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sábado, 17 de septiembre de 2016

FRANCIA: CUANDO TAMPOCO SE NECESITA LA EDUCACION

La educación se necesita para llenar estadísticas gestionándola. El contenido no parece importar mucho. En Francia, las reformas escolares han ido relegando la enseñanza del idioma a tal punto que ya existen profesores que dan clase sin conocer la lengua y hablando con los alumnos como un gran hermano de barrio.
       Los medios de comunicación masiva franceses pueden ver ya por ejemplo a una novelista que se presenta en France 5 para señalar que "ellos creven que...", en lugar de ellos "creen que..." ("ils croivent"). En Internet abundan las faltas de ortografía más groseras. Mientras se deterioran el idioma y la enseñanza, el Ministerio de Educación Nacional no consigue reclutar los profesores necesarios y con la calidad requerida. Los jóvenes ya no están interesados en el oficio educativo. El resultado es el reclutamiento de gente con bajas calificaciones, inferiores al promedio requerido. El círculo es vicioso porque la mala enseñanza agrava los handicaps de los medios más desfavorecidos socialmente.
       El presidente Francois Hollande había prometido reclutar 60 mil nuevos enseñantes, pero se han creado 47 mil puestos. ¿Y con qué criterios? El tiempo de profesores sobrecargados es cada vez menor para dar una atención personalizada a los alumnos. Los profesores que pueden se van a enseñar en barrios privilegiados. De todos modos, con las tecnologías de la información y la comunicación, tecnócratas llenos de tics consideran que se necesita técnica, reduciendo la enseñanza a la adquisición de "habilidades técnicas", y de ninguna manera humanismo ni conocimiento de la sociedad, ni se diga "crítico". Esta tecnocracia hace lo que todo el mundo, según lo muestra el destino de una profesora de filosofía en el filme  "El porvenir" (L'avenir): cada quien, seguramente creyendo en la legitimidad de "sus intereses", jala para sí sin aportar nada, en el más crudo egoísmo (así se conserven las buenas maneras y un estado de deep peace), creyendo normal que otros se desvivan por los demás y dejando finalmente a quienes lo hacen colgados de la brocha. La tecnocracia no sirve a la educación: se sirve de ella, manoseándola, para justificar puestos de gestión ante instancias más altas. Así como se vive sin república, sin civismo y sin ética, también puede llegar la creencia de que se puede vivir "al natural" sin educación y apenas con unas cuantas habilidades técnicas.