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sábado, 17 de septiembre de 2016

ESTADOS UNIDOS: HAY QUE SEGUIRLE

Gran parte de la población estadounidense no entiende por cuenta propia el sentido de lo que hace. Por sentido suele entenderse la "razón de ser" de algo, y la única que tienen muchos estadounidenses -como quienes los siguen- está en sentirse superiores, en gran parte porque así se les hace sentir.
      42 millones de estadounidenses adultos no saben leer y otros 50 millones no pasan de capacidades de lectura de cuarto o quinto grado. Estamos hablando de 90 millones de personas que no están capacitadas para entender el sentido de lo que hacen. 80 % de las familias estadounidenses no abrió un libro el año pasado. Y cada año se suman 2 millones de iletrados a la lista. El resultado está en lo que describe Chris Hedges en The 4th media: estadounidenses que van a restaurantes de comida rápida porque no hay que leer el menú, sino fijarse en alguna figura (imagen) para ordenar, y cajeros y otros empleados que trabajan en el mismo tipo de lugar porque lo único que se necesita es reconocer un "ícono" (otra vez, figura, imagen) para apretar.
       Chris Hedges ha hecho notar que una población así no puede distinguir lo que es verdad de lo que es mentira. Está informada por "narrativas" infantiles, clichés y otras tonterías que no requieren habilidades cognitivas o auto-críticas. Simplemente, Estados Unidos es un país de descerebrados. "Confundimos cómo nos sentimos con conocimiento", arguye Hedges. Lo que cuenta en una historia no es la realidad, el contenido, sino el estilo y el cuento. Ese es el electorado estadounidense. Vive de humores, emociones e impulsos, de manipulaciones mediáticas que crean un estado de éxtasis que requiere la anulación de la individualidad y de la mente.
        "En una era de imágenes y entretenimiento, en una era de gratificación emocional instantánea, no buscamos honestidad, sino indulgencia con clichés, estereotipos y narrativas míticas que nos dicen que podemos ser lo que queramos ser, que vivimos en el mejor país de la Tierra, que tenemos cualidades morales y físicas superiores y que nuestro futuro glorioso está predestinado". La escritora Lionel Shriver ha mostrado en Todo ésto para qué el costo de hacerse preguntas en un mundo feliz como el estadounidense, o el de tener un deseo genuino, por pequeño que sea: todo el mundo ahoga el intento por desear o por reflexionar -o ambos-. Fuera de "seguirle" porque "hay que seguirle", en el supuesto de que Estados Unidos tiene todo el poder y toda la riqueza del mundo, no hay una razón de ser realmente argumentada, y como dice Hedges, no parece que los estadounidenses -que encuentran siempre quien sea indulgente con ellos, a cambio de algo -quieran saber de otra cosa que no sean fantasías, que aún siendo mentiras infantiles parecen "verdades incuestionables" por encontrarse magnificadas y repetidas una y otra vez. Por si fuera poco,  los estadounidenses, según Hedges, están predispuestos a imponer esta irrealidad entre aquéllos que no hablan como ellos hablan y no piensan como ellos piensan. Algo anda mal, según Hedges, cuando se penaliza la habilidad de pensar por cuenta propia, sacar conclusiones independientes y estar en desacuerdo porque así lo sugieren el juicio y el sentido común. Un país que no lo admite se muere, considera Hedges. Con el agravante de que el desacuerdo es rápidamente callado y simplemente no es posible hablar.