergio Massa, líder centroderechista argentino, en Argentina se practica una "democracia de personas" en lugar de una "de partidos", y el resultado es que en vez de "debatir ideas", se "destruyen personas". Es algo en común con Venezuela.