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sábado, 17 de agosto de 2013

MEXICO: UNA IZQUIERDA AL GARETE

A la izquierda mexicana no se le ve por ahora un buen futuro, y tal vez lo mejor que puede hacer es pensar en un frente más amplio que la incluya, pero con límites al protagonismo que buscan algunos. Ser de izquierda no es estar automáticamente por encima de los demás, ni siquiera cuando se tiene autoridad moral, si es el caso. Tampoco es servirse de la autoridad moral real de un líder -utilizándolo- para ponerse un precio superior con motivo de que la causa a pagar es La justa.
     La última campaña presidencial en México desgastó al candidato Andrés Manuel López Obrador, quien terminó pareciéndose un poco -nomás tantito- al "mesías tropical" que retratara Enrique Krauze.
     Salvo excepciones (las hay, como la de la ambientalista Claudia Sheinbaum), la izquierda que sigue a López Obrador no tiene ninguna idea de nada, ni piensa tenerla. Los seguidores del político tabasqueño nunca le hicieron caso, salvo para idolatrarlo: no divulgaron un programa de gobierno que tenía puntos interesantes (en materia de infraestructura, por ejemplo, o de reforestación), ni le pusieron la mínima atención al nacido en Macuspana cuando habló de regeneración nacional. A muchos seguidores de López Obrador, el civismo ni les va ni les viene, mientras tengan lo suyo -así lo demuestra el descontento con el modo de elegir representantes en MORENA (Movimiento de Regeneración Nacional).
     En el gabinete que propuso López Obrador terminó rodeado por amigos, antes que por gente de mérito o representativa de fuerzas sociales: de lo peorcito fue el otorgamiento de poder a la dama que confunde desarrollo social con caridad en los plantones, a la escritora que luego le echó en cara al tabasqueño ser necio e incapaz de escuchar, al ex rector de la feria de las vanidades y al deportista de la ciencia y la tecnología, por no decir que al chinito de la suerte en las relaciones exteriores y al infaltable "inge" de la dinastía Dedo, inaugurada en 1934. Si el asunto es de cuatismo, el Partido Revolucionario Institucional sí sabe como hacerlo (y dicho sea de paso, Rosario Robles, Sylvana Beltrones o Claudia Ruiz Massieu están de mucho mejor ver que el esperpento cardenista histriónico que le jugó a Esther Orozco en la UACM, la Universidad Autónoma de la Ciudad de México).
     Sin ideas, metido al cuatismo, rodeado de hippies al estilo Coyoacán y coronelas de Acoxpa que le adulteraron la "República Amorosa", López Obrador no logró salir del activismo ni pasar a la organización que tampoco es el fuerte de MORENA, pese a que lo quería el muy sensato Enrique González Pedrero. Vamos: si se trata de movilizar a las masas y pedirles que tengan fe, el PRI sabe hacerlo mucho mejor y dispone de medios más eficaces, desde el vale de "des-piensa" hasta Televisa. En esa izquierda no se entiende el juarismo: si se entendiera, López Obrador no se hubiera asomado jamás al cerro del Cubilete, ni se hubiera puesto -él- a destilar amor.
     Dos políticos cayeron redondos en la provocación de los niños bien 132 (además del intelectual que habla al elegante y muy fino ritmo del "¿qué pedo, compañeros?"): Peña Nieto se asustó y López Obrador, peor, les hizo caso.
     Por ahora, si el asunto es comportarse como el PRI (amiguismo, utilización de masas para maniobrar, peticiones de fe y ni una idea, salvo el ingenio para seguir con poder), más vale el PRI.
     Y de que se parecen, se parecen: el PRI y los muy clientelistas de MORENA comparten hoy una muy decidida hostilidad contra cualquier potencial candidato que, siendo independiente de criterio, esté dispuesto a trabajar y a premiar el mérito, en vez de repartir cuotas de poder y gratificaciones a la adulación, esa que también es  conocida como "caravana".
    ¿Sobrevivirá el tabasqueño a sus amigos?¿O puede sobrevivir sin ellos pero con la honestidad valiente que le queda del 2006 (en la defensa del petróleo, aunque sin ideas)?¿Quién es el señor López o, más bien, quiénes los que lo adulan y lo marean haciéndola de incondicionales?