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miércoles, 30 de marzo de 2016

MEXICO: ¿UNA VERSION DE UN ESTADO LIBRE ASOCIADO?

Muchos mexicanos, gobernados por una telecracia, consideran que todavía no es suficiente el grado de "norteamericanización" de México. Por este mismo motivo, no reaccionan y difícilmente reaccionarán ante algunas rarezas de la política oficial, si bien esta ha cambiado en el sexenio actual.
     Una de las rarezas es que la reforma energética que liquidó en la forma -ya venía sucediendo en los hechos- la soberanía energética mexicana, un orgullo nacional con la empresa Petróleos Mexicanos (Pemex), fue elaborada por la hoy ex secretaria de Estado estadounidense, Hitlary Clinton, en Estados Unidos, si es correcta la información de correos desclasificados de la señora. Puede pensarse que Hitlary lo hizo consciente de los intereses de su país, la "nación indispensable", y para obtener ganancias. Es posible pensar también que una parte de la alta sociedad mexicana, política y/o empresarial, también piense en llevarse lo suyo.
      Algunas rarezas prosiguen cuando, a contrapelo del espíritu del artículo 29 constitucional, que regula el problema de la eventualidad del "estado de excepción" en México (México no ha tenido golpes de Estado en casi un siglo, a diferencia de TODA América Latina, y el año entrante se cumplirá un siglo de la Constitución de 1917), la Comisión de Gobernación de la Cámara de Diputados aprueba un dictamen extraño sobre este artículo 29. El artículo 29 ya contemplaba la posibilidad de un estado de excepción en caso de "perturbación grave de la paz pública o de cualquier otro que ponga en grave peligro o conflicto a la sociedad".
       La rareza no está aquí, sino en la "suspensión temporal de derechos" (manifestación, asociación, libertad de expresión y, nótese bien, patrimoniales, de crédito y de autor) en casos !"de crisis económicas que por su gravedad puedan generar alteraciones del orden público"!.
       Desde  1952, Puerto Rico tiene un estatuto (Estado Libre Asociado) que consiste en que, nótese bien otra vez, pertenece a, pero no forma parte de Estados Unidos. ¿El resultado? Por las pésimas políticas económicas conducidas en gran medida desde Estados Unidos (la isla fue convertida en un país maquilador y luego endeudado hasta el cogote), Puerto Rico está hoy en la insolvencia, solo que, como "pertenece a" Estados Unidos, no puede decidir políticas económicas soberanas (monetarias, pongamos por caso); al mismo tiempo, como "no forma parte de" Estados Unidos, Puerto Rico no puede acogerse a la ley de quiebras que rige para los estados de la Unión Americana ni recibir subsidios por ese motivo. Hasta cierto punto, puede pensarse que el TLCAN opera de manera similar: es poco lo que México puede decidir en materia económica (sin contar con los desaciertos en política exterior en el acercamiento al actual gobierno argentino o en el recibimiento a una opositora venezolana), ya que por lo visto tiene más peso la Hitlary, y al mismo tiempo no es mucho lo que en caso de dificultad se puede esperar de Washington, por lo que no quedaría más que callarse: la "enchilada completa" no llegará.
     Esta situación es perfectamente lógica para una gran potencia que quiere la ganancia para sí, pero que en caso de problemas no absorberá mayores pérdidas (nadie quiere costos para sí, mucho menos un negociante). Lo que gran parte de la sociedad mexicana -y tal vez incluso de quienes gobiernan- no entienden es lo mismo que se debate en Puerto Rico, excluyendo en todo momento la independencia (en México no la desea ni en pensamiento el candidote que se declara seguidor de Benito Juárez e invita a imitar a Franklin D. Roosevelt, así de tranquilo y de why not?): ¿cómo es posible que "perteneciendo a" no seamos "parte de"? Sencillo, porque ella, la potencia, nos quiere para sí, no para comprometerse con nosotros: quiere pasar el rato y hacer negocios con placer, no una boda por la Iglesia en las Vizcainas - los acuerdos de libre comercio todavía no se firman en los conventos- como se la imaginan muchos mexicanos. Dicho sea de paso, esta incomprensión está en parte de la izquierda infantil que idolatra a un intelectual fifty-fifty  que en realidad empuja a "ser parte de", al mismo ritmo que la derecha de Acción Nacional (cuyos representantes entendieron muy bien el sentido geopolítico global de un eventual estado de excepción en México), en cuyas manos ciertas leyes modificadas serían un peligro al correr el riesgo de provocar lo que pretenderían supuestamente evitar, años de caos "controlado" y destrucción  que ya estuvieron latentes durante los cuatro sexenios previos al actual. En fin, que mejor no pensar demasiado en el tema, ya que está más atractiva La vida loca, de Ricky Martin.