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martes, 6 de septiembre de 2016

FIN DE FIESTA

                                                                  Hago de cuenta
                                                                  Que fue un remate de feria
                                                                  O de carnaval
                                                                  Porque no hay fiesta
                                                                  Sin un alegre principio
                                                                  Y triste final
                                                                  "El desquite", Laberinto

Los "desarrollistas" o "progresistas" no terminaron su supuesto ciclo con un análisis que pudiera incluir algo de autocrítica. Todo fue "golpe del imperio". No faltó quien se lanzara contra el idioma llamado "izquierdolés" de Eduardo Gudynas, algo inmerecido, porque en Gudynas había análisis, aunque fueran debatibles, y no la retórica que en cambio fue utilizada para descalificarlo. Por su parte, el infantilismo de izquierda, encarnado por un representante de los peores hábitos del oficinista montevideano, Raúl Zibechi, decidió -sin que se niegue aquí el mérito de luchas "puntuales" que el mismo Zibechi se ha empeñado en dar a conocer- emprenderla hace algún tiempo contra el comunismo en nombre del tercermundismo, algo que el ex marine Immanuel Wallerstein supo capitalizar. Se trataba de arreciar contra el eurocentrismo -con textos sin ningún valor conceptual ni factual, como la diatriba de Aimé Césaire intitulada "Discurso sobre el colonialismo" o incluso como "Los condenados de la tierra", de Frantz Fanon. El trabajo, da igual si involuntario, logró dividir: 1) a los soviéticos de todos los demás, 2) a los trabajadores del Tercer Mundo (incluidos los chinos) y del Primer Mundo, por ejemplo con la "Carta a Maurice Thorez" del mismo Césaire. Luego de la pausa chavista, cuando América Latina volvió a estar a la vanguardia de todo, superando los errores de todos, hubo que agregar un poco más: 3) el infantilismo al estilo de Alberto Acosta en el Ecuador o del mismo Zibechi, aparentemente dedicados a calcar la agenda estadounidense sobre las "minorías", contribuyó -sin rescate de ninguna tradición intelectual previa- a resquebrajar aún más a la izquierda, mientras la "oficial" terminó refugiada en odas a Fidel o cánticos a Daniel Ortega (el marido de Rosario Murillo). En síntesis: lo que parecía comenzar como un "sano anticomunismo" terminó en un llamativo madrearse de todos contra todos (ya hemos señalado que Heinz Dieterich tildó de "pendejadas" al "socialismo del buen vivir" ecuatoriano y al "socialismo comunitario" boliviano, tal vez porque no consideraron al "socialismo del siglo XXI" que acabó en quimera de la rosa de Peters).
        En vez de análisis, madrazos, como en cualquier final de fiesta latinoamericano que se respete. Y en vez de análisis, la misma historia que en el derrumbe de la Unión Soviética: "la victoria tiene cien padres y la derrota es huérfana", es la frase que se le atribuye a John F. Kennedy. Yo no fui, fue el progresismo. Yo no fui, fue el infantilismo. Yo no fui, fueron los del sumak kawsay o los amigos de García Linera, Hardt y Negri. !No, fue Funes con sus lujos, dijo "muy modesto" el "flamígero" Medardo González!
         ¿La fiesta es lo nuestro, verdad? También el día del derrumbe.
         Burp. !Hip! Cántenos algo, maestro Cueva.