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martes, 22 de marzo de 2016

VENEZUELA: SERVICIO A DOMICILIO

A finales de febrero de 1989, Carlos Andrés Pérez (CAP), el ágil presidente socialdemócrata venezolano que entre telenovelas, canciones de El Puma y ganadoras de concursos Miss Universo encontró el modo de que el petróleo fuera destilado en whisky, decretó medidas de ajuste estructural que de un día para otro dejaban en la indefensión a los venezolanos pobres. Como éstos no son un dechado de virtudes, se lanzaron no nada más a protestar, sino también a saquear comercios, mientras la filmación televisiva parecía invitar a la población al tipo de fiesta que se estila en América Latina, que consiste en servirse sin haber recibido siquiera invitación a nada. CAP no tomó a bien que los de abajo hicieran de modo tan rudimentario y vulgar lo que los de arriba hacían durante años o décadas con "discreción" digna de la Zulianita, la inocente Lupita Ferrer. El asunto terminó en represión y con cerca de 300 muertos en "el Caracazo".
     Terminada la fase chavista, el actual mandatario venezolano, Nicolás Maduro, refractario a toda autocrítica y con una manifiesta lentitud de entendederas, no parece haber terminado de descubrir que esta República Bolivariana al fin se democratizó: no por los hábitos vandálicos de la oposición (a la que a contrapelo de una larga tradición diplomática recibió la cancillería mexicana, por cierto), sino porque el saqueo, además de accesible a los de abajo como a los de arriba, ahora puede hacerse desde la comodidad del hogar, sin arriesgarse a caer abatido de un plomazo y con el televisor encima en plena calle. Según Oscar Javier Forero (Alainet), lo que en los últimos años se creó en el venezolano "es la falsa imagen de que el sistema socialista consistía en que cada familia tuviera dos y tres neveras, cinco televisores de última tecnología, dos lavadoras, calentadoras, aires acondicionados, carros, becas, viajes subsidiados al exterior, tablets, tarjetas de crédito, teléfonos casi regalados y otros muchos beneficios alcanzados 'sólo en socialismo'". Se creó así un estado pasivo de falso confort, en palabras del autor citado, con el agravante de que el venezolano se acostumbró a creer poder obtener todo lo anterior sin tener que saquear un comercio de Caracas ni arriesgarse a un plomazo. De repente, la gente creyó, para seguir de nuevo a Forero, que el "socialismo entra por los bolsillos". Lo mismo creyeron muchos dirigentes que se fueron a hacer, digamos, su "socialismo aparte" -sin salir a arriesgar en la calle, tampoco- enriqueciéndose a lo grande a costa del Estado, pactando, entregándose a complacientes propuestas de grupos empresariales tradicionales y de reciente data y a la invitación a la "salta talanquera" de derecha. ¿Ha sancionado Maduro a los bandidos que se han hecho multimillonarios a costa del sacrificio de los venezolanos que creyeron? Por lo demás: ¿la inseguridad en Caracas es ajena a este anhelo de participar activa y militantemente en este keynesianismo tropical en el cual, como en Argentina y en Brasil, dos bandos de negociantes se pelean negocios y masas?
     La pregunta de Forero es clave: ¿en qué momento perdimos la ética sin darnos cuenta? Sería oportuno preguntarles a los muchos que siguen sin darse cuenta. Hasta podría descubrirse que no se les ha perdido nada y siguen tan interesados como siempre en hacerse de un poder -hasta el de la verborrea en la incondicionalidad al "proceso"- que vuelva ciertas preguntas irrelevantes o propias de imbéciles "idealistas"..