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sábado, 5 de noviembre de 2016

EL PAYASO DIABOLICO COMO METAFORA

En los últimos días se ha presentado en algunas partes de Estados Unidos y Canadá, por un lado, y de Alemania, por el otro, una oleada de pánico por la presencia de "payasos diabólicos". El asunto llegó al grado de que algunos consideraron que tal vez el mandatario estadounidense, Barack Obama, debía tomar cartas en el asunto. A su vez, el payaso Ronald McDonald tuvo prácticamente que esconderse. En vísperas de Halloween, la pandemia de este tipo de circo -uno de tantos que vive el mundo actual- llegó a lugares que van desde España hasta algunos rincones de México.
       Después de todo, es "emblemático": la payasada, muy común, y por cierto muy propia de lo que ha sido estudiado como "personalidad perversa narcisista" consiste en establecer -como lo hace cualquier empresa y como tienden a hacerlo bastantes políticos- un clima de confianza (en realidad, es el "enganche" de lo que algunos llaman "codependencia") que haga que la víctima entre a descubierto en la relación con el payasito en los modos en que han sido muy bien descritos por ejemplo por Jean-Charles Bouchoux o los trabajos sobre manipulación en pareja de Pascale Chapaux-Morelli . Una vez tiradas las defensas del incauto, el simpatiquísimo se dedica a sacar provecho personal y beneficios de toda índole manipulando e instrumentalizando con la ventaja asegurada, puesto que conoce las vulnerabilidades del otro. En suma, asalta, pero no con armas (aunque se reportan casos, sobre todo de puñaladas, y en México, de baleadas), sino, como el sistema vigente, con un todo-sonrisas y derroche de simpatía. Vamos, es otra variante del capitalismo actual.