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martes, 6 de agosto de 2013

IZQUIERDA: DOS MODOS DE ENTENDER

El actual presidente boliviano, Evo Morales, se sitúa en la línea de varios mandatarios andinos (Humala, Correa) que aspiran al adecentamiento de la República.
     Ser de izquierda no es "trascender", ni hacerlo para granjearse un estatuto especial. No porque  alguien se declare de izquierda todo le es debido . Aquí se trata más bien de populismo, de líderes que reclaman que se les rinda pleitesía, pero sin garantizar nada a cambio, salvo el favor discrecional. No hay secreto: la izquierda suele ser el carril para rebasar. Estar en la "causa justa" termina en título nobiliario.
     En la clausura del reciente XIX Foro de Sao Paulo, Evo Morales le pidió a la izquierda "decencia" (no es ningún monopolio de una derecha hipócrita), "humildad" y "compromiso", todo lo que suelen perder muchos izquierdistas apenas tienen poder, por pequeño que sea. Evo Morales ha sido muy claro: "la política para nosotros no puede ser ni negocio ni beneficio. Debe ser servicio". "Izquierda" no es un modo de servirse del Estado para beneficiarse y taparse con "trascendencia". Y servir, por cierto, no rebaja.
     El presidente boliviano se refirió sin rodeos a la corrupción y al sectarismo -que, dicho sea de paso, no viene de quienes no le regatean apoyo a los frentes amplios. ¿Contra qué enfiló Evo Morales? Contra las "ansias de poder" -como las llamó- de muchos políticos. La izquierda no es nada más discurso: también es conducta.
     En cambio, el presidente venezolano Nicolás Maduro está en otra cosa, el beneficio de la "renta Chávez". Según Maduro, "Cristo redentor se hizo carne, se hizo nervio, se hizo verdad en Chávez". Por si fuera poco, Chávez también fue algo así como un don Miguel Ruiz de la causa: "un guerrero (sic) de la justicia y la igualdad". ¿De qué se trata? De gozar de la "renta Chávez" para exigir tributo. Esta interminable oratoria sí es populista y no tiene por referencia la vocación de servicio. Como decía Lenin, "más vale poco y bueno", aunque Humala, Correa o Morales no sean nunca los favoritos de ese Gran Concurso del Discurso que es el oficialismo cubano, siempre a la búsqueda de fieles, no de ciudadanos.