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domingo, 6 de noviembre de 2016

RUSIA: COMPRAR EL PERDON

Harán como Elena, el personaje principal de la película de nombre homónimo de Andrei Zvyagintsev: ir a persignarse para tener el perdón antes de seguir pecando(e ir a volver a empatar de nuevo persignándose, y así...). Hoy, en Rusia, el perdón se compra.
       El mandatario ruso, Vladimir Putin, decidió en estos días homenajear al príncipe Vladimir, quien introdujo el cristianismo en la Antigua Rusia en el siglo X (¿pero por qué no invita mejor al presidente de Mongolia, ya que los mongoles introdujeron el mejor sistema de espionaje de un imperio?). Putin hizo el homenaje con muy mal gusto, invitando -perdido como lo está ideológicamente- a Natalia Solzhenitsina, viuda del escritor Alexander Solzhenitsin, un mentiroso consuetudinario. Desde luego, no faltó el analfabeta primer ministro Dmitri Medvedev. La Rusia corrupta y desunida por la corrupción busca la unidad.
        Putin es otra cosa, aún perdido, y había hablado en 2012 del mal de Rusia: la "tembladera espiritual". "Hoy en día, declaraba, la sociedad rusa está experimentando una clara escasez de apoyos espirituales -la compasión, la empatía y la comprensión entre unos y otros, el apoyo y la asistencia mutua". Citando a filósofos del siglo XX (años '20), Putin lamentaba la escasez hoy de "lazos espirituales". Sí los hay, en realidad, al menos en términos religiosos: no falta el ruso que después de desplumar a cuanto occidental se le atraviese y de tratar de "perra" a su mujer durante un buen tramo de la vida conyugal se deje una larga barba y tenga cierto brillo en los ojos para comprarse con misticismo un buen lugar en el más allá, sin hacer , eso sí,nada en el más acá. Al menos en el socialismo el bien y el mal eran en esta vida. Ahora se roba acá y se hace el bien en el otro mundo.