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lunes, 14 de noviembre de 2016

LOS AMIGOS DEL JALAPEÑO

-Llámame José Juan, me dijo. Y sentí bonito. Era amigable el jalapeño. Rete harto.
Subí las escaleras, esperé mi turno y finalmente entré al consultorio del doctor Culín.
     -Me dice José Juan que...
No recuerdo cómo terminé la frase. Pero sí recuerdo que Culín estaba atónito.
     -Según José Juan es una hipotonía...traté de continuar
Culín, con quien me había mandado José Juan, seguía mirándome como seguramente se observaba a Bantú en el zoológico, o como si estuviera mencionando a un volador de Papantla perdido en las alturas pero anónimo.
     -!Aaaaaah! Exclamó por fin, saliendo de su asombro, !el doctor Banchesáiz! Lo dijo así, acentuando y prolongando la "aaa" de tal modo que llegara desde Xalapa Enríquez hasta Sevilla, Cádiz, Málaga o Madrid. El atónito era yo: estábamos hablando de la misma persona y Culín no me estaba enseñando respeto, sino el modo de contraer estatus social como quien agarra algo epidémico y sale a la calle a estornudar y sorber mocos en plan de "!yo también la tengo!!tengo el virus de la influencia!!estoy enfermo de influencia!".
     La segunda vez fue en Médica Sur. Debí sospecharlo, porque llegando y estando en cama con una neurosífilis mortal -yo ya estaba en otro mundo- producto de las mezclas de Culín, llamó la médico tratante.
     -Sí, doctora Yuriria, dije al teléfono, mientras el neurólogo se preparaba para buscarme la enfermedad de Lyme, que para el caso había remplazado a la neurosífilis que yo creía haber contraído en el laboratorio de Culín.
     La respuesta fue seca, hasta con enojo...
     -Yu-ri-dia....
Otra amiga de José Juan. Y cuando le dije "es que dice José Juan que....", Yu-ri-dia me hizo una muesca de asco. No entendí.
     -El doctor Banchesáiz, dijo Yu-ri-dia (no Yuriria, !por un chingao!) con la misma expresión de asco, nos está ayudando mucho. Yu-ri-dia alargó la "aaaaa" de modo tal que se oyera no solo en Veracruz, sino también en Castilla-La Mancha, Aragón y Asturias.
      Nunca me curé. En primera, por los cafres amigos de Banchesaíz, que la regaban al ritmo de sus ambiciones de dinero y estatus (!pero si hasta conocí al doctor "Violante"!). Y en segunda porque, tal vez, ni el mismo José Juan, amante del poder a su manera (los psicólogos y psicoanalistas suelen creer que tienen un poder similar al de un agente del ministerio público, ante el cual uno es culpable hasta prueba de lo contrario), estaba dispuesto a respetar a quien no se presentara a la puerta de San Borja como el profesor Espinoza Lascuraín de los Monteros, servidor, o como un caso perdido con minifalda.