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viernes, 18 de marzo de 2016

¿NAZIS?: COCO CHANEL NUMBER ZWEI

Para quienes gustan de la perfumería y del cine francés que retrata a supuestas divas en males de amores o viendo la vida en rosa, Coco Chanel supo arreglárselas. Durante la Segunda Guerra Mundial, este bello personaje fue espía alemana de la Abwher. Asociada en el origen con el judío Pierre Wertheimer, no quedía ceder su 10 % de Chanel Parfums, !así que resultaba mejor ceder a Wertheimer! (al final, los socios judíos de "Coco" se tuvieron que exiliar en Estados Unidos). Las misiones las realizó Gabrielle Bonheur (sic) Chanel en Madrid y Berlín -la empresa de perfumería había cerrado- con su amante alemán Hans Gunter von Dinklage y en relación con las SS (general Walter Schellenberg) al mando de Heinrich Himmler. "Coco" (alias "Westminster", F-7124) utilizó sus influencias para salvar a familiares (como un sobrino al que se le evitó el internamiento militar). No fue el único caso, si hasta colaboracionistas -normandos y dueños de negocios en ferrocarriles, por ejemplo- fueron salvados al término de la guerra por lazos familiares (incluso con comunistas indulgentes) para poder seguir intrigando, destruyéndolo así todo a su paso y hundiendo a Francia en la ignominia en la que la tienen hoy desde clases dirigentes hasta opositores lunáticos como Jean-Luc Mélenchon. "Coco" se largó a Suiza (Lausana) nueve años hasta que el asuntillo se "disipara". Había llegado tan lejos que hasta fue candidata a mediar con "Sir" Winston Churchill para llegar a un arreglo entre Alemania y Gran Bretaña, arreglo que los alemanes, al parecer, estuvieron buscando con insistencia.
     Cierta cercanía con Churchill probablemente salvó a "Coco" al final de la guerra. Como los negocios hacen que la gente tenga -como Albión- intereses, no amistades, Chanel siguió en las ganancias, pero con la familia judía Rothschild. Durante seis décadas y hasta la apertura de importantes archivos, la reina de la moda -quien murió en 1971- pudo esquivar las sospechas con la mejor cualidad de hoy, la perfidia, delatando ora a unos, ora a otros, según lo dictaran la conveniencia y el cálculo, seguramente aprendidos entre gente de negocios. El analista ucraniano Anatoly Wasserman ha escrito que no queda claro, cuando se habla de este tipo de andanzas, si es en perjuicio de la celebridad o en beneficio de quien supo atraérsela -digamos que para darle mejor olor y diseño a quienes hoy desfilan en algunas calles de Ucrania o de algunos países del Báltico sin que nadie alerte contra el resurgimiento de ningún fascismo (¿tan rico huele?).