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viernes, 1 de enero de 2016

SOCIALISMO: ¿AQUI ES DONDE ES GRATIS?

Después de muy pocas décadas de Estado de Bienestar jruschoviano-brezhneviano (que incluyeron el fracaso de las reformas de Evsei Lieberman en los años '60, cuando se buscó cierta iniciativa de mercado), el soviético promedio llegó a la conclusión de que todo corría "a cuenta del Estado" (algo así como "la casa paga") y de modo gratuito o a precio de ganga. Llegada la apertura con la perestroika, ese mismo soviético promedio creyó que se necesitaban "las libertades", es decir, que junto con tener todo gratis era además deseable hacer lo que le viniera en gana (después de todo, si Gérard Dépardieu se puede mear en el pasillo de un avión, un ruso también debe "podérselas"..). Al hecho de "hacer lo que dé la gana" sin pagar por ello ("que pague el Estado", es decir, con cargo a la cuenta de "nadie") se le puede llamar, en el mejor de los casos, irresponsabilidad. Es muy distinto del famoso "paga y haz lo que quieras". Los turistas rusos tienen curiosamente la fama de ser de los peores del mundo, junto con los estadounidenses.
     En los '90,  el ser ex soviético descubrió el negocio. Adquirió casi gratis o a precio de ganga -desvalorizado- lo que quedaba de un Estado en ruinas para revender las "piezas" a precio de oro en Occidente (el magnate Mijaíl Jodorkovski, por ejemplo, andaba en este tipo de negocios con el petróleo ruso). El ex soviético promedio buscó colarse al capitalismo occidental ingeniosamente, digamos que un poco "de gorrón": haciendo ganancia al revender lo adquirido en el país natal a precio de nada (incluyendo ámbar, insignias militares, símbolos de la hoz y el martillo, chalinas, juegos de ajedrez, shapkas, playeras/camisetas con logos soviéticos, musiquita del drogadicto Vladimir Vyssotski, etcétera). Otros fueron más lejos o hicieron en todo caso con lo que tenían al alcance: simbólicamente hablando, vendieron a su madre, su patria, su memoria, su Historia, sus victorias, sus héroes, sus ideas, exactamente como los demás hacían "economía de bazar"; hoy te vendo la "idea" de que todo en el socialismo era una porquería, y con lo que me gane-me pagues me compro un lugar en la nueva sociedad, con peroratas sobre el Gulag "donde dicen que desapareció mi bisabuelito sin que nadie supiera nada ni lo que había hecho". Antes no había soviético que no tuviera un muerto en la Gran Guerra Patria; hoy todos tienen "un bisabuelito que desapareció un buen día sin que nadie supiera nada ni lo que había hecho". Aquí ya no hay más que actos de compra-venta en el plano simbólico en vez de argumentos o pruebas. Pongámoslo de otro modo: la Federación Rusa está más extraviada ideológicamente que Caperucita en el bosque porque vendieron alegremente casi todos los cartuchos de ideas -no de ideales, no es lo mismo- sin disparar ni uno. No es rendición ni capitulación: simplemente se creyeron que con un acto mercantil cualquiera, yo te vendo-tu me compras (conciencia incluida) se resuelve todo sin pagar las consecuencias. Dicho sea de paso, la izquierda europea tipo "El dipló" o la latinoamericana creyeron que la venta de la Unión Soviética saldría gratis (sin ningún costo o consecuencia negativa) o hasta con ganancia ("por fin tomaremos el poder sin que nos acusen de comunistas"). Lo único que pueden articular ahora es "otro mundo es posible" o "el derecho a la felicidad", lemas que por alguna razón suenan como a efecto de una dosis personal de mariguana legalizada.
       Occidente también se creyó que no habría consecuencia ninguna, al menos no para el winner (este nunca paga costos), aunque sí lugar para pasarle todo el costo de una monumental crisis económica y social al loser. El Estado de Bienestar capitalista, ya se sabe, privatiza la ganancia y reparte/socializa generosamente pérdidas que no asume, lo que es tanto como no asumir las consecuencias de nada y llamarle a éso "las libertades" (el ingenioso ex soviético lo entendió muy bien). Para el que sabe "cómo hacerla" (la ganancia), la recompensa (como en 2008) debería ser evitarle cualquier costo, vía subsidio del Estado. El resultado es un mundo de mercado donde, curiosamente, abundan quienes creen que lo máximo posible debe ser gratis y sin consecuencias. Para tranquilidad de todos, a ésto se le llama irresponsabilidad generalizada. Vamos bien, aunque no sepamos ni a dónde.