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miércoles, 30 de marzo de 2016

OCCIDENTE: LAS LIBERTADES ( Y II)

En el modo de dar la noticia no queda claro el tipo de sentencia jurídica que hubo. Hannah Mary Hanes, de 22 años, fue sancionada en Estados Unidos (Georgia, condado de Cherokee) por mantener relaciones sexuales con su perro y por subir el video del acto a las redes. El animal era un Dachshund, perro salchicha. Alguien denunció el delito, pero las noticias no especifican cual, salvo que sea el de subir este tipo de videos a la red: ¿acoso sexual?¿violación?¿maltrato animal? Sería más fácil de especificar si en la actualidad hubiera una diferencia clara entre el trato humano y el animal -no está claro, por ejemplo, en ese video casi de "En mi lupanar de Pompeya" que escenifica Enrique Iglesias con Juan Magan y Yandel en Noche y Dia, cosa de poner a cualquier muchachita en plan de "de perdís con mi Fifí". Dicho sea de paso, algunas chicas estadounidenses son más atrevidas: hace poco, en el estado de Florida, Miranda Johns, de 21 años, fue arrestada por tener relaciones sexuales con dos perros, sin que quedara claro si la acusación que le cayó encima fue por infidelidad o por qué diablos. Brittany Angélique Sonnier, de 20 años, ya había tenido un problema similar con un can en Arizona, unos tres años atrás. Si uno escarba en la Web, he aquí otra noticia, por ejemplo, de junio del 2015: Ashley Miller, una adolescente estadounidense, "se toma selfies mientras tiene sexo con su perro" (un pit bull, como el cantante nacido en Miami de origen cubano). Hay un detalle que causa cierta desazón, considerando que en la Web hay foros femeninos donde se discute abiertamente de la conveniencia o no de tener sexo con perros: ¿se está penando el acto o su carácter "social", de exhibición, con lo que "se daña a terceros"?
      Es el argumento de las Juventudes Liberales suecas, que hace poco propusieron: la despenalización del incesto entre mayores de 15 años (desde hace algunos años el tema está sobre la mesa en Suiza y Alemania) y la necrofilia. Cecilia Johnsson, integrante de esas juventudes, arguyó en efecto que la repugnancia que puedan provocar estos actos no constituyen un argumento jurídico. Después de todo, como lo sostienen por lo demás nuestros mejores campus universitarios, "cada quien es dueño de su cuerpo" y, según Johnsson, cada quien debe ser libre de decidir a quien entregarse después de muerto ("cuando yo fallezca, quiero dejar asentado ante notario que solo mi Petronio fornique con mis huesitos").. De nueva cuenta, no hay "daño a terceros" y todo está en orden si hay consentimiento ("mientras tu pareja, viva o muerta, humana o animal, no considere que la estás dañando y no desapruebe tu conducta"...). Así como hay gente que dispone que después de muerta se donen sus órganos, otros quieren que sus restos vayan a museos o a experimentos científicos y, según Cecilia Johnsson,  "si lo que deseas es entregárselos a alguien para que duerma con ellos, está bien". Francamente, dado el estado de adelanto al que está llegando la Humanidad, cada quien debería poder escoger con quien acostarse después de muerto.