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martes, 8 de marzo de 2016

A TRUMPADAS ( y IV)

Hitlary Clinton abraza todas las cusas progresistas, empezando por la defensa de los niños y de las mujeres. Además, desde luego, defiende por doquier los derechos humanos y como es "liberal" en el mal sentido, es decir, open minded, llegará hasta la defensa de las Pussy Riot en Rusia (lo que Diana Johnstone llama en Queen of Chaos las libertades de todas las formas de exhibicionismo sexual) y el movimiento LGBT (Lésbico Gay Bisexual Transgénero) dondequiera que se encuentre. La señora "de Clinton" ha recogido las banderas de la sociedad civil, por lo que en 2011 reunió a 50 embajadores estadounidenses en un Diálogo Estratégico sobre la Sociedad Civil, seguramente para instruirlos en la promoción de la sociedad civil, en otros países, claro está, no en Estados Unidos. El arsenal para intervenir en los asuntos de otros países, como se puede ver, es bastante grande e integra el favorito "poder inteligente" (smart power) de Hitlary (es una versión del "poder blando" de Nye, más el derecho a bombardear).
      Mientras algunos creen que hay que "recuperar" la grandeza de Estados Unidos, Hitlary la cree en su esplendor, por lo que no para de insistir en "nuestros valores" (our values) y "nuestros intereses" (our interests), sin que quede muy claro si Hitlary entiende de qué habla, salvo del excepcionalismo estadounidense y de negocios.
      De negocios, sí: ya que la lista de donadores de la Fundación Clinton incluye a Arabia Saudita, al oligarca ucraniano Viktor Pinchuk (sí, los Clinton tienen también las manos metidas en Ucrania), Kuwait, Exxon Mobil, Qatar, Boeing, los "Amigos de Arabia Saudita", Dow, Goldman Sachs, Monsanto, Chevron, Citigroup, Bank of America, Walmart, la Open Society de Soros y los Emiratos Arabes Unidos, entre otros "patrocinadores" que son obviamente parte del mundo de los grandes ricachones, especuladores y parte a veces del complejo militar-industrial. Hitlary combina así las causas más progresistas, algunas rayanas en el izquierdismo "infantil" (dicho sea de paso, Johnstone sostiene que Hitlary no entiende del mandatario ruso, Vladimir Putin, más de lo que podría entender un psicoanalista amateur), los "valores", con los intereses de los ricos, los que cuentan, ("nuestros intereses"). Las causas dizque "más nobles" están así al servicio de los intereses de lo que, no siendo fascismo, sí es imperialismo, en el que el 99 % está llamado a correr feliz y recogiendo migajas detrás del 1 %, que es en lo que consiste la propuesta demócrata. No es nuevo que las grandes potencias imperialistas, amantes de la guerra, griten con supuesta alarma contra el "peligro fascista", como acostumbran pegar de alaridos contra todo lo ruso.