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sábado, 19 de noviembre de 2016

¿RUSIA ESTA A SALVO?

Los esfuerzos del gobierno de Vladimir Putin para dejar a la Federación Rusa con todas las capacidades de defensa frente a las amenazas militares exteriores siguen rindiendo frutos. En primer lugar, acaba de ponerse "a punto" el misil balístico Sarmat RS-28 (igualmente conocido en Occidente como "Satanás 2"), con capacidad para devastar la costa Este estadounidense, o un territorio equivalente al de Francia o de Texas (la capacidad es dos mil veces mayor a la destructiva de las bombas que fueron lanzadas contra las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki). Este nuevo misil balístico inter-continental es in-interceptable y su velocidad le permite engañar a los sistemas anti-misiles existentes. La rapidez del Sarmat -que se fabricará a partir de 2018-le permite llegar por ejemplo en unos 13 minutos del enclave de Kaliningrado a Londres. Otra cosa más: el nuevo sistema de "guerra electrónica" rusa puede suprimir, a una distancia de tres mil kilómetros, las señales de onda corta de Estados Unidos y sus aliados de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), dejándolos incomunicados (sistema Murmánsk -BM). El sistema está por entrar en operación. El enemigo interferido no puede recibir ni transmitir órdenes e información objetiva de manera expedita.
      La mejor noticia es que la Federación Rusa tiene ya cuatro locomotoras para salir del extractivismo, que se están comportando muy bien: la agricultura (hay muy buenos resultados en aves de corral, cerdo y cordero), la química y la metalurgia (con la ventaja de reconstituir un importante sector industrial y, por cierto, desde ya, de ganarle a las trasnacionales el mercado ruso de productos farmacéuticos), y el sector militar-industrial. El Banco Mundial ha estimado que la economía rusa podría comenzar a restablecerse mejor en 2017.
      Como lo han señalado algunos miembros de la Duma, la reciente detención del titular de la Secretaría de Desarrollo Económico, Alexei Ulukayev, por aceptar sobornos para privatizaciones, es una "señal" no solo a los oligarcas, de por sí obligados a mantenerse al margen de las grandes decisiones del país, sino también a los funcionarios corruptos, que no son pocos, aunque la corrupción no permea al conjunto de la sociedad rusa y más bien tiene harta a buena parte de la población.