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martes, 22 de noviembre de 2016

LA UE Y JAPON, ESTANCADOS

Hay dos ejemplos de cómo la moneda común, el euro, está favoreciendo a Alemania y hundiendo mientras tanto al resto de Europa en una crisis grave. A falta de política monetaria soberana, la industria francesa, por ejemplo, no puede enfrentarse a la alemana desde la crisis de 2008. La industria representa hoy 14,1 % del valor añadido bruto total francés contra 19,2 % en 1995 y por contraste con 25,9 % de Alemania, según datos de Eurostat citados por William Engdahl en su portal. A titulo de ejemplo todavía más ilustrativo, mientras la producción mundial de automóviles casi se duplicó de 1997 a 2015 (de 53 millones a 90 millones de vehículos al año), y Alemania aumentó su producción en 20 % (de 5 millones a 6 millones), la producción francesa cayó de 4 millones a menos de 2 millones.
      Los bancos no pueden reorganizarse de manera soberana. En 2013, durante la crisis chipriota, el ministro de Hacienda de Holanda y presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, propuso tranquilamente confiscar el dinero de los depositantes grandes y pequeños para recapitalizar los bancos, siendo frenado al último minuto (al final, los depositantes más ricos perdieron 40 % de su dinero). El tercer banco más grande de Italia, Monte del Paschi, no ha podido ser rescatado por el Estado italiano ante la oposición creada por la nueva ley bancaria de la Unión Europea. Ante crisis de solvencia como las del Deutsche Bank o el Commerzbank, las nuevas reglas europeas impiden -entre otras medidas- las moratorias temporales sobre las ejecuciones hipotecarias y embargos si las personas se atrasan en sus pagos.
       Como está sucediendo en otros lugares (Japón, próximamente en Estados Unidos), en Europa se ha anunciado un plan de "revitalización" de la economía, el Plan Juncker (en 2015 se anunció la creación de un Fondo europeo de Inversiones Estratégicas), pero bajo el supuesto de financiamiento privado (con las plusvalías de los fondos de pensiones, por ejemplo), siendo que el sector privado no se siente "en confianza" para invertir y pide en cambio, para aceptar este tipo de planes, mayor flexibilización laboral y menos derechos sociales. ¿Qué está sucediendo? Se hunden países enteros, desde casos explícitos como Grecia y Chipre hasta "implícitos" como España, se destruyen derechos sociales importantes y buena parte de sectores industriales clave, como en Francia, y se actúa de tal modo que ni el mundo de los negocios, orientado hacia el exterior, se da cuenta de que socava sus posibilidades de ganancias futuras.
       En Japón, pese a un crecimiento importante, la economía interna no arranca -los consumidores no gastan y la iniciativa privada no invierte- al cabo de 15 años de deflación y crisis, por lo que las empresas japonesas siguen prefiriendo los mercados externos y no reinvertir en el mercado nipón. El gobierno ha lanzado un plan de "reactivación", pero también con restricciones presupuestales y otras, como la negativa a aumentar los salarios y a dinamizar el crecimiento demográfico. Hasta ahora, lo único que se ha hecho es una política monetaria que salve los beneficios en los mercados exteriores, pero sin reanimación de la demanda interna, como si para todos contara únicamente "girar" en el exterior sin importar que los mercados internos se estanquen duraderamente.