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domingo, 3 de enero de 2016

EL EMIR DEL SABER ES UN "INDIGNADO"

El Ur-fascismo no es un fenómeno de izquierda, contra lo que ha insinuado más de un blog en Internet. Sin embargo, cuando Umberto Eco dice que lo propio del "fascismo eterno" es algo que podríamos llamar "odio a la cultura" y culto a "la acción por la acción", hay que tomar nota de lo que escriben virulentamente algunos amiguetes de la Revolución Cubana. Cabe hacer notar que, en sus hábitos retóricos, estos amiguetes no brindan ningún servicio de nada: no informan ni analizan, sino que toman la pluma (o teclean) para descalificar.
      El Emir del Saber ha ido demasiado lejos en este estilo. Este Emir sintetiza los vicios de quienes, viviendo del presupuesto universitario (como la Universidad del Estado de Río de Janeiro, después de haber pasado por la Universidad de Sao Paulo, la Universidad Estatal de Campinas y el Centro de Estudios Socio Económicos de la Universidad de Chile), recogen el clásico insulto del intelectual "luchador social" al académico: se supone que el primero está en la acción, mientras que el segundo está en la contemplación. Tal vez el Emir no recuerde que el señorito español-peruano Mario Vargas Llosa también "hizo acción". En todo caso, Eco decía que el Ur-fascismo cree que pensar es una forma de castración, a diferencia de la acción por la acción, sobre todo que "el espíritu crítico opera distinciones y distinguir es señal de modernidad". Para el Ur-fascismo, agregaba Eco, "el desacuerdo es una forma de traición".
       ¿También en Cuba (por ejemplo en el portal de Cubadebate) van a reproducir lo siguiente? Para el Emir del Saber, ex presidente de la Asociación Latinoamericana de Sociología (ALAS), ex secretario ejecutivo de Claxon y típico miembro de New Left Review, es necesario criticar así a la ultraizquierda:  "no por acaso sus defensores son intelectuales, que hablan desde sus cátedras académicas sin ningún arraigo en las fuerzas sociales, políticas y culturales reales". Dejemos de lado otra descalificación, la de "aliados de la derecha", por ejemplo, contra los críticos del extractivismo o del neodesarrollismo, debates que no le interesan en lo más mínimo al Emir (está más preocupado en hacerle clientela a "Evo", de tal forma que en lugar de formar cuadros se reelija eternamente). La centralidad de las luchas contemporáneas, dice este señor,  es la forma que asume la lucha antineoliberal, "relegando otras posiciones a los libros y las cátedras académicas".
      Lo que llega a hartar no son las posiciones de quien, desde un país no ajeno a dictaduras en el pasado (algunas del Cono Sur quemaban libros y acotaban la crítica en las universidades), parece detestar señorialmente cualquier discrepancia  (después de todo, Cuba ha sido también la acción por la acción, muchas veces con deplorables resultados que nunca han sido parte de un balance, salvo excepciones). Lo que harta es que, queriendo comprarse voluntades, sean la misma Cuba o las mismas universidades latinoamericanas, con frecuencia públicas, las que den cabida a quienes, desde "la acción por la acción", descalifican los libros, las cátedras académicas y cualquier pensamiento y/o debate como si fuera muestra de ocio o efectivamente prueba de "castración". !Es exactamente lo que cree la derecha privatizadora, Emir cretino! Estos supuestos "luchadores sociales" -Quijotes sin mancha- han hecho de las universidades públicas latinoamericanas lugares de activismo que no tiene que ver con la academia, con el estudio ni por ende con la educación ni la cultura: no les interesa, les interesa el poder, incluido el universitario. Ellos son -como el señor Gentil que involucra en Claxon al oportunista Lula o al demagogo Pepe  Mujica- los culpables, junto a los privatizadores de hoy y a personas como el esperpento cardenista Sosa Cáustica, de que por no responder a sus funciones sustanciales las universidades no formen ni tengan continuidad en sus tareas, cuando no hay incluso engaño al estudiante convertido por estos señoritos en megalómano peligroso para sí mismo. Después de todo, odiando los libros y las cátedras, estos universitarios viven de las universidades para reclutar adeptos y difundir una sola creencia (porque, contra lo que dice el Emir, la izquierda antineoliberal latinoamericana y europea no está en su mejor momento): en esta vida no cuentan la educación, la cultura, el civismo y la ética (ni siquiera fuera de la universidad), lo que cuenta es tener "el" poder. Donde sea, dentro y fuera de la universidad, y sobre todo dentro, a juzgar por los varios cargos del Emir.